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Quórum 12 Quórum

Democracia y seguridad en un mundo globalizado y de riesgos

por Klaus Bodemer
Quórum nº 12, otoño 2005

Número de páginas: 6
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3. Los partidos políticos, en diversos países de América Latina y el Caribe, carecen de vínculos efectivos con las bases el ectorales y, por lo general, son poco más que vehículos para impugnar el ecciones y distribuir prebendas y rentas. Raras veces ofrecen programas coherentes y su el en ser manipulados para estar al servicio de las ambiciones personales de sus dirigentes. (Hakim, Lowenthal 1996, pp.303).
4. La democracia en América Latina no cuenta con una participación ciudadana sostenida. Aunque la transición a gobiernos el ectoralmente democráticos y liberales estimuló el surgimiento y crecimiento de organizaciones voluntarias, la mayoría de las naciones de la región carece aún de un conjunto vigoroso de instituciones no gubernamentales, a través de las cuales se puedan expresar, mediar y someter o no a la consideración de las autoridades, de manera congruente con las demandas de la gente común. Los actores sociales "clásicos" -sindicatos, grupos empresariales, organizaciones profesionales y asociaciones cívicas- siguen siendo débiles y fragmentarias y tienen una base demasiado estrecha para desempeñar pap el es políticos efectivos. La prensa representa sólo una gama limitada de opiniones y es, en muchos casos, económicamente dependiente de fuentes de financiación d el gran capital financiero. En general, no es un freno eficaz ante la corrupción o el abuso de poder.
5. Después de casi dos décadas de experiencias post-autoritarias los expertos y los ciudadanos comunes se preguntan si los actores e instituciones, con estas características, están en condiciones de enfrentar, de manera efectiva, los desafíos de la globalización y de las sociedades de riesgo, sin perder la confianza de su el ectorado. Y se plantean si los políticos pueden explotar, de manera convincente y orientados hacia el bien común, el margen de gestión restringido que les queda.
6. El fracaso ante este desafío de en gran parte de las élites políticas se refleja con toda claridad en el comportamiento ciudadano. En muchos países de la región, el proceso democrático se ve amenazado porque los ciudadanos dejan de participar activamente en la vida política, debido a la desilusión, la apatía o a la sensación de que han sido excluidos o perjudicados injustamente. Muchos ciudadanos están hartos d el discurso de sus representantes que, desde la década de los 80 hasta hoy, les piden sacrificios, como consecuencias de los programas de ajuste, que serán compensados un incierto mañana. La sensación de que cada vez les queda menos dinero en el bolsillo y de que su situación económica ha empeorado desde los años de la transición democrática, se agrega el comportamiento de una gran parte de la élite política, caracterizada por la corrupción, las prácticas clientelares y el mal manejo de los fondos públicos. La creciente desconfianza en la política se manifiesta en el hecho de que, en muchos países, se vote a favor de políticos recién llegados, con recetas de corte populista refleja, la poca estima por los dirigentes democráticos establecidos, la frustración por los magros resultados de la ingeniería política y la decepción por el continuo deterioro económico y social, en un mundo cada vez más inseguro y menos calculable.
Cada una de estas amenazas o impedimentos a la profundización democrática en América Latina, han sido enormemente exacerbadas por la crisis económica y la deuda social acumulada. Las cifras, al respecto, son bien conocidas y no es necesario repetirlas aquí. El modesto crecimiento económico a lo largo de las últimas dos décadas, la brecha creciente entre ricos y pobres y la casi desaparición de la clase media - el caso más espectacular es el de Argentina- han erosionado, cada vez más, la cohesión social con el riesgo de que también el proceso democrático y la estabilidad política estén en p el igro. Una señal de alarma es la decreciente valoración d el sistema democrático y el hecho de que el porcentaje de población que prefiere un gobierno autoritario, si es capaz solucionar los problemas económicos pendientes (Latinobarómetro 2004; UNDP 2004), está aparentemente en aumento.
¿Qué tiene todo eso que ver con el tema de la seguridad / inseguridad? La sensación y la realidad de la inseguridad, crecientemente difundida en los países de América Latina y d el Caribe, no tiene su base -en eso existe un consenso amplio-, como en las décadas anteriores, en conflictos clásicos: guerras interestatales, fronterizas (con la excepción d el conflicto armado entre Perú y Ecuador en 1996 y las turbulencias fronterizas recientes entre Colombia y Venezu el a) o civiles (con la excepción de Colombia), sino en los fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales de la vida cotidiana, discutidos, desde la primera mitad de los años ´90, en el ámbito político y científico, bajo el lema de la " seguridad humana ".
6. DE LA SAEGURIDAD TRADICIONAL A LA SEGURIDAD HUMANA. OPORTUNIDADES Y RIESGOS
6.1 La nueva conceptualización de la seguridad por el PNUD
Los múltiples y rápidos cambios acontecidos a niv el internacional durante la última década d el siglo pasado - el fin de la Guerra Fría y su lógica; la globalización y la entrada d el capitalismo en la época postfordista; los llamados "nuevos desafíos" de seguridad, como el tráfico de drogas, el crimen organizado transnacional, las migraciones masivas, los desastres naturales y sus diversas repercusiones; el genocidio y los crímenes de lesa humanidad; los abusos contra la infancia; la creciendo inseguridad pública, sobre todo en los grandes conglomerados poblacionales, y, finalmente, la expansión d el terrorismo internacional- han estimulado el debate científico y la fantasía política para encontrar respuestas teóricas y prácticas adecuadas. Este debate ha desembocado, entre otras cosas, en una nueva conceptualización de la seguridad que, más allá de su estricto sentido militar, engloba ahora el ementos económicos, sociales, tecnológicos e, incluso, ecológicos. Así, en los años 80 y, particularmente, en los 90, el debate sobre la seguridad internacional fue ampliado, con el fin de incorporar categorías innovadoras, como seguridad cooperativa (Acharya 2001), la seguridad societal, la seguridad global, la seguridad democrática y la seguridad humana. Este último término, que se impone cada vez más en el debate internacional, es un concepto multidimensional, amplio y polivalente, que ha provocado fuertes controversias sobre la noción de derecho de intervención humanitaria .
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su I nforme sobre Desarrollo Humano d el año 1993, fue el que, por primera vez, reenfocó el término " seguridad " desde los Estados hacia los seres humanos, en estor términos:
"The concept of security must change - from an exclusive stress on national security to a much greater stress on peoples security, from security through armaments to security through human dev el opment, from territorial security to food, employment and environment security" (PNUD 1993, pp.2).
Y el informe de 1994 concretó el concepto (PNUD 1994, pp.30), diferenciando entre dos aspectos fundamentales:
La seguridad humana tiene cuatro características:
• Un deseo universal;
• Una dependencia mutua entre los el ementos particulares de la seguridad humana;
• La prevención que una ingerencia ex post;
• Centrarse en el ser humano
El concepto de la seguridad humana parte básicamente de la convicción de que cada persona debería ser capaz de manejar su vida por sus propios esfuerzos y tener medios suficientes de subsistencia. No es un concepto defensivo, como, por ejemplo, la seguridad territorial o militar, sino un concepto integral y proactivo. (PNUD 1994 pp.29).
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