Frente a los déficits de legitimación y de representación están surgiendo -esa es la otra cara de la moneda- nuevas formas de participación política, articuladas por movimientos indígenas (como, por ejemplo, en Perú, Bolivia, Ecuador, Chile y Guatemala), de autoayuda y/o de protesta social (los piqueteros en Argentina, los "sin tierra" en Brasil). Este proceso es la expresión de una nueva articulación política directa, que algunos observadores califican como un nuevo empuje democrático. Por otra parte, estas nuevas formas de articulación político-social están muchas veces acompañadas por un nuevo autoritarismo , visible en el surgimiento de nuevos líderes populistas outsider , de un nacionalismo étnico, de nuevas corrientes de la derecha, de un regionalismo separatista y de un fundamentalismo r el igioso, tanto en Europa, como en América Latina (Loch, Heitmeyer 2001, pp. 15; Peetz 2001; Werz 2003).
Estas experiencias, que surgen en casi todas las regiones d el mundo, han motivado al sociólogo alemán, Wilh el m Heitmeyer, de la Universidad de Bi el ef el d, a formular una hipótesis, basada en datos empíricos, en la que afirma que las diferentes variantes d el capitalismo moderno se están desarrollando, cada vez más, en una dirección autoritaria, llevan consigo la destrucción social y están afectando masivamente la sustancia de la democracia liberal (Heitmeyer 2001). La combinación entre un "nuevo autoritarismo", con elementos neopopulistas, y unas democracias meramente el ectorales, caracterizadas por la exclusión social, un sistema de seguridad quebrados, una creciente inseguridad pública y el desencanto político, es responsable de que los ciudadanos se vean cada vez menos protegidos y asegurados por las autoridades políticas contra las crecientes inseguridades de su entorno.
5. LA SOCIEDAD DE RIESGO. ¿FIN DE LA SEGURIDAD?
¿Qué es el concepto la "sociedad de riesgo", respecto a la democracia y al tema de la seguridad / inseguridad?
La hipótesis central del bestseller del sociólogo alemán, Ulrich Beck, " La sociedad de riesgo " del año 1986, es que el proyecto de la modernidad, que ha caracterizado los últimos dos siglos, está a punto de fracasar. Pero las causas de este fracaso no están, según el autor, en impedimentos externos o en una implementación insuficiente d el proyecto, sino en su lógica interna. La maximización de los riesgos, entendidos como efectos colaterales inciertos de las acciones, en el marco d el capitalismo post-industrial, es el precio que hay que pagar por el mantenimiento de la modernidad. Se trata, según Beck, de una ley forzosa de la evolución. La causa no es la modernidad completa, sino la modernidad incompleta, el medio camino en el que vivimos hoy.
El riesgo es la potencialidad de un peligro y los peligros se transforman en riesgos, por las acciones del hombre. Los megapeligros, como los de la energía atómica, los ecológicos, los químicos y los genéticos, no se pueden delimitar temporal ni espacialmente, ni se los puede calcular y, mucho menos, compensar. Los riegos van más allá d el manejo de los peligros tradicionales. La seguridad de la vida cotidiana existe sólo con reservas y puede se puesta en peligro, a cualquier hora y en cualquier lugar, por catástrofes que surgen en otros lugares d el mundo, porque este mundo, como todo lo que en él existe, se ha transformado en un campo de experimento.
El principio de seguro socializa los peligros en riesgos y emancipa a la sociedad hacia una tolerancia jamás esperada hacia los riesgos. El catastrofismo latente de la sociedad de riesgo comienza donde encuentra sus límites la capacidad de dar seguridad (Blanke 1991, pp. 281). Hoy en día no se puede garantizar el fin de la lucha de clases porque las medidas d el Estado benefactor ha llegado a su fin. En estos tiempos de la globalización ningún gobierno puede garantizar un crecimiento económico relativamente continuo y con unos márgenes de distribución porque eso significaría un consumo creciente de la energía y de los recursos naturales, y una complejidad en aumento d el medio ambiente. La catástrofe ecológica, inminente en el ámbito planetario, es el precio de la solución procedimental d el conflicto de clases, a través de la inclusión social y la externalización de los costos y es también el precio del triunfo de la libertad e de la igualdad. La remoción de este peligro sólo puede llevarse a cabo con un nuevo empuje d el aumento de complejidad. Pero, sin embargo, los riesgos de la civilización no se reducirán con este empuje, porque el aumento d el riesgo es el precio del mantenimiento d el estatus quo, en un nivel cada vez más complejo (Blanke 1991, pp.285).
El peligro omnipresente amenaza, según Beck, no sólo la vida física, sino la vida social, el conjunto de todas las instituciones y estructuras de la sociedad. También la autonomía de los sistemas parciales de la sociedad -según Niklas Luhmann una de las conquistas de los tiempos modernos- experimenta un proceso de erosión. Las instituciones estatales y de derecho han abandonado, desde hace tiempo, sus competencias y las han delegado a los expertos, enraizados fuera d el sistema político. Con esta delegación, argumenta Beck, las instituciones llegan a una contradicción extremadamente explosiva. Mientras estas instituciones prometen, por un lado, una seguridad absoluta, legalizan, por el otro, actitudes que ofrecen sólo una seguridad relativa y pueden transformarse, en cualquier momento, en una catástrofe. Una consecuencia de eso es que la credibilidad se erosiona cada vez más porque se está diluyendo el consenso básico, en el cual se ha basado, hasta ahora, el desarrollo. De esta manera, se está desmoronando el contrato social d el Estado benefactor que, como subrayábamos más arriba, siempre fue un Estado "de seguro". La disminución d el conflicto que alcanzó el Estado benefactor de la época postguerra, por el crecimiento y por los mecanismos de concertación y coparticipación, está siendo socavada por la intensificación d el conflicto, como una consecuencia d el crecimiento de los riesgos.
Este diagnóstico, extraído por Beck de la experiencia de los países desarrollados, es más dramático en los países d el llamado Tercer Mundo y, entre el los, los de América Latina, en lo que ni siquiera se ha alcanzado el estado de modernización, aunque sea a medio camino, que es el punto de partida d el diagnóstico de Beck. Vale la pena mencionar, de manera esquemática, algunos de estos impedimentos:
1. La mayoría de los países de América Latina y del Caribe se encuentran, en el mejor de los casos, a medio camino hacia una modernidad respecto del Norte. Su inserción en el mundo globalizado es y sigue siendo periférica, más defensiva que proactiva (Arocena 2004), su industrialización es y siegue siendo trunca (Fajnzylber 1983); sus aparatos estatales son y siguen siendo poco eficientes, sus instituciones representativas frágiles. Los sistemas democráticos carecen de bases sociales y económicas sólidas, y son, en su mayoría, frágiles, defectuosos y no están lo suficientemente inmunizados contra los bacilos d el autoritarismo y el client el ismo, la corrupción y el populismo. Según los datos recientes d el Latinobarómetro (y otros datos empíricos), la cultura política de las sociedades latinoamericanas es reflejo de una realidad política, económica y social y de una sensación térmica que no suscita un gran optimismo (véase Hakim, Lowentahl 1996, pp. 303 y ss).
2. Las legislaturas y los sistemas judiciales carecen, en gran parte de América Latina, de autonomía, jerarquía, recursos y competencia, los elementos necesarios para desempeñar plenamente sus funciones constitucionales. Los presidentes su el en recurrir a procedimientos excepcionales para el udir el proceso legislativo, menospreciando así a las instituciones formales del gobierno, comprometiendo las normas jurídicas y socavando la legitimidad democrática.