Los HH MM persiguen activamente su implantación en la vida pública del país. Su objetivo es ampliar el espacio del islam en la sociedad. Por ello, promueven la participación en actividades sociales, culturales y políticas, buscan la colaboración con las autoridades de cada país y aspiran a ser reconocidos como interlocutores del Estado, ofreciéndose a ejercer de intermediarios sociales en aquellos barrios donde están más implantados. Sin embargo, esta intermediación se ofrece a partir de una premisa básica: la afirmación de la identidad sobre una base político-religiosa. En este sentido, consideran que los residentes o ciudadanos de origen musulmán sólo alcanzarán el respeto de las sociedades en las que viven mediante su identificación como musulmanes.
La creciente presencia de inmigrantes marroquíes en España ha provocado que el principal movimiento islamista marroquí, Justicia y Espiritualidad, se convierta en uno de los principales actores islamistas en el país. Se trata de un movimiento religioso y social fundado por el jeque Abdesalam Yasin que, si bien tiene una clara dimensión política, nunca ha sido reconocido como partido por el régimen marroquí, a diferencia de otras formaciones islamistas como el Partido para la Justicia y el Desarrollo, que hoy cuenta con una amplia representación en el Parlamento marroquí. Justicia y Espiritualidad no reconoce la legitimidad religiosa de la monarquía marroquí y no oculta su objetivo de modificar la naturaleza del Estado marroquí a través de la acción política. En Marruecos cuenta con una implantación significativa en las grandes ciudades y se estructura alrededor de unas 700 asociaciones que cubren ámbitos tan variados como el asistencial, educativo, deportivo, cultural o político.
Justicia y Espiritualidad ha ido ampliando en los últimos años su presencia entre la comunidad inmigrante marroquí en España, aprovechándose de que un buen número de comunidades de origen marroquí han quedado fuera del proceso de institucionalización del islam en España. Su principal organización en el país es la Asociación Onda, que preside Mohamed Butarbuch. Su sede está en la localidad madrileña de Getafe y posee delegaciones en Barcelona, Cartagena, Mallorca y Granada. Sus principales lugares de culto son las mezquitas Al Istakama y Al Falah, ambas en Getafe. Sus actividades se centran principalmente en dar apoyo a la comunidad marroquí en España y sus miembros mantienen un perfil bajo para evitar la infiltración de los servicios de seguridad marroquíes, a los que preocupa la creciente presencia de este movimiento entre las comunidades marroquíes en territorio español. Pese a ello, uno de sus miembros, Ahmed el Hazem, presidente de la comunidad musulmana de Villaverde Alto, fue elegido vocal de la Feeri en las elecciones de noviembre de 2007.
Activismo religioso
La segunda corriente está representada por el activismo religioso, concentrado en la predicación para reforzar la fe, preservar la cohesión de la comunidad musulmana y defender el orden moral que la sostiene. En Europa estos movimientos buscan la creación de comunidades aisladas de su entorno y rechazan la integración en la vida política y social de los países donde ejercen su proselitismo religioso. En España destaca la presencia de los misioneros del movimiento Tabligh y los predicadores salafistas.
El movimiento Tabligh fue fundado por Nawlana Mohamed Ilyas en 1927 en India. Posteriormente, se asentó en Pakistán, donde inició su trabajo de divulgación y captación de adeptos en el ámbito internacional. El Tabligh es hoy una de las organizaciones islámicas transnacionales más importantes, presente en más de 100 países y que se caracteriza por impartir una doctrina que tiene como objetivo la reislamización de la comunidad musulmana desde su base, con planteamientos muy sencillos y rígidos basados en la imitación de la vida del profeta. Su principal actividad es la predicación.
En España, los miembros del Tabligh son sobre todo de origen marroquí y pakistaní, y cuentan con un número importante de mezquitas que controlan directa o indirectamente. Fuentes policiales consideran que la organización cuenta con, al menos, 2.000 miembros distribuidos en diversas ciudades (Badajoz, Sevilla, Granada, Barcelona, Valencia y Madrid), desde donde se desplazan a otras ciudades. En Madrid, realizan sus labores de proselitismo en la mezquita de la calle Peña de Francia y en la de la M-30.
En principio, se trata de un movimiento que rechaza de forma explícita la violencia para la consecución de sus objetivos. No obstante, pretenden organizar a los musulmanes en comunidades separadas, sin ningún tipo de relación con el mundo europeo no musulmán, propagando una conducta segregacionista. Por otra parte, el hecho de tener su dirección y sede principal en Pakistán, a donde viajan muchos de sus seguidores para completar su formación, ha propiciado que grupos radicales aprovechen la estructura y los desplazamientos de los miembros del Tabligh para facilitar su tránsito por Europa y recibir formación militar en ese país.
Los responsables de la organización han adoptado una serie de medidas en los últimos años para evitar que el movimiento sea manipulado por los extremistas. En todo caso, se han dado casos en los que miembros del Tabligh en España terminaron incorporándose a organizaciones extremistas. Hamed Abderrahman Ahmed, único preso español en Guantánamo, perteneció al Tabligh antes de desplazarse a Afganistán. Del mismo modo, Aziz el Bakri, joven marroquí de 27 años que perdió la vida en Ramadi (Irak) en abril de 2003, también perteneció al movimiento antes de caer en manos de los reclutadores salafistas.
La emergencia del salafismo reformista en España es un fenómeno relativamente reciente. Los salafistas llegan a España, como al resto de Europa, en el momento de la emergencia del Frente Islámico de Salvación (FIS) en Argelia. Su influencia se ha propagado a través de la diáspora argelina. La estructura descentralizada y segmentada del movimiento salafista, el control policial y el escaso número de musulmanes de segunda generación en España explican que carezcan de mezquitas o centros islámicos bien identificados. Su principal zona de influencia se sitúa en la costa de Cataluña, más concretamente, en las comarcas del Penedés y el Maresme, donde los imanes salafistas atraen a los inmigrantes recién llegados y han conseguido implantarse entre los jóvenes desempleados de la región, principalmente marroquíes y nacionales de los países subsaharianos.
Por otra parte, destacados imanes salafistas europeos visitan de forma regular ciertas mezquitas como la de la Comunidad Islámica de Valencia o la de la calle Estrecho de Madrid, donde dan charlas religiosas y realizan labores de proselitismo. Estos imanes cuentan con un importante apoyo por parte de Arabia Saudí, que concede anualmente becas para que jóvenes europeos estudien en la Universidad Oumm al Qora en Medina. Además, los centros islámicos gestionados por la Liga Mundial Islámica suelen estar en manos de clérigos que predican un islam rigorista muy cercano al salafismo. El número de seguidores del salafismo en España está creciendo, al igual que en el resto de Europa. Han inundado la red de páginas web que se declaran estrictamente apolíticas, en las que son frecuentes las consultas sobre diversas cuestiones sociales a imanes salafistas saudíes de renombrado prestigio.