Pocas veces una propuesta ha alimentado tantos debates y suscitado tantas reacciones. Esto refleja la vuelta del Mediterráneo al centro de las preocupaciones y subraya la importancia de la apuesta mediterránea. Ali Bensaad y Jean-Robert Henry lo destacan: "A escala continental, la relación con el Mediterráneo se ha convertido en uno de los factores organizadores del proyecto europeo y un revelador de sus crisis...". Para Francia en especial, su relación con el Mediterráneo, y más concretamente con el Magreb, no es solamente una apuesta fundamental en política exterior, "es también una apuesta que afecta profundamente a la historia y a la composición de la sociedad francesa".
El segundo mérito de la propuesta es sacar a la UE de su apatía, llevarla a interrogarse respecto a la pertinencia, coherencia y eficacia de sus políticas mediterráneas, proceder a una verdadera evaluación de su actuación y responder a las cuestiones que se le plantean: ¿Por qué desertaron los dirigentes árabes de la Cumbre del X aniversario del Proceso de Barcelona? ¿Por qué no ganó éste su apuesta de reducir las diferencias de nivel de vida entre los socios, impulsar verdaderas reformas políticas y retejer los hilos del diálogo cultural? ¿Por qué la degradación de la situación en Palestina ha contaminado el Proceso de Barcelona, cuando la UE apostaba por las repercusiones positivas de la Asociación Euromediterránea en el proceso de paz árabe-israelí? ¿Por qué la PEV se ve en los países del sur como una simple compensación para los países que no tienen vocación de adhesión? ¿En qué puede contribuir este enfoque bilateral de la PEV a una dinámica regional productiva?
El tercer mérito de la Unión Mediterránea es el enfoque pragmático del proyecto, el gradualismo del método, la igualdad "establecida" entre los participantes y el número reducido de Estados implicados. A este respecto, es necesario levantar rápidamente el secreto: ¿Quiénes serán "los afortunados elegidos", además de los ocho países mediterráneos de la UE? ¿Se va a invitar, en un primer momento, a los 23 países del Mediterráneo, o simplemente a los países del Magreb, a los que se añadirían algunos países del Machrek?
La cuestión es importante ya que podría determinar la eficacia exigida al proyecto y su acogida. El ex ministro de Asuntos Exteriores francés y hoy asesor de Sarkozy, Hubert Védrine, se decanta por la segunda opción: "Hay que evitar incluir demasiados países con todos sus problemas (...) Será necesario comenzar con algunos países, luego ampliar la Unión a otros (...)".
Por el momento, las reacciones a la propuesta de Sarkozy no han sido entuasiastas. Entre los europeos, la Unión Mediterránea suscita un cierto nerviosismo. Michel Rocard, ex primer ministro francés y diputado europeo, explicaba el 7 de septiembre de 2007 que había rechazado una misión en relación con la Unión Mediterránea que se proponía confiarle el presidente Sarkozy, al considerar que "corría el riesgo de abrir un conflicto perjudicial, y en cualquier caso paralizante, con las instituciones europeas". Y añade: "Propuse cambiar el calendario de la misión, poniendo etapas y negociando en primer lugar con Europa (...) pero el presidente no deseaba esta diferenciación".
Esta reacción es reveladora de las reservas europeas respecto al planteamiento y al método de Sarkozy. Ciertamente, los que están a cargo del expediente mediterráneo en la Comisión Europea son conscientes de la urgencia de dinamizar las políticas en curso. Por otra parte, el 3 de septiembre de 2007, Benita Ferrero Waldner, comisaria de Relaciones Exteriores, convocaba a tal efecto la primera reunión entre los ministros de los "16 países vecinos" afectados por la PEV. Ante una pregunta de H. Ben Ayache sobre la Unión Mediterránea, la comisaria fue clara: "Todos los proyectos que entran en esta dinámica, y que podrían ser llevados por la UE, son bienvenidos. Pero eso debe entrar en este marco". En otra declaración, la comisaria desafiaba abiertamente la marcha en solitario del presidente francés: "Estamos a favor de todo lo que pueda reforzar la cooperación, siempre que el conjunto de la UE se implique, aunque algunos Estados están más interesados que otros".
Algunas voces en la Comisión y en el Parlamento Europeo se preguntan sobre la pertinencia de un proyecto de naturaleza intergubernamental en el que muchos de los ámbitos de intervención considerados (medio ambiente, seguridad colectiva, energía, desarrollo humano y social, diálogo cultural), no dependen ni total ni parcialmente de las competencias de los Estados, sino de la UE.
Reacciones de los Estados mediterráneos
Los Estados europeos del Mediterráneo han evitado hasta ahora una oposición frontal, pero, aunque la idea de una cooperación reforzada pueda seducirlos legítimamente, está claro que el activismo francés los coge desprevenidos y, en última instancia, los exaspera. Por eso dicen que apoyan el proyecto, pero con la boca pequeña, combinando el apoyo con claras advertencias: "Esta Unión Mediterránea debe inscribirse en un planteamiento globalmente euromediterráneo", afirma Miguel Ángel Moratinos, ministro español de Asuntos Exteriores.
Al sur del Mediterráneo, no se puede decir que la iniciativa de Sarkozy suscite un entusiasmo especial. En el Magreb, Marruecos busca sobre todo un "estatus diferenciado", por el hecho de su proximidad geográfica y de su implicación en los proyectos comunitarios (sistema Galileo, participación en la operación Althea en Bosnia y firma del acuerdo de Cielos Abiertos). El ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Taïeb Fassi-Fihri, se declara favorable a la Unión Mediterránea, al tiempo que el embajador de Marruecos en París, Fathala Sigilmasi, advertía que si la agenda es frenar la inmigración y luchar contra el terrorismo, y si se trata esencialmente de preservar la seguridad de Europa, entonces "no podrá vender el proyecto a su país". Argelia se agarra a su acuerdo de asociación con la UE. En cuanto a Túnez, preferiría un refuerzo de la fórmula 5+5 relativa al Mediterráneo occidental.
En el Machrek se sigue dudando del valor añadido de la Unión Mediterránea y de su capacidad para superar las tensiones estructurales que dificultan el Proceso de Barcelona. Pero eso no impide al presidente egipcio, Hosni Mubarak, mostrarse abierto: "Personalmente, creo que es una excelente propuesta que merece ser examinada".
Los turcos están más ofendidos por la justificación de la Unión Mediterránea. Turquía no acepta que la Unión Mediterránea se presente como un premio de consolación, un sucedáneo o una alternativa a su voluntad de adhesión. Turquía desempeñará el papel que le corresponde por derecho en cualquier estructura mediterránea, pero no al precio de una no adhesión a la UE.