Probablemente no deberíamos esperar nuevas iniciativas de Bruselas con respecto a Rusia en un futuro inmediato. No obstante, pese a su pasividad en lo referente a Rusia, la UE sigue siendo un factor considerable a la hora de influir en Rusia, debido a la existencia misma del proyecto de integración europeo, a la presencia de la influyente opinión pública europea y a que la democracia y la economía europeas son ejemplos para Rusia. Muchos intereses económicos y de seguridad compartidos y una cultura en gran medida común son capaces, si no de unir más, sí de mitigar las consecuencias de los malentendidos en las relaciones que todavía pueden producirse, ahora y en el futuro.
Por último, unas palabras sobre qué piensan los rusos acerca de Europa. A pesar de las vacilaciones en la política de Moscú hacia la UE, la mayoría de los rusos se muestra favorable a la Unión. En torno a un 70 por cien de los encuestados tiene una actitud positiva hacia la UE, en contraposición a un 20 por cien, cuya actitud es negativa, según el Levada Center. Dado el empeoramiento general de las relaciones entre Rusia y Occidente, y EE UU en particular, los sentimientos positivos continuados de los rusos hacia Europa impiden que las relaciones se enfríen demasiado.
El segundo presidente ruso tras la caída de la URSS ha conseguido estabilizar el sistema sobre la base del statu quo. Ahora Rusia entra en un nuevo ciclo político, en el que debe comprender la precariedad de esa inmovilidad en su desafío a la modernización. Rusia tendrá que pagar un precio por deshacerse de las ilusiones creadas por la estabilidad de Putin y encontrar una nueva respuesta a los retos del siglo XXI.
Lilia Shevtsova es senior associate en el programa de Política Interna e Instituciones Políticas en Rusia del Carnegie Endowment en Moscú.