Definida como tierra de todos los orígenes raciales, culturales, nacionales y étnicos, Canadá -con un 18,4 por cien de inmigrantes- se ha dotado de leyes para promover la igualdad y la participación de las minorías. El sistema multicultural canadiense parece inaplicable en Europa.
Una política multicultural como la que existe en Canadá implica cinco condiciones que no se dan en Europa. Sin embargo, y a pesar de los fallos y las limitaciones de la experiencia canadiense, pueden extraerse algunas lecciones para la gestión de la diversidad cultural en los países europeos. Las condiciones son las siguientes:
- Una regulación de los flujos migratorios; es decir, una política de inmigración que defina los cupos de entrada en relación con las necesidades del mercado laboral.
- Una integración igualitaria de los inmigrantes en el mercado laboral.
- La reducción de cualquier ideología étnica nacional.
- Una cultura pública y un aparato jurídico que valore los derechos individuales y, por tanto, los derechos de todos los residentes, de origen inmigrante o no.
- Una concepción sociológica de los procesos de adaptación sociocultural de los inmigrantes y de la idea de igualdad de oportunidades (igualdad formal versus realidad sociológica).
Estas condiciones se reúnen con más facilidad en Canadá que en los otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ya que en Canadá el sencillo control de las fronteras facilita la gestión de los flujos migratorios. Y en consecuencia:
La inmigración ilegal no constituye un problema en comparación con la Unión Europea (800.000 ilegales al año) y con Estados Unidos (un millón anual), y la estimación del número de trabajadores clandestinos oscila entre 200.000 y 400.000.
- Aproximadamente, la mitad de los recién llegados han pasado un proceso de selección que convierte a los inmigrantes en la clase más formada de Canadá. En 2001, el 40 por cien de los inmigrantes poseía nivel universitario frente al 23 por cien de los nativos. Sólo el 10 por cien de los inmigrantes no hablaba una de las lenguas oficiales (inglés y francés).
- Los debates respecto a la permeabilidad de las fronteras y a la "invasión" de los inmigrantes no movilizan a la opinión pública, a pesar de que, desde hace 30 años, un tercio de los canadienses se opone a los cupos de inmigración fijados por los gobiernos.
Los logros del modelo canadiense
Aparte de su ventaja geográfica, Canadá se proveyó de programas de lucha contra la discriminación y de respeto a la diversidad cultural y religiosa. Tres documentos, el Programa de Multiculturalismo, de 1971, la Ley sobre el Multiculturalismo, de 1988, y la Carta de los Derechos y Libertades de la Persona, incluida en la Constitución de 1982, reconocen y promueven la diversidad de los canadienses en lo que se refiere a raza, origen nacional o étnico y religión, al tiempo que avalan una característica fundamental de la sociedad y del Estado canadienses. El artículo 27 de la Carta estipula que su interpretación debe tener en cuenta el patrimonio multicultural canadiense. Esta disposición permitió la anulación de prácticas culturales históricas mayoritarias, como el cierre de comercios el domingo o el uso del turbante de los miembros de la policía federal de origen sij.
En 1971, Canadá adoptó una política de reconocimiento de la diversidad cultural de su población. Ante las pretensiones nacionalistas francófonas de Quebec, una ley había instaurado en 1969 el bilingüismo del Estado federal, haciendo del inglés y del francés las lenguas oficiales, y promoviendo la contratación de francófonos en la función pública federal. Los representantes de las poblaciones de origen ucranio, alemán y húngaro vieron en estas medidas una omisión de sus lenguas y culturas y pidieron su protección. En 1971 se creó el Programa de Multiculturalismo que ofrece subvenciones públicas para la enseñanza de las lenguas no oficiales, llamadas patrimoniales (heritage languages), y para el funcionamiento de asociaciones étnicas. Pero sobre todo propone una profunda redefinición de la identidad nacional: "El pluralismo cultural es la propia esencia de la sociedad canadiense. Todos los grupos étnicos tienen el derecho de preservar y enriquecer la cultura y los valores que les son propios. Al decir que existen dos lenguas oficiales, no decimos que tenemos dos culturas oficiales, y ninguna cultura determinada es más oficial que otra. Los objetivos consisten en proteger las libertades básicas, desarrollar la identidad canadiense, ampliar la participación de los ciudadanos, reforzar la unidad canadiense y fomentar la diversidad cultural".
Este mensaje del primer ministro Pierre Trudeau, en octubre de 1971, iba dirigido al conjunto de los residentes. Posteriormente, en 1988, una ley transformó el mandato especial del Programa de Multiculturalismo en un mandato desarrollado que impone a las instituciones federales la obligación de actuar de forma que los canadienses de cualquier origen tengan las mismas oportunidades de empleo y desarrollo (3.2a); promover políticas, programas y acciones cuyo objetivo sea favorecer la contribución de los individuos y colectividades de todos los orígenes a la evolución del país (3.2b); y estimular políticas, programas y acciones que permitan al público entender y respetar mejor la diversidad de los miembros de la sociedad canadiense (3.2c).
El Programa de Multiculturalismo y la Ley sobre el Multiculturalismo de 1988 definen de hecho a Canadá como una tierra de individuos de todos los orígenes raciales, culturales, nacionales y étnicos. Sus objetivos principales son deslegitimar cualquier ideología de una supremacía cultural, socioeconómica y política de los canadienses franceses y de los ingleses, socializar el conjunto de la población en la diversidad cultural y desarrollar un sentido de pertenencia a Canadá de todos los canadienses.
Desde 1971 los gobiernos federales, provinciales y municipales promueven una nueva norma de relaciones sociales, la prohibición de las distinciones negativas entre culturas, razas, naciones y religiones, y la participación de los inmigrantes y de sus descendientes en las principales instituciones, públicas y privadas, del país. Concretamente, organizan campañas de publicidad, sesiones de formación de su personal en la gestión de la pluralidad cultural; financian la adaptación de cualquier institución, pública o privada, a la presencia de miembros de las minorías étnicas; subvencionan las actividades del sector comunitario monoétnico y sobre todo multiétnico que difunden la ideología de los derechos individuales y desarrollan las relaciones entre personas de distintos orígenes.
La financiación pública se basa en cuatro ideas. Primero, el cambio cultural de los inmigrantes es un proceso a largo plazo que puede extenderse a lo largo de dos o tres generaciones. Segundo, la municipalización étnica es un proceso legítimo, ya que es ineludible y útil para los inmigrantes alófonos o que proceden de universos culturales muy distintos al del país de inmigración, por ello el Estado debe contribuir a la municipalización étnica como una de las condiciones favorables para la adaptación sociocultural de los inmigrantes. Tercero, cualquier identificación relativa a la sociedad supone una identificación personal sólida, lo que representa y exige el reconocimiento social de las identidades culturales personales. Y cuarto, las lealtades e identidades colectivas pueden ser múltiples sin cuestionar la lealtad al Estado canadiense, como es el caso.
Derecho a la igualdad