Diversos expertos afirman que el proyecto africano es una manera de retrasar los plazos, ya que se necesitarán años para adaptar genéticamente los cultivos de azúcar en nuevos países, por lo que no supondrían una amenaza a la producción interna europea. Brasil de hecho tardó más de 20 años en desarrollar las más de 500 variedades que utiliza, que tienen que ver con el tipo de suelo y las plagas. Fuentes del ministerio de Agricultura brasileño aseguran que este desarrollo llevará años de investigación previa. No obstante, Brasil se ha comprometido a apoyar a África en el ámbito de los biocombustibles.
Si no se abren los mercados internacionales al etanol brasileño, la única esperanza radicará en el desarrollo del etanol de segunda generación, producido a partir de celulosa. Esto permitiría que nuevos cultivos agrícolas de plantas con alto potencial de producción de celulosa -residuos de la producción agrícola, madera y hasta residuos sólidos municipales- pudieran usarse como base para producir etanol.
Según Jeff Tschirley, uno de los autores del último informe sobre bioenergía publicado por UN-Energy, grupo compuesto por todas las agencias de la ONU que trabajan en el campo de la energía, se estima que las fábricas de celulosa desarrollarán este producto industrialmente en unos 10 años, aunque se mantuvo cauto: "La celulosa cambiará totalmente las reglas de juego, pero tenemos que tener cuidado con las estimaciones, ya que en los años ochenta decían que esto se conseguiría en los noventa, y la realidad es que ahora solo hay dos fábricas de etanol a partir de celulosa en el mundo". Tschirley insistió en que, aún considerando una futura producción de etanol con celulosa, alcanzar el objetivo del 25 por cien de la energía a través del etanol en 2025 es sólo "razonable" para algunos países y no a escala global.
Las últimas proyecciones del departamento de Energía de EE UU prevén que el consumo global de energía aumentará un 71 por cien entre 2003 y 2030. Por tanto, la única solución para sustituir la gasolina y atajar el calentamiento global radicaría en potenciar el etanol brasileño, recortando los aranceles que pesan sobre él, al tiempo que el gobierno de Brasil soluciona el problema de la polución provocada por la quema de cultivos de caña. Estas medidas son urgentes, a no ser que estemos dispuestos a viajar menos en avión, reducir la demanda de energía y construir plantas nucleares de forma masiva, algo que sólo unos pocos creen que vaya a suceder.
Alfonso Daniels es periodista freelance radicado en Londres. Ha escrito sobre Latinoamérica para publicaciones como el Sunday Telegraph y el Observer.