Existe un consenso creciente sobre el riesgo que supone producir ciertos tipos de biocombustibles. Fuentes tan dispares como The Economist y el líder cubano, Fidel Castro, han advertido sobre estos riesgos, una coincidencia de posturas casi inédita. La revista británica concluyó que "como combustible verde, el etanol es una buena idea, pero el tipo que produce EE UU es malo".
La expansión internacional del etanol brasileño consiguió salvar un obstáculo significativo tras el acuerdo alcanzado entre Brasil y Venezuela durante la primera Cumbre Suramericana sobre Energía, celebrada en la isla venezolana de Margarita el pasado abril. Poco antes, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con el apoyo de Castro, se había declarado opuesto a que la tierra cultivable se destinara a "alimentar automóviles".
Un alto funcionario del ministerio brasileño de Asuntos Exteriores reconoció que estos comentarios les produjeron estupor, y añadió que sospechan que podría tratarse de una llamada de atención de Chávez al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, para que no se aproxime demasiado a su homólogo estadounidense, George W. Bush. Lula visitó a Bush en Camp David poco después de que ambos concluyeran, en marzo, una alianza estratégica para promover la producción de etanol. Según el mismo funcionario, el viaje de Lula fue un error.
El primer paso hacia la resolución del conflicto la dio el ministro de Asuntos Exteriores de Brasil, Celso Amorim, a través de un artículo en un medio local una semana antes de la cumbre energética: "a diferencia de la caña de azúcar, el maíz no es adecuado, económica y socialmente, para la producción de etanol". Se oponía así, por primera vez de forma abierta al etanol estadounidense, diferenciándolo del brasileño. El siguiente paso lo dio Chávez durante la cumbre de Isla Margarita, al afirmar que no estaba contra los biocombustibles, sino que se oponía a que EE UU promoviera la producción de etanol a partir de maíz, lo que, en su opinión, podría provocar hambrunas en el mundo.
"Hoy es imposible separar en lo energético a Brasil de EE UU. El etanol es un proyecto compartido que para Brasil es una oportunidad histórica: poder instalarse como una potencia energética de biocombustible en el lapso de una década", concluía el analista venezolano Alberto Garrido. "Chávez y Lula evitaron una confrontación abierta, tienen demasiados proyectos en común. Pero en la práctica seguirán caminos paralelos", añadió.
Apostar por los biocombustibles
Teniendo en cuenta que Brasil puede expandir exponencialmente su producción de etanol, parecería que el futuro de este producto es brillante. Nos acercaríamos así al objetivo de los productores: que el etanol satisfaga el 25 por cien de la producción mundial de energía en 2025 y el 30 por cien en 2030. Hoy el etanol y los biocombustibles en general, a pesar de su gran expansión en los últimos años, cubren apenas el uno por cien del consumo total de combustibles.
Sin embargo, existe un último y, hasta ahora, infranqueable obstáculo para su masificación: la falta de voluntad política de los países occidentales para atajar el problema del calentamiento global. Es cierto que la producción de biocombustibles se ha multiplicado por dos en los últimos cuatro años, y se espera que vuelva a doblarse en los cuatro próximos, y varios países están proyectando o ya han introducido objetivos ambiciosos de consumo de etanol. Por ejemplo, según datos del BID, Japón prevé sustituir un 20 por cien de la demanda de petróleo con biocombustibles y gas licuado en 2030; Canadá se ha marcado el objetivo de mezclar con un 10 por cien de etanol el 45 por cien de la gasolina en 2010; la UE prevé una mezcla con etanol del 5,75 por cien en todos los combustibles (diésel y gasolina) para 2010; en EE UU, el Renewable Fuels Standard (RFS) exige el uso de 28,4 billones de litros de biocombustibles en 2012; Brasil se ha fijado el objetivo de una mezcla de biodiésel del dos por cien hasta 2008 y del cinco por cien hasta 2013. Otros países, como Colombia, Venezuela o China también prevén mezclas del diez por cien de etanol en gasolina en las zonas de mayor población.
Sin embargo, EE UU y la UE imponen altos aranceles sobre importaciones de etanol brasileño y no ofrecen ninguna señal de que estén dispuestos a eliminarlos, ni siquiera reducirlos. Según el citado informe de la ONU, al impedir la importación de biocombustibles producidos más eficientemente en otros países, Occidente estaría "desviando más tierras para producir comida de lo necesario". EE UU impone un arancel de 51 centavos de dólar por galón a las importaciones de etanol brasileño, una medida que el Congreso estadounidense prorrogó el 8 de diciembre de 2006 hasta 2009. Los aranceles impuestos por la UE son todavía mayores, según el Banco Mundial. Aún así, Brasil consiguió exportar 600 millones de dólares de etanol en 2005, cifra que se doblará en 2010. Los principales clientes brasileños son Japón y Suecia, interesados en utilizar este combustible para cumplir sus obligaciones bajo el Protocolo de Kioto.
Para los expertos, las incongruencias de Washington y Bruselas se deben a la presión de los agricultores. En Europa, la presión provendría sobre todo de los productores de etanol de España, Francia y Suecia. Mientras, en EE UU, provendría de los agricultores del medio Oeste, que reciben subsidios millonarios para cultivar maíz. "Sin duda, hay una presión de los productores locales de etanol de EE UU, no solo para mantener estos aranceles, sino también las ayudas agrícolas, que son de 50 centavos de dólar por galón para el propio etanol", afirma Luis Alberto Moreno, presidente del BID. Moreno reconoce que "no va a ser una cosa rápida" eliminar estos aranceles, pero sostiene que es necesario continuar promoviendo el etanol y otras alternativas al petróleo.
Moreno y Jeb Bush -hermano del presidente Bush, y gobernador de Florida hasta enero pasado- anunciaron en diciembre de 2006 la creación de una Comisión Interamericana de Etanol para apoyar proyectos y aumentar la concienciación entre los consumidores estadounidenses. Pero, por ahora, su influencia sobre los gobiernos parece en entredicho, y los propios fundadores hacen hincapié de que se trata de una iniciativa individual.
Tampoco es motivo de esperanza que la UE apoye la producción de etanol en lugares alternativos como Mozambique y otros países africanos. Según el embajador británico en Brasil, Peter Collecott, "la idea es que el etanol producido (en África) suministre al mercado africano, especialmente Suráfrica, para convertirlo en un producto global". Pero Collecott no quiso entrar en detalles sobre los aranceles, y aseguró que este asunto "está siendo analizado", y que todavía queda más de una década para atajar el problema del calentamiento global.