www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Política Exterior 110 Política Exterior

Bolivia y Chile, dos procesos políticos y una frontera

por José Antonio Fernández y Gustavo Rodríguez Ostria
Política Exterior nº 110, Marzo-Abril 2006

Número de páginas: 6
imprimir

Caudillo populista o no, Morales ha nombrado ministros leales, imponiendo su criterio a las instituciones y organizaciones que lo sustentan y así podrá continuar haciéndolo, apelando a las "masas disponibles" para restablecer o torcer equilibrios políticos desde las calles, si no bastara el amplio control parlamentario que detenta. Con la elección de Morales el presidencialismo se ha visto reforzado. Su figura carismática genera, por ahora, una gran adhesión a su manera de gobernar. En este contexto, y ante las probables tensiones internas del MAS, el mayor adversario de Morales podría ser el mismo Morales. No parece probable, sin embargo, que las diferencias de criterio entre el presidente y el vicepresidente (que son y serán muchas) se escenifiquen de manera que se pueda romper la unidad de criterio y de acción en asuntos sustanciales.
Pero, por otro lado, la nueva democracia implica que los viejos partidos, reducidos a escombros en las pasadas elecciones, reconstruyan alternativas solventes de gobierno y de oposición adecuadas a la nueva situación. Su estrepitosa derrota y la pérdida de sus referentes ideológicos impedirán al comienzo que puedan desempeñar el papel de una verdadera oposición. La desaparición de las principales entidades partidarias en las recientes elecciones es un dato de partida para la rearticulación de un centro-derecha para el nuevo país que ha asomado el 18 de diciembre. El MNR y el MIR, convertidos en una exigua minoría parlamentaria, habrán de aprender a ser oposición responsable y creíble, al tiempo que, junto a los diputados y senadores de Podemos, comienzan a pensar en reorganizar el mapa del centro-derecha sobre premisas diferentes a las del pasado.
La insoslayable apertura de la democracia chilena
Los desafíos de Chile son muy distintos. No sería un juego de palabras afirmar que la sociedad chilena, que se ha dado una de las economías más abiertas del mundo, tiene un sistema político asaz enclaustrado y cerrado. El sistema de partidos y la democracia representativa son estables y aceptados, aunque es cada vez más criticada la exclusión del sistema de una porción significativa del espectro político, lo que, junto a la obligatoriedad de inscribirse como electores, explica en parte la autoexclusión de la vida política, incluidas las elecciones, de un altísimo porcentaje de los jóvenes. En las recientes elecciones no votaron tres de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 29 años.
En un país con una larga tradición asociativa y participativa la vieja Central Única de Trabajadores (CUT) carece de capacidad de negociación colectiva. Los sindicatos son un contrapeso limitado al ámbito de cada empresa. El importante tejido asociativo que articulaba la sociedad antes de Augusto Pinochet, y que fue un factor esencial en la recuperación de la democracia en vida del dictador, languidece a la sombra de un Estado que funciona tan bien que no parece necesitar la implicación de la sociedad civil, salvo, dicen los críticos, la de las organizaciones empresariales, actores sociales activos en todos los gobiernos de la Concertación.
Michelle Bachelet forma parte del "oficialismo" que ha gobernado el país desde 1989, pero bajo una Constitución heredada de Pinochet, que dejó atado y bien atado un sistema político que ha costado mucho esfuerzo ir reformando paulatinamente en puntos tan esenciales como la sumisión del poder militar al poder civil y la supresión del puñado de senadores designados que se tornaron en custodios del pasado. El apoyo del Partido Comunista chileno a Bachelet en la segunda vuelta electoral estuvo condicionado a que el oficialismo y la candidata aceptasen alguna reforma del sistema electoral heredado de Pinochet (mayoritario, binominal, en distritos pequeños) que conlleva la exclusión de los partidos que queden fuera de una de las dos alianzas. Días antes de la segunda vuelta, en un claro guiño a los electores de izquierda, el presiente, Ricardo Lagos, volvió a enviar al Congreso un viejo proyecto de reforma del sistema binominal. El asunto estará pronto en la agenda real del nuevo periodo. Los partidos del oficialismo y de la oposición deberían encontrar una salida a la evidente falta de competencia en el mercado político interno, para decirlo con términos propios de la actual jerga chilena.
Pese a haber sido titular de dos ministerios clave (Salud y Defensa) y de militar en el Partido Socialista desde 1970, Bachelet no pertenece a las nomenclaturas partidarias. En este sentido, Bachelet es tan nueva como Morales a la hora de marcar un estilo y unos modos de gobernar y de hacer política nacional e internacional. La presidenta Bachelet, elegida también por su propio carisma, introducirá en el gobierno, de rasgos presidencialistas, un perfil propio, como lo ha hecho Lagos, dentro de un marco programático debatido y consensuado entre los cuatro partidos de la Concertación. La formación de un gabinete paritario en términos de género y con cierta autonomía con relación a las jefaturas partidarias, ha sido una primera muestra de una actitud innovadora personal, que se espera podría traducirse en impulsar con mayor ímpetu iniciativas políticas como la reforma del sistema electoral. Sin embargo, la autonomía de Bachelet dista mucho de la que goza Morales.
Desigualdad social y mercado de trabajo cautivo
No son excesivas las expectativas de cambio suscitadas en la campaña chilena y que serán reclamadas a Bachelet. No se han formulado cambios notables en la conducción de la economía ni en la estructura profunda del Estado. Se mantendrá una buena y fluida interlocución con Washington, aunque es seguro que se dedicará mayor esfuerzo y entusiasmo a Latinoamérica, señaladamente a los países vecinos. La primacía del mercado solo será discutida promovida desde la izquierda extraparlamentaria, que, además, carece de fuerza social para perturbar la conducción de la macroeconomía.
En el terreno político, las expectativas son las esbozadas antes, más, sin duda, un estilo o talante nuevo (más diálogo, mayor cercanía a la gente). En política económica, salvados los fundamentos, debería producirse un giro hacia la mejora en la distribución de la renta que, en términos económicos, podríamos denominar "ampliación del mercado interno", asunto que, tocado desde diversos ángulos (externalización del empleo, fondos de pensiones, etcétera), no fue abordado en profundidad en los debates de la campaña.
Número de páginas: 6
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Lunes, 25 de Agosto de 2008 23:46:55