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Política Exterior 102 Política Exterior

Libertad y seguridad

por Jorge Dezcallar
Política Exterior nº 102, noviembre / diciembre 2004

Número de páginas: 3
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Son grupos difíciles de detectar, durmientes hasta que se activan o que, simplemente, se ponen en marcha ante el impacto de ciertas noticias en espíritus comprometidos y fanatizados. Grupos que usan, y usarán cada vez más, las facilidades que ofrece la globalización en materia de co­municaciones e información y que buscarán objetivos más blandos, más fáciles, con utilización de medios cibernéticos o de ADM si tienen acceso a ellos. Son grupos que aprenden de la experiencia ajena, y así quienes se suicidaron -al menos en parte- en Leganés, aprendieron de Mohamed At­ta y sus cómplices a no dejar pistas telefónicas, postales o informáticas.
En todo caso, se trata de una amenaza nueva, diferente, que exige de todos nosotros un gran esfuerzo de adaptación para afrontar con eficacia el reto que supone para nuestra forma de vida. Y he­mos de combatirlo dentro del respeto a nuestros valores y la observación de nuestras leyes. No hacerlo, implicaría dar a los terroristas una primera victoria.
Para conseguir más seguridad debemos redu­cir el riesgo y ello sólo lo podremos lograr dismi­nuyendo por una parte la amenaza y por otra nuestra vulnerabilidad. La amenaza desciende combatiendo a los terroristas y a sus causas. La vulnerabilidad disminuye haciéndonos más fuertes ante el peligro terrorista.
A los terroristas se les combate de muchas maneras. En primer lugar con conceptos claros, sabiendo de qué se habla y, en este sentido, y por en­cima de las dificultades semánticas e ideológicas, es muy importante disponer de una definición de terrorismo comúnmente aceptada. Es lo que, al me­nos en el ámbito europeo, se ha conseguido con la decisión marco del Consejo Europeo de 13 de junio de 2002, que define el delito terrorista. Esta claridad conceptual falla cuando tratamos de extenderla a Oriente Próximo donde para muchos países se oscurecen las fronteras entre los terroristas y los "luchadores por la libertad". Es un terreno que exige seguir trabajando, aun conociendo las enormes dificultades de la tarea.
Otra forma de luchar contra los terroristas es mejorar la cooperación policial, dando a Europol más competencias en este ámbito y desarrollando la cooperación judicial, como hemos hecho en la UE potenciando Eurojust, con ánimo de crear un espacio judicial europeo basado en la confianza mu­tua. Un gran paso en esta dirección se ha dado en nuestro continente -en buena medida por presión e inspiración española-, con la llamada "Euro-or­den", u orden europea de arresto, que facilita los procedimientos de extradi­ción de los terroristas y evita que se aprovechen de nuestras legislaciones para evadir la justicia.
También se lucha oportunamente contra los terroristas con la creación de equipos conjuntos de investigación policial, a condición de que sean fle­xibles y no caigan en la burocratización de tener que pasar por Bruselas cuando el procedimiento se pueda acordar directamente entre dos países vecinos. La creación de un Banco Central de Datos sobre personas y grupos implicados en actividades terroristas también sería de gran utilidad. Se dis­pondría de un fondo permanentemente actualizado con datos proporciona­dos por los países miembros que podrían obtener así información en tiempo real de enorme valor para las investigaciones.
La experiencia española contra ETA -muy exitosa durante los últimos años- demuestra que es necesario separar a los criminales de su entramado social de apoyo y financiación. Todo lo que sea luchar contra las vías de financiación de los terroristas, el lavado de dinero y sus relaciones con el cri­men organizado, será enormemente rentable.
Y, sobre todo, los terroristas deben saber que nunca van a ganar, que nunca nos van a derrotar porque nosotros somos más fuertes y tenemos la razón y la ley de nuestra parte. Por eso no entiendo muy bien anunciar de antemano que si hay un atentado terrorista antes de unas elecciones, éstas podrían retrasarse. A lo mejor resulta inevitable, pero creo que habría que evitar proclamarlo y darles así ideas
La lucha contra el terrorismo exige el desarrollo de las capacidades de inteligencia -salvo excepciones no se combate a los terroristas con tanques- y de la cooperación internacional en este asunto, porque si lo espera­mos dentro de nuestras fronteras llegaremos siempre tarde a combatirlo.
Cooperación internacional
Esta cooperación internacional debe hacerse en tres ámbitos: entre euro­peos, con EE UU y con los vecinos árabes. Dentro de Europa hay unos foros informales de cooperación entre servicios de inteligencia, pero más interés tiene el Centro de Situación (Sitcen) de la secretaría del Consejo, . así como el proyecto de Célula de Análisis Conjunto entre inteligencia y seguridad para el estudio de la amenaza. El plan estratégico elaborado prevé más de 100 medidas concretas para mejorar la eficacia de nuestra lucha antiterrorista, a desarrollar por las próximas presidencias de Holanda, Luxemburgo y Reino Unido.
Con Washington hubo problemas referidos a los distintos niveles en la protección de datos y a la vigencia en algunos Estados americanos de la pena de muerte, lo que impedía la extradición sin garantías sobre la vida del extraditado. Pero afortunadamente se ha progresado con la firma de acuer­dos en los dos sentidos.
Con los países árabes -sobre todo los más próximos- debemos ser conscientes de que combatimos en la misma trinchera y tenemos los mis­mos enemigos, los terroristas. Es un fenómeno que les amenaza también a ellos y que conocen. La cooperación de Marruecos ha sido significativa en la persecución de los terroristas del 11-M y que en buena parte eran origina­rios de Tánger y Tetuán. Todo lo que sea progresar hacia una definición co­mún del terrorismo, en especial con los países de Oriente Próximo, ayudará en la tarea
Pero si nos limitamos a luchar contra los terroristas, nos quedaremos a mitad de camino. Un terrorista es el producto de una situación y si el te­rrorismo nunca se justifica, a veces cabe explicarlo. Por eso hay que analizar sus causas y luchar contra lo que contribuye a crearlo. En este terre­no es en general válido todo lo que nos lleva a un mundo mejor, más justo y equitativo, lo que ayuda a fomentar sistemas de buen gobierno y de im­perio de la ley, lo que refuerza un sistema multi lateral eficaz para la reso­lución de controversias como las Naciones Unidas y la lucha contra los transgresores de la ley, como hace la Corte Penal Internacional. Los ejem­plos podrían multiplicarse pero quiero destacar dos. Por una parte, con­tribuir a una solución del conflicto entre israelíes y palestinos neutraliza­ría una de las principales raíces del terrorismo islamista, siempre dispuesto a sublimar en violencia la frustración y vergüenza que les opri­me; lo que interpretan como permanente humillación del mundo árabe por Occidente (¡mucho más que Irak!). Por otra, y a otro nivel diferente, ayudar a los países árabes a luchar contra el terrorismo dentro de su pro­pio país, mediante las llamadas "cláusulas antiterroristas" que la UE in­cluye en muchos de sus acuerdos, y que tienen por objetivo cuestiones tan diversas como procurar un óptimo control de fronteras o la reforma y modernización de la policía, contribuyendo a dotarles de mejores meca­nismos para afrontar el problema.
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