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Política Exterior 137 Política Exterior

Por una relación contemporánea con Latinoamérica

por Áurea Moltó
Política Exterior nº 137, Septiembre / Octubre 2010

Número de páginas: 7
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La nueva realidad de América Latina y España exige una relación más contemporánea. Para alcanzar objetivos globales y bilaterales, los españoles pueden utilizar de forma más flexible los canales existentes, poner en valor su conocimiento y crear coaliciones.
Si se acepta Google como indicador de relevancia, Estados Unidos y España son los países que más interactúan con América Latina. Escribimos "América Latina y EE UU": 18.800.000 resultados. Sustituimos EE UU por "España": 17.300.000. "China": 9.500.000. "Unión Europea": 7.480.000. Escribimos "Iberoamérica": 3.440.000. Con independencia del tipo de documentos que muestre la búsqueda, estos números dicen algo sobre la producción académica, periodística, estadística en torno a las relaciones de América Latina con el mundo.
Pero solo un análisis más laborioso permite sacar conclusiones: en sus relaciones con América Latina y el Caribe, tanto EE UU como España necesitan un replanteamiento del discurso y, sobre todo, una política innovadora hacia una región transformada políticamente, con crecientes diferencias en su desarrollo económico y con mayor diversidad en sus relaciones internacionales. Aunque se ven afectados de distinta manera, no está siendo fácil para los dos socios tradicionales de América Latina adaptarse al nuevo mundo de los emergentes. El objetivo es reducir la retórica y redefinir los intereses, al tiempo que se elabora una agenda capaz de comprometer en los asuntos globales a los países de mayor peso en la región.
Por sus cifras totales de comercio, inversión, flujos de inmigración, remesas y ayuda al desarrollo para el conjunto de Latinoamérica, EE UU y España son los dos primeros socios de los latinoamericanos. A las cifras se añade una red de vínculos políticos, económicos, sociales y culturales que los diferencian de cualquier otro socio. Pero esto puede cambiar y, de hecho, ya ha cambiado respecto a algunos países. La llegada de China, hoy primer socio comercial de Brasil y con inversiones en rápido crecimiento en la región, es el ejemplo más claro de la transformación de Latinoamérica. Pero el cambio no se debe solo a la presencia de nuevos actores, sino que obedece fundamentalmente a transformaciones en los propios países del área.
El impacto de este cambio está siendo distinto para EE UU y para España debido a su diferente peso global, la proximidad física de los estadounidenses y la particular naturaleza de la relación de los españoles con América Latina y el Caribe. El primer efecto es una paulatina pérdida de influencia en la región. Aunque para ambos este declive tendrá un coste en términos estratégicos, para España puede ser especialmente alto.
El valor de las ideas
En EE UU, diversos centros de estudio y pensamiento especializados en América Latina han venido publicando desde antes de la llegada de Barack Obama a la presidencia una serie de informes sobre el estado de las relaciones hemisféricas. [ 1 ] A los elaborados informes se añaden análisis puntuales de los expertos en la región, el más reciente firmado por Abraham Lowenthal en Foreign Affairs el pasado julio, y cuyo título, Obama and the Americas: Promise, Disappointment, Opportunity, resume la opinión generalizada sobre la escasa atención prestada a la región y la necesidad de ajustar la política a la realidad actual latinoamericana, a lo que se comprometió la administración demócrata. [ 2 ]
Llama la atención la coincidencia en las conclusiones y recomendaciones de todos los estudios: Washington está perdiendo influencia en América Latina y es preciso elaborar una política diferenciada hacia países y grupos de países con los que existen intereses compartidos a nivel regional y global. Además de sacar adelante la reforma inmigratoria y los acuerdos comerciales pendientes con Panamá y Colombia, EE UU necesita una política activa en los grandes problemas de la región. Combate a la pobreza y la desigualdad, fortalecimiento institucional, narcotráfico, violencia, medio ambiente, seguridad energética y no proliferación deberían componer una agenda donde queden fuera los planteamientos ideológicos o los orientados a mantener tradicionales esferas de influencia. México, Brasil, Chile, Colombia y los más pequeños de Centroamérica y el Caribe serían los interlocutores prioritarios para poner en marcha esta política renovada.
También en España se está produciendo un análisis sobre el funcionamiento de la política hacia América Latina en el escenario de los emergentes y los cambios de la globalización. Sigue sin existir un verdadero think-tank español o europeo especializado en Latinoamérica que, como en EE UU, se ocupe de evaluar las orientaciones, acciones y resultados de la política hacia la región, de modo que los análisis cuenten con el respaldo de la institución y generen un intercambio de ideas con la administración. Sin embargo, varios expertos han presentado a lo largo del último año una serie de propuestas para renovar una política que, en términos generales, produce confusión entre los latinoamericanos, ha dejado de ser eficaz para algunos de los intereses de España y podría conducir a la irrelevancia.
Analistas como Vicente Palacio, desde el Observatorio de Política Exterior de la Fundación Alternativas, propone "olvidar Iberoamérica" y reinventar un "área de progreso entre América y la Unión Europea". Susanne Gratius, investigadora en la Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior, asegura que España no tiene una política estructurada hacia Latinoamérica porque se siente parte de la región, y defiende la creación de "un espacio ibeurolatinoamericano en el que confluyan los sistemas eurolatinoamericanos e iberoamericano". Para los dos expertos, los avances logrados en la Cumbre UE-América Latina y el Caribe (Madrid, 18 de mayo) deberían ser el primer paso hacia la unificación de los esquemas de relación de España con Latinoamérica. También hacia una política que comprometa a europeos y americanos (del norte, el centro y el sur) en una asociación estratégica en asuntos globales como la reforma de las instituciones financieras, las negociaciones sobre cambio climático, energías limpias, narcotráfico, inmigración y educación e innovación. Frente a la propuesta de globalizar la relación, Carlos Malamud, investigador principal para América Latina en el Real Instituto Elcano, defiende desde hace años reorientar la política iberoamericana, con un mayor bilateralismo, una mejor definición de los objetivos y eligiendo a los principales socios o aliados hemisféricos.
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NOTAS
  • [ 1 ]

    En mayo de 2008, el Council on Foreign Relations presentaba U.S.-Latin America Relations. A New Direction for a New Reality; en noviembre de ese año la Iniciativa Latinoamericana de Brookings Institution publicaba Re-Thinking U.S.-Latin American Relations: A Hemispheric Partnership for a Turbulent World; en marzo de 2009, en vísperas de la Cumbre de las Américas celebrada en Trinidad y Tobago, Inter-American Dialogue lanzaba A Second Chance: U.S. Policy in the Americas.

  • [ 2 ]

    Véase también Peter Hakim, "Obama y Latinoamérica: año II". Política Exterior 134, marzo-abril 2010.


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