La Carta Democrática Interamericana, aprobada por todos los gobiernos electos de América en 2001, se ideó para cumplir dos importantes objetivos: establecer las normas básicas de la práctica democrática y reforzar la determinación y la capacidad de los gobiernos del continente para defender colectivamente la democracia. Pero la Carta no establece criterios o procedimientos para determinar si se ha cometido una violación o para decidir qué medidas correctivas deben tomar las instituciones regionales y otros gobiernos. Y lo que es más importante, nunca ha existido entre los países firmantes la disposición de permitir una intervención colectiva en un asunto tan delicado como la democracia.
El progreso democrático de Latinoamérica y el Caribe dependerá principalmente del gobierno y los ciudadanos de cada país. Sin embargo, EE UU puede y debe defender la democracia en la región porque están en juego importantes asuntos. Para ello debería empezar a cooperar y mantener consultas periódicas con los gobiernos latinoamericanos en cuestiones políticas delicadas (además de confiar en sus opiniones y estar dispuesto a respetarlas), aunque a menudo, los latinoamericanos quieren resolver estos asuntos por su cuenta, y tienen capacidad para hacerlo.
Durante la Cumbre de las Américas Obama remarcó las cuestiones de derechos humanos en su debate sobre Cuba y también aludió al tema en su comparecencia final ante la prensa. Pero el presidente ha sido bastante tímido al hablar del brusco deterioro de las prácticas democráticas en algunos países de la región, especialmente en Venezuela y Nicaragua.
La defensa de la democracia por parte de Washington resulta más creíble y productiva cuando se pone en práctica de forma multilateral. La OEA, el principal foro multilateral del continente, debería tener una función destacada en el fomento y la defensa de las políticas democráticas en Latinoamérica y el Caribe, en conformidad con los dictados de la Carta Democrática. Algunos gobiernos han propuesto reducir el poder de la OEA y trasladar su autoridad a otras organizaciones latinoamericanas creadas recientemente. Estas nuevas agrupaciones han demostrado que pueden contribuir de forma importante y, a veces, han reforzado la labor de la OEA, que sigue siendo, no obstante, la única institución con autoridad legal y legitimidad para representar a los gobiernos del continente y actuar a escala regional. También es el único foro permanente en el que los gobiernos de Latinoamérica y el Caribe pueden colaborar de forma conjunta con EE UU.
El fracaso de Haití
Haití es el único Estado del continente que ha fracasado, o casi. En los últimos años la cooperación internacional en la que participaban otros países de la región, EE UU, Canadá y Europa, ha contribuido a lograr algunos avances en Haití (aunque, en los últimos meses, la situación del país ha empeorado). Desde hace cuatro años, las tropas de las Naciones Unidas en Hatí, la mayoría latinoamericanas y dirigidas por Brasil, han contribuido a mantener un nivel aceptable de orden y seguridad. Hay un gobierno elegido libremente, aunque su capacidad y autoridad son limitadas. Los problemas económicos siguen siendo muy graves. Teniendo en cuenta los huracanes que han arrasado el país en 2008, los altos precios de los alimentos (que provocaron disturbios generalizados y la expulsión del primer ministro) y la recesión estadounidense, la economía haitiana podría seguir hundiéndose, y crecer aún más la desesperación de los ocho millones de habitantes del país.
Ninguna administración estadounidense ha hecho lo suficiente por ayudar a Haití de forma sostenida. Aunque disponga de recursos limitados, ahora EE UU tiene la oportunidad de reforzar la cooperación interamericana de los últimos tiempos (incluida la atención prioritaria a Haití por parte de Canadá) y establecer un compromiso multilateral y a largo plazo con su desarrollo. La administración Obama podría tomar dos medidas para ayudar al país durante el actual periodo de dificultades extremas: suspender las deportaciones de emigrantes y refugiados haitianos sin papeles, y animar a los bancos multilaterales a que condonen la deuda de Haití. La visita de Clinton fue alentadora al dejar claro que EE UU estaba dispuesto a ejercer un papel más activo.
Una segunda oportunidad
Con América y el mundo sumidos en una crisis económica y EE UU enfrentándose a desafíos nacionales e internacionales más urgentes, la situación parece menos favorable que hace décadas para recomponer la relación hemisférica. El sentimiento de decepción con EE UU se extiende por toda la región. Los gobiernos latinoamericanos no confían en Washington, y muchos han llegado a dudar de que sea un socio fiable. Pero la actual mayor firmeza e independencia de América Latina y el Caribe puede allanar el camino hacia una relación más sana y productiva con Washington. De hecho, es posible que se den en la actualidad unas condiciones más favorables que nunca para el desarrollo de una colaboración sólida y a largo plazo.
La mayoría de los gobiernos latinoamericanos desea tener buenas relaciones con EE UU. Saben que es vital para sus intereses y que comparten algunos valores fundamentales. Quieren tener unos vínculos comerciales fuertes y mayores lazos económicos, y desean trabajar con EE UU para resolver otros problemas, regionales y mundiales. Hoy todos esperan que la presidencia de Obama traiga los cambios necesarios a las relaciones interamericanas.
El 10 de marzo The Inter-American Dialogue publicó su Informe 2009, en el que recomendaba a la adminstración Obama que, en lugar de intentar desarrollar una nueva visión o estrategia para la política de EE UU en el hemisferio, centrara su atención en una agenda de 10 retos. El informe sostenía que un esfuerzo pragmático y cooperativo para dirigir esos retos daría un nuevo vigor a las relaciones de EE UU con la región.
En las seis semanas que transcurrieron hasta la Cumbre de las Américas, Obama ha actuado en la mayoría de los asuntos de la agenda citada. Los pasos dados no han sido especialmente drásticos, de hecho, muchos de ellos son modestos. Pero, aparte de algunos asuntos cruciales relacionados con el comercio, la mayoría de los pasos van en la dirección correcta y han sido bien recibidos en América Latina y el Caribe (aunque con algunas críticas sobre el ritmo y el alcance del cambio). Ha sido un buen mes y medio para las relaciones entre EE UU y Latinoamérica. Si Obama tiene éxito en las iniciativas lanzadas en marzo y abril, los asuntos hemisféricos empezarán a mejorar.
Peter Hakim es presidente de The Inter-American Dialogue, con sede en Washington. Artículo elaborado a partir del informe "A second chance. U.S. Policy in The Americas", Washington, marzo de 2009.