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Pasajes 19 Pasajes

Los contratiempos de la emancipación de las mujeres

por Geneviève Fraisse
Pasajes nº 19, Invierno 2005

Número de páginas: 3
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Por lo tanto, estamos lejos de conocer el camino de la emancipación de las mujeres. Las figuras aquí recordadas muestran su límite y, sobre todo, atestiguan la dificultad de pensar cómo se trama, históricamente, la emancipación de las mujeres. Situar esta emancipación en el corazón de la transformación de una sociedad y afirmar la calidad de las mujeres como agentes de esta transformación son los dos principios establecidos por Charles Fourier y Amartya Sen. Algunos dirán que estos principios caen por su propio peso. Sin embargo, los modelos a los que se oponen -el del retraso a recuperar y el de la consecuencia asegurada-aún están vivos hoy. La dificultad de Pierre Bourdieu para integrar el contenido teórico y práctico del feminismo en un pensamiento tan consciente como el suyo de las dificultades para darle dimensión histórica al conflicto entre los sexos, hay que atribuirla a la fragilidad de un pensamiento de la emancipación de las mujeres, a menudo despreciado y deslegitimado.
Por lo demás, no se nos oculta que la inscripción de las mujeres en el corazón mismo del proceso de la historia tiene mucho que ver con el carácter instrumental de su participación. Sin las mujeres no hay felicidad o bienestar posibles, concluyen Charles Fourier y Amartya Sen. Sujetos de su emancipación, las mujeres son también el medio de la emancipación de otro. Por lo tanto, resulta imposible eludir la cuestión planteada anteriormente: ¿esta instrumentalización es problemática, acaba por oscurecer la esperanza de la igualdad de los sexos?. ¿El precio de la emancipación sería que las mujeres fueran a la vez el fin y el medio de una dinámica emancipadora? Es inquietante que su propio fin, la finalidad de su libertad, se acompañe siempre de argumentos que tienen que ver con otros más que consigo mismas.
Esta cuestión es fundamental, pero la solución parece improbable. ¿La libertad de las mujeres es una conquista para sí mismas o para el bien de otros? Más allá de las reflexiones de Amartya Sen, las instituciones internacionales se han apoderado de sus conclusiones y las metáforas abundan para describir el desarrollo que ha de llegar: las mujeres son su «palanca», su «yacimiento», en una palabra, el elemento determinante. La notable revista Equilibres et populations no duda en escribir, citando a Kofi Annan: «la igualdad de los sexos no es un objetivo en sí mismo, sino que es indispensable para alcanzar los otros objetivos, y ninguna estrategia de desarrollo será eficaz, si no concede a las mujeres un papel de primer plano» [ 5 ] . ¡Pues bien, sí, y hay que insistir en ello, la igualdad de los sexos y la libertad de las mujeres son un objetivo en sí mismos! Instrumento o finalidad, la emancipación de las mujeres se encuentra fundamentalmente atravesada por esta cuestión. Se puede alabar la radicalidad de los planteamientos de Charles Fourier o de Amartya Sen, se puede profundizar en los mecanismos a través de los cuales las mujeres pueden ser integradas en la fábrica de la historia, la cuestión siempre está ahí. Las mujeres son para sí mismas y para otra cosa, son un fin y un medio. Moneda de cambio o, mejor aún, medio de cambio en la historia política tanto como en la teoría histórica. Nuestra tarea, mía y de otras, es elaborar su historicidad con este dato que resiste a todo pensamiento de emancipación y de subversión, este pensamiento de la mujer que permanece como objeto, incluso cuando se convierte en sujeto de la historia y de su propia historia [ 6 ] .
Volvamos a nuestro primer planteamiento: la emancipación de las mujeres tiene dificultades para ser contemporánea de los movimientos de la historia global. Es requerida como una condición de participación en el ejercicio de la democracia o es vista como una consecuencia de un proceso revolucionario. Antes o después del mismo momento histórico, se le atribuye eventualmente un papel, una función al servicio de la historia general. ¿Por qué no? Pero antes de ir más lejos, subrayemos que las mujeres parecen ser las eternas «invitadas» de un proceso global, jamás completamente en su hora, siempre en situación de justificarse. De ahí hay que sacar la conclusión o más bien ofrecer una perspectiva, que la historia del feminismo conoce bien desde hace dos siglos: la temporalidad del pensamiento y de la acción feministas no está siempre en sincronía con el conjunto de los movimientos políticos. Exactamente, son a la vez contemporáneos y disjuntos, parecen poder compartir una dinámica y, sin embargo, ignorarse. Ejemplo en el dominio de la acción: las mujeres quieren trabajar, tener un empleo asalariado, y en ese mismo momento se asiste a sueños o proclamas sobre el fin del trabajo, se denuncia de la alienación y se suspira por el tiempo libre. Si ellas tienen esta voluntad de tener un empleo, es claramente porque en ello va su autonomía económica. Ejemplo en el dominio del pensamiento: la construcción del sujeto «mujer» ha sido reivindicada en el momento álgido de la crítica del sujeto occidental, al mismo tiempo que las reflexiones sobre la muerte del hombre. ¿Anacronismo o paradoja? Más bien contratiempo: los tiempos no son siempre los buenos, no son los mismos para todos. Estar en el momento justo es una imagen inadecuada para la historia de la emancipación de las mujeres. Otro ejemplo de actualidad: el primer Tratado europeo, firmado en Roma de 1957, dice, en su artículo 119, que es necesaria una igualdad de remuneración entre hombres y mujeres. El avance es notable, comparado con las diversas constituciones nacionales. Incluso podemos felicitarnos, aun reconociendo que ha sido necesario esperar a 1975 y 1976 para obtener unas directivas relativas a la igualdad económica de hombres y mujeres. Pero, sobre todo, hay que comentar la introducción de este artículo 119; y eso de dos maneras. En primer lugar, se puede ironizar sobre el hecho de que esta igualdad surja para impedir la concurrencia salarial entre hombres y mujeres, evidentemente desleal visto el estado no igualitario del mundo económico. Peor pagadas, las mujeres pueden servir de «esquiroles», en tiempo de huelga o no. Por lo tanto, es en función de un sistema económico, el de la concurrencia, que el objetivo de igualdad de los sexos es anunciado por primera vez en Europa. En cualquier caso, ironía de la historia. Por lo demás, recuerdo que la Convención europea de los derechos del hombre, fechada en 1950, no postula la igualdad más que desde el punto de vista negativo, con la enumeración de los «sin distinción de...» [ 7 ] . Subrayo de paso que la igualdad económica es el soporte ineludible de cualquier igualdad de los sexos... A continuación, y es mi segundo comentario, no le haremos ascos a esta entrada subrepticia de la mención crucial de la igualdad de los sexos. Poco importa el origen, la causa, la finalidad de esta mención, el artículo 119 ha sido colocado, al final, al servicio de un objetivo político, el de la igualdad. ¿Astucia de la historia? ¿Entrar por la puerta pequeña para salir por la grande?.
Este último ejemplo ilustra sencillamente el propósito de este artículo, reflexión sobre la temporalidad de la emancipación de las mujeres. Si los sexos también escriben la historia, sería ilusorio ver aquí una simple adición de un tiempo (de acción, de escritura) a otros tiempos históricos, confluencias de movimientos y de proyectos. El contratiempo es, me parece, la imagen más próxima de las distorsiones habituales y repetidas que constatamos frecuentemente cuando se trata de la historicidad de la cuestión de los sexos. El contratiempo dice lo inesperado y lo inoportuno. El feminismo es seguramente intempestivo y eso lo hace siempre frágil. Pero, aquí, quiero decir algo más. El contratiempo no es solamente el instante o el accidente; tiene una duración, temporalidad sin coincidencia con otras duraciones, desfase grande o pequeño. Tomar su medida debe permitir inscribir esta temporalidad en la historia.
Traducción de Rafael Tomàs
Número de páginas: 3
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NOTAS
  • [ 5 ]

    Equilibres et populations , n.º 85, abril-mayo 2003, pág. 2.

  • [ 6 ]

    Geneviève Fraisse, «Le devenir sujet et la permanence de l'objet», Nouvelles Questions Féministes , n.º 1, 2005, págs.14-23.

  • [ 7 ]

    Geneviève Fraisse, «Inscrire les droits des femmes, expliciter les droits de l'homme », en L a Controverse des sexe s , PUF, 2001, págs. 75-88. .


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