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Pasajes 16 Pasajes

Tratar objetos como personas Cosificación, pornografía y la historia del vibrador

por Jennifer Saul
Pasajes nº 16, invierno 2005

Número de páginas: 9
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La primera impresión que producen los chorros de agua es dolorosa, pero pronto el efecto de la presión, la reacción del organismo al frío, que hace que la piel se ruborice, y el restablecimiento del equilibrio, todo ello les crea a muchas personas una sensación tan agradable que es necesario tener la precaución de evitar que prolonguen [ellas]a el tiempo prescrito, que suele ser cuatro o cinco minutos. Después de las duchas la paciente se seca, se vuelve a ajustar el corsé, y vuelve con paso enérgico a su habitación.
Henri Scoutetten, médico francés (texto de 1843) (Maines, 13)
Este tipo de cura de agua representó un tratamiento muy efectivo contra la histeria, además de resultar muy popular entre las pacientes. Sin embargo, habilitar instalaciones debidamente equipadas era extremadamente caro, y esto limitaba el número de pacientes que podían hacer uso del tratamiento y el número de doctores que podían proporcionarlos.
Había, por tanto, demanda de una forma menos cara de tecnología para ahorrarse trabajo, y esto fue lo que dio lugar a los vibradores mecánicos para las consultas de los médicos. Dichos vibradores tenían una enorme base (de varios pies de alto) y mecanismos de funcionamiento a vapor, y los médicos a veces montaban «quirófanos de vibración» especiales para administrar el tratamiento. Esta solución era muy satisfactoria tanto para los médicos como para las pacientes, si bien de una forma diferente en cada caso. Los médicos podían proporcionar de forma fácil y eficaz el tratamiento para la histeria a un gran número de mujeres, quienes no dejaban de volver con regularidad para recibir más tratamiento.
A comienzos del siglo XX, sin embargo, los vibradores caseros comenzaron a ser ofertados directamente a las mujeres en revistas femeninas y de costura, haciendo uso de reclamos como «Todos los placeres de la juventud... vibrarán dentro de ti» (Maines, 19). El vibrador estaba considerado un aparato doméstico perfectamente respetable para la administración en el hogar de un tratamiento médico que restablecía la juventud y la alegría. Más y más mujeres de esta época dejaron de visitar a los médicos para recibir tratamiento porque ahora ya podían tratar su histeria en casa. El vibrador desempeñó este respetable papel hasta que empezó a aparecer en películas pornográficas en los años veinte. En ese momento acabó su vida como instrumento médico.
Análisis del estudio de caso
La historia del vibrador, en mi opinión, ofrece un ejemplo plausible de personificación, esto es, de usar un objeto a modo de persona. Podemos ver un proceso por el cual la tarea de darle a alguien satisfacción sexual, que en su momento era realizada por personas (médicos o comadronas) se confía gradualmente, y cada vez más por entero, a objetos (vibradores mecánicos). Las mujeres solían contratar a médicos para que ellos mismos las satisficieran sexualmente. Más a En el original aparece entre corchetes la palabra francesa del texto citado «elles» (N. de la T.) tarde empezaron a contratar a médicos para que les proporcionaran satisfacción sexual con la ayuda de la tecnología. Finalmente, se encontraron con que el rol de los médicos podía ser enteramente cumplido por la tecnología, y de este modo los vibradores vinieron a desempeñar exactamente la misma función sexual que los médicos habían tenido antes. Las mujeres, por tanto, estaban usando los vibradores en el rol, función o cualidad de médicos. Este caso se parece, por tanto, a un caso de personificación. De hecho parece un buen candidato a ser un caso de personificación sexual y, por tanto, perfecto para compararlo con el caso de la pornografía.
Lo primero que me propongo considerar sobre el ejemplo es la pregunta de por qué no parece insultante (ni para las mujeres ni para los médicos) decir que las mujeres estaban usando los vibradores como sustitutos de los médicos, o que los vibradores estaban desempeñando el papel de los médicos. Pretendo comparar esto con la inquietud, antes mencionada, que muchos de mis estudiantes y yo sentíamos al aseverar que los hombres utilizan la pornografía para que cumpla el papel de las mujeres, y por tanto que la usan a modo de mujeres. Antes, sin embargo, veamos más de cerca esta inquietud.
La afirmación «los varones emplean la pornografía para que cumpla el papel de las mujeres» parece llevar implícita una presuposición sobre el papel de las mujeres. A primera vista, de hecho, lleva implícita una presuposición referencial directa: que hay un único papel de las mujeres. Esta presuposición es probablemente una de las razones que explican el malestar de mis estudiantes: no querían aseverar o aceptar ninguna afirmación que les comprometiera con una visión tan limitada de las mujeres. Si añadíamos a esta presuposición la idea de que el papel de las mujeres es producir satisfacción sexual a los varones, mis estudiantes se ofendían cada vez más: no querían de ningún modo aceptar esta afirmación. Mis estudiantes entienden que ambas afirmaciones son insultantes para las mujeres, e insisten en que nadie que se tome en serio a las mujeres y su sexualidad debería aceptarlas.
No obstante, podemos hacer una lectura alternativa. Según esta lectura, son los varones (no quienes aseveran o aprueban dicha afirmación) quienes están presuponiendo que las mujeres tienen un rol único. Quien asevera o está de acuerdo con la afirmación no está necesariamente comprometido con la idea de que las mujeres tengan un único rol. Sin embargo sí lo estarían los varones; en el debate en cuestión, además, se dice de ellos que estarían comprometidos con la idea de que esta función es la de producir excitación sexual a los varones. Estas afirmaciones sobre la visión que los varones tienen de las mujeres también molestan a mis estudiantes: las encuentran insultantes para ellos. Más aún, insisten en que estas afirmaciones no son ciertas: los hombres no consideran que las mujeres tengan una única función de tipo sexual, la de producir satisfacción sexual a los varones.
Sin embargo no parece tan problemático hablar sobre mujeres que usan vibradores para que cumplan el rol de los médicos, y creo que esto es porque no tenemos problema alguno en aceptar, o en entender que otros acepten, la idea de que el papel del médico en el tratamiento de la histeria es precisamente el que desempeña el vibrador. Probablemente, la razón de que esto no parezca problemático es que «médico» es el nombre de un trabajo. No parece erróneo hablar de la función de un médico, pero sí parece problemático considerar que «mujer» sea el nombre de un trabajo, y hablar, por tanto, de la función de una mujer.
Creo además que nos sentimos más cómodos con la idea de que el vibrador en efecto está cumpliendo el papel de un médico que con la idea de que la pornografía está cumpliendo el papel de una mujer. La razón de esto, me parece, no está desvinculada de lo que acabamos de discutir: la función del médico en el tratamiento de la histeria está definido claramente. Lo que las mujeres querían cuando acudían a sus médicos era que se les administrara algún procedimiento que culminara con el paroxismo histérico, y probablemente no les importaba demasiado qué procedimiento fuera, quién lo aplicara, o qué relación tuvieran con esa persona. Suponer que lo que los varones quieren del sexo con mujeres pueda ser definido de esa forma tan limitada parece menos probable. Así que mientras que es fácil ver que un aparato mecánico podía desempeñar para las mujeres el papel que cumplían los médicos, no es tan fácil ver que un artículo pornográfico pueda cumplir el rol sexual que las mujeres desempeñan para los varones (si es que hay tal rol, algo que, como ya vimos, tenemos razones para dudar). De modo que no solamente encontramos menos insultante la afirmación de que los vibradores cumplen la función de los médicos que la de que la pornografía está haciendo el papel de las mujeres, también tendemos a pensar que es más probable que sea cierta.
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