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Pasajes 16 Pasajes

Tratar objetos como personas Cosificación, pornografía y la historia del vibrador

por Jennifer Saul
Pasajes nº 16, invierno 2005

Número de páginas: 9
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b) porque nos sentimos incómodos diciendo algo que se podría considerar que nos compromete con la visión de que las mujeres tienen ese rol.
Ahora ya podemos empezar a ver un vínculo entre personificación y cosificación. Los únicos usuarios de pornografía de los que se puede decir que la usan a modo de mujer son aquellos que consideran que la mujeres tienen un rol claramente definido, el de proporcionar satisfacción sexual a los varones. En mi opinión, tenderíamos a considerar a un varón así como alguien que cosifica a las mujeres. Y hay una buena razón para esto: un varón así trata a las mujeres meramente como un medio para sus propios fines (y los de otros varones).
Tratar a alguien meramente como un medio se considera a menudo la principal forma de cosificación. Si esto es correcto, entonces los varones que usan la pornografía a modo de mujeres serán sencillamente aquellos que cosifican a las mujeres, puesto que de otro modo no podríamos decir de ellos que usan pornografía a modo de mujer.
¿Pero qué ocurre con las mujeres de nuestro estudio de caso? Tal y como sugería, parece acertado decir que usaban los vibradores para que cumplieran el papel de los médicos, y que por tanto usaban los vibradores como médicos. Si esto es correcto, obviamente la siguiente pregunta (en este contexto) es si esto estaba conectado con algún sentido de cosificación.
Lo primero en lo que hay que fijarse es que, en mi opinión, el hecho de que las mujeres usaran los vibradores para que cumplieran la función de los médicos no hace que nos preocupemos por si las mujeres estaban cosificando a los hombres, o más concretamente, por si estaban cosificando a los médicos. De hecho, si hay algo que nos molesta de todo esto, parece más bien que se medicalizaran y malentendieran las necesidades y deseos sexuales de las mujeres.
Pero el hecho de que lo que estas mujeres hacían no nos produzca ningún reparo moral no contesta todavía a la pregunta de si estaban o no cosificando a los médicos. Las mujeres de nuestro estudio de caso veían a los médicos con un rol claramente definido en el tratamiento de la histeria, y sentían que ese rol podía ser igualmente desempeñado por vibradores.
En cierto sentido, las mujeres estaban tratando a los médicos meramente como medios para sus propios fines, y por tanto, probablemente, en algún sentido los estaban cosificando. Sin embargo no parece tan evidente que esto fuera algo malo. Quizá pues la moraleja sea que no toda cosificación es mala. (Aunque puede que sea conveniente señalar que probablemente sí que pensamos que sería mejor que las mujeres no tuvieran que ver así a los médicos, es decir, que fueran capaces de obtener satisfacción sexual de relaciones plenas con otras personas, o incluso de dársela a sí mismas, más que tener que contratar a alguien que lo hiciera por ellas.)
Otra posibilidad es que lo que estas mujeres estaban haciendo no constituyera un caso de cosificación. Es decir, tratar a otras personas meramente como un medio para los fines propios, aunque está conectado de forma importante con la cosificación, no es suficiente por sí mismo para decir que hay cosificación. Esto parece razonable. Después de todo, es muy común usar a personas para que realicen una función, y a menudo éstas son funciones que pueden realizar objetos -por ejemplo, un lavavajillas. Sería muy extraño mantener que cada vez que usamos a una persona para que desempeñe una función como ésa constituya un caso de cosificación. Esto sugiere que se necesita algún elemento más para poder hablar de cosificación. No obstante, tratar a una persona meramente como un medio parece estar estrechamente vinculado a la cosificación -como mínimo, es una condición necesaria clave de una forma fundamental de cosificación. Puede entenderse por tanto que el trato de las mujeres hacia sus médicos involucraba un componente crucial de la cosificación. Pero para determinar si estas mujeres estaban cosificando a sus médicos o no necesitaríamos averiguar exactamente qué se requiere para poder hablar de cosificación, y esto es algo que excede los propósitos de este trabajo.
Hemos visto que, sorprendentemente, la personificación y la cosificación parecen estar conectadas, después de todo. La conexión real es que la personificación presupone un elemento crucial de la cosificación: se puede atribuir personificación a alguien si también podemos tomar por verdadera la correspondiente atribución de que trata a otros meramente como medios para sus propios fines. Si pensamos que un varón en particular considera que el rol de las mujeres es simplemente el de proporcionarle placer sexual, nos sentiríamos bastante cómodos diciendo de él que usa la pornografía para que desempeñe el papel de una mujer, o incluso que usa la pornografía a modo de mujer. Pero es que ese varón ya es alguien que ve y trata a las mujeres sencillamente como un instrumento para conseguir sus fines. Esto indica que ya está presente un elemento crucial de la cosificación.
La verdadera conexión entre personificación y cosificación
Más aún, al contrario que en el resbaladizo caso de las mujeres y sus médicos, parece bastante claro que un varón así es alguien que cosifica a las mujeres. Así que es el hecho de que cosifica a las mujeres lo que nos permite decir que personifica la pornografía. Si por el contrario, un varón no piensa que las mujeres tengan un rol claramente definido, entonces no tendrá sentido decir de él que usa la pornografía a modo de mujer. No podemos entender en qué consistiría que la pornografía desempeñara el rol de una mujer cuando estamos hablando de alguien que no asigna ningún rol particular a las mujeres (esto es, si nosotros mismos no asignamos ningún rol a las mujeres).
¿Qué grado de conexión hay, entonces, entre el uso de la pornografía como mujer por parte de los varones y la cosificación de las mujeres? Bien, la respuesta es compleja. No siempre pensaremos que es correcto describir el uso masculino de la pornografía como un varón usando la pornografía a modo de mujer. (De hecho, muchos de nosotros pensaremos en muchas ocasiones que esta descripción es incorrecta.) Pero cuando sí creamos que es correcta, será porque pensamos que el varón en cuestión es ya alguien que cosifica a las mujeres.
He concluido por tanto que existe una conexión entre personificación y cosificación, y que ésta no se limita al uso masculino de la pornografía y de hecho puede que no sea ejemplificada por él. Más bien esta conexión consiste en que, en general, no podemos entender realmente que alguien está personificando objetos a menos que ya pensemos que tiene esa determinada actitud que constituye un elemento clave de la cosificación. No necesitamos preocuparnos, por tanto, por que la personificación de cosas conduzca a la cosificación de las personas. Si acaso, deberíamos preocuparnos por el hecho de que la cosificación de personas conduzca a la personificación de objetos, pero dado que esto no nos preocupa moralmente no es muy probable que nos vaya a quitar el sueño.
Traducción de Marta I. Moreno Pizarro
Referencias bibliográficas
Haslanger, Sally (1993), «On Being Objective and Being Objectified» en Louise M.
Antony y Charlotte Witt, A Mind of One's Own: Feminist Essays on Reason and Objectivity , Boulder, CO,Westview, págs. 85-126.
Langton, Rae (1993), «Speech Acts and Unspeakable Acts», Philosophy and Public Affairs
22, 4, págs. 293-330.
- (1995), «Sexual Solipsism», Philosophical Topics 23, 2, págs.149-187.
MacKinnon, Catharine, (1993) Only Words. Cambridge, MA, Harvard University Press.
Maines, Rachel (1998), The Technology of Orgasm: «Hysteria,» the Vibrator and Women's
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