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Tratar objetos como personas Cosificación, pornografía y la historia del vibrador

por Jennifer Saul
Pasajes nº 16, invierno 2005

Número de páginas: 9
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La noción de cosificación, que a menudo se define vagamente como tratar a personas como objetos, ha sido durante mucho tiempo una preocupación central del feminismo, en especial con respecto al trato a mujeres como objetos. Recientemente las feministas han comenzado a mostrar su preocupación por algo estrechamente relacionado pero en principio más desconcertante, que es tratar objetos a modo de personas, algo a lo que me referiré como «personificación». Algunas feministas -desde luego no todas-, han destacado la pornografía como un tema de especial preocupación. Afirman que la pornografía está vinculada de forma importante con la cosificación de las mujeres. El reciente interés en la noción de personificación surge de la preocupación por la pornografía.
Catherine MacKinnon describe el uso de la pornografía como algo que conlleva «sexo entre personas y cosas, entre seres humanos y papeles impresos, entre varones de carne y hueso y mujeres irreales» (1993, 109). Rae Langton (1995) y Melinda Vadas (inédito), partiendo del trabajo de MacKinnon, ofrecen argumentos para afirmar que la personificación de la pornografía está constitutivamente conectada a la cosificación de las mujeres: esto es, cuando la pornografía se usa a modo de mujer, las mujeres sencillamente son usadas como objetos.
Esta afirmación, que Langton extrae del trabajo de Vadas, suena bastante disparatada. Y de hecho creo que los argumentos de Langton y Vadas están profundamente equivocados. Sin embargo, creo también que dicha afirmación, o posiblemente otra estrechamente relacionada con ella, es verdadera. Sí que existe una conexión constitutiva entre personificación y cosificación, pero la conexión que yo extraigo es muy diferente de la que Langton y Vadas sugieren. Y esta conexión, que es la que considero válida, no puede servir para argumentar en contra de la pornografía.
Cosificación, personificación y el argumento.
Tratar a personas como objetos (cosificación)
Vadas/Langton Se ha demostrado que es extremadamente difícil alcanzar una concepción clara de lo que es la cosificación, y de hecho existe una enorme variedad de perspectivas en la literatura [véase por ejemplo Haslanger (1993), Langton (1995) y Nussbaum (1999)]. La idea más generalizada es que cosificar es tratar a personas de un modo que sería apropiado para objetos pero no para personas. Por ejemplo, se puede decir que un varón cosifica a las mujeres si no tiene en cuenta las necesidades, deseos y fines de las mujeres, y las considera sólo un medio para su propia satisfacción sexual.
Tratar objetos como personas (personoficación)
Tratar objetos como personas, es decir, lo que yo llamo «personificación», es una noción muy poco estudiada. No obstante, resulta evidente que aquello a lo que se refiere no puede ser al resultado de tratar objetos como si fueran personas, sin más. Podemos ver esto a partir de una breve reflexión sobre el caso de la pornografía: nadie en su sano juicio afirmaría que el usuario normal y corriente interactúa con, digamos, una revista exactamente de la misma forma que lo haría si ésta fuera una persona.
El argumento Vadas-Langton a favor de la conexión constitutiva entre personificación y cosificación hace uso de una interpretación diferente de la noción de personificación. Según este argumento, un varón usa la pornografía a modo de mujer si la emplea para que desempeñe el rol, la función o la cualidad de una mujer. Vadas mantiene que eso es precisamente lo que sucede cuando se utiliza pornografía. (Los argumentos de Vadas y Langton se centran exclusivamente en el uso heterosexual masculino de la pornografía en la que aparecen mujeres.) De hecho, Vadas define pornografía como «cualquier objeto que haya sido fabricado para satisfacer el deseo sexual mediante su consumo sexual u otro uso sexual a modo de mujer» (Langton, 180; Vadas, 21-22). Vadas explica que «a modo de mujer» significa «en el rol, función o cualidad de» una mujer (Langton, 152). Para Vadas, el uso al que va destinada la pornografía es el de producir satisfacción sexual. (Me resulta extraño afirmar que la pornografía está pensada para satisfacer el deseo sexual, al menos tan extraño como afirmar que eso es lo que hace. Encontraría mucho más plausible mantener que la pornografía está hecha para suscitar el deseo sexual.) Esto parece que compromete a Vadas con la afirmación de que «el rol, función o cualidad» de una mujer es la de producir satisfacción sexual. Por definición, pues, usar pornografía es usar una cosa -una hoja impresa de papel, por ejemplo- a modo de mujer.
Llegados a este punto uno puede sentirse preocupado, como les pasó a muchos de mis estudiantes cuando discutíamos esto, ante lo siguiente: decir que usar pornografía implica usar hojas impresas de papel como mujeres, resulta bastante insultante para las mujeres. La afirmación sugiere que es posible identificar para qué son las mujeres y que dicha finalidad es la de generar satisfacción sexual masculina. En lugar de esto también es posible entender (como hicieron otros de mis estudiantes) que lo que la afirmación asume en realidad es que son los varones quienes conciben a las mujeres con una determinada finalidad -la de generar satisfacción sexual. Estos estudiantes encontraron la afirmación insultante para los varones. En mi opinión ambos grupos de estudiantes tienen todo el derecho a sentirse molestos, y volveré a estas preocupaciones más tarde, puesto que de hecho son cruciales para lo que argumentaré. Pero, por ahora, me gustaría dejar de lado este asunto.
El argumento
Langton y Vadas usan las afirmaciones reseñadas anteriormente para construir argumentos a favor de que «cuando los artefactos pornográficos son usados como mujeres, ipso facto las mujeres son tratadas como objetos» (Langton 1995, 179).
El argumento principal, que es el que me interesa aquí, se sirve de la afirmación de Vadas de que los objetos se identifican por sus funciones. Este principio tiene cierta plausibilidad como afirmación general -cuando uso mi sofá para dormir, es probablemente una cama, y cuando utilizo un plato como cenicero es un cenicero. Vadas considera que este principio es particularmente plausible cuando se trata de la satisfacción de apetitos: nada excepto la comida puede satisfacer el hambre, luego cualquier cosa capaz de cumplir la función de comida (satisfacer el hambre) tiene que ser comida.
Según Vadas, como ya vimos, pornografía es «cualquier objeto que haya sido fabricado para satisfacer el deseo sexual mediante su consumo sexual u otro uso sexual a modo de mujer» (Langton 1995, 180). Más aún, Vadas deja claro que, en su opinión, el propósito de los fabricantes se cumple, esto es, que la pornografía se usa a modo de mujer. Esto por sí mismo sugiere que para ella la pornografía es una mujer. Pero el asunto es aún más claro, ya que el deseo sexual es un apetito. Nada podría satisfacer el deseo sexual excepto el objeto apropiado para ello. En opinión de Vadas, esto hace aún más evidente que lo que satisface el deseo sexual de los varones cuando usan pornografía tiene que ser una mujer. Los materiales pornográficos, por tanto, son mujeres (al menos cuando se usan según el propósito para el que van destinados).
Para Vadas, esto es mucho más que una sorprendente afirmación de carácter ontológico sobre la pornografía. Ella afirma que esto tiene además una consecuencia crucial: Vadas sugiere que las mujeres, debido a la pornografía, pertenecen a una categoría ontológica en la que están incluidas tanto ellas mismas como ciertos objetos inanimados, como por ejemplo hojas impresas de papel. Vadas defiende que, debido a esto, las mujeres están en una categoría de cosas que son no-necesariamente-personas, y que «acciones propias de las personas tales como el consentimiento son, por tanto, conceptualmente irrelevantes para el sexo con mujeres» (Langton 1995, 191; Vadas, 26-28).
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