www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Nueva Revista de Política, Cultura y Arte 73 Nueva Revista de Política, Cultura y Arte

El retorno a las Humanidades

por Antonio Fontán
Nueva Revista de Política, Cultura y Arte nº 73

Número de páginas: 3
imprimir

DIVERSIFICACIÓN DE LAS DISCIPLINAS

Los historiadores de la ciencia y por tanto también los de la educación suelen decir que, hasta finales del siglo XVII no se puede hablar seriamente de especializaciones en ambas materias. Des Cartes y Pascal fueron notables matemáticos y grandes filósofos, y tienen inscritos sus nombres con caracteres de oro en la historia de tan diversas disciplinas. Hace poco más de medio siglo, las facultades alemanas de ciencias se llamaban Filosofía II, aunque estuvieran totalmente separadas de las de Humanidades o Filosofía 1. En España, hasta 1930, en la antigua facultad de Filosofía y Letras sólo se conocían tres secciones o especialidades -filosofía, letras e historia-. Hoy se ofrecen unas cincuenta titulaciones distintas en el grado profesional o de licenciatura. En las escuelas o facultades científicas y tecnológicas ocurre algo semejante, quizás incluso con una dispersión todavía mayor.

Esta fragmentación académica no es meramente burocrática ni caprichosa. Es la consecuencia de la creciente especialización de las ciencias y las otras disciplinas, a la que se une la complejidad de cada una de ellas, que exige una dedicación práctica y pedagógicamente exclusiva. La materia o facultad que cada escolar cultive es absorbente y sólo ha de ir acompañada o precedida por el aprendizaje de los saberes básicos correspondientes a ella: matemáticas, física, química, derecho romano, bioquímica, lengua, etc.
FUNCIONES DE LAS HUMANIDADES
La gran diversidad académica implica que sería irreal (y probablemente inoperante) pretender introducir disciplinas de Humanidades en los planes de estudio de otras facultades o escuelas. Sin embargo, es un hecho de experiencia que cualquier dedicación profesional de grado académico superior necesita apoyarse en unas bases filosóficas -lógicas y metafísicas- para la observación y el análisis, poder expresarse con corrección gramatical, discutir y persuadir con eficacia retórica -o sea, dominar la lengua- y situar mentalmente la propia tarea científica o profesional en el espacio temporal en que se ejercita, es decir, en la Historia -en la historia general y en la de la disciplina-. Esas son las funciones que corresponde desempeñar a las disciplinas humanísticas.
Como venimos insistiendo, las disciplinas humanísticas no son científicas del mismo modo que las materias experimentales. Y en lo que se refiere al sistema educativo, en todos sus grados, tienen una función distinta de ellas. Las ciencias experimentales están destinadas a dotar al joven escolar de nuestros días de un lenguaje para leer el libro de la naturaleza y para estudiar la enciclopedia de las innumerables aplicaciones de la tecnología, comprendidas las que permiten que el hombre, con su acción material o con su fuerza mental, penetre en la naturaleza, utilice su potencial o modifique su curso. Son, por así decir, los saberes del «texto» o ciencias de la naturaleza.
Las Humanidades, por el contrario, si se me permite seguir utilizando este lenguaje, serían las disciplinas del «contexto», o los saberes -no me gusta decir ciencias- de la cultura. Las primeras enseñan a uno cuál es su medio y lo sitúan en él, las segundas le explican qué hace uno ahí, y por qué y para qué está donde está.
CADENCIAS EDUCATIVAS DE HOY
En un sistema escolar en que no se llega a la universidad hasta después de los dieciocho años y donde hay no pocas carreras de cuatro cursos, parece razonable que, para la enseñanza superior, se exija una formación humanística, cultural y técnica, que cubra esas necesidades que podrían llamarse mínimas. Las pruebas de acceso a la universidad tendrían que ser rigurosamente exigentes y estar orientadas a valorar la formación intelectual y cultural que ha alcanzado el aspirante. A los papers o ejercicios escritos, sería ideal que pudiera agregarse una entrevista que no fuera arbitraria. No sería excesivo aplicar, para la entrada en la universidad, métodos de selección análogos a los que hoy se emplean para acceder a un trabajo. Para que eso se pueda lograr, es absolutamente indispensable que, en todas las variedades de bachillerato que se creen como escalón para llegar a los estudios universitarios de cualquier escuela o facultad, los estudios de las Humanidades se lleven la parte del león de la fábula de Fedro.
¿Y luego, dentro ya de la facultad o escuela? Siendo realistas, parece que sólo puede pensarse en acciones complementarias. En mi opinión, esto habría de hacerse básicamente en tres líneas. Una es la de las lecciones de docentes o profesionales de otros campos, los seminarios, coloquios, debates, mesas redondas, que muy frecuentemente pueden tomar como punto de partida asuntos de actualidad. Por ejemplo, al estudiar en las escuelas de ingenieros o militares, o en las facultades de comunicación el caso del submarino ruso, harían falta nociones de geografía e historia del Ártico, geopolítica, energía nuclear y seguridad, geoestrategia de las grandes potencias, etc. Y así con las crisis energéticas, que necesitan, para ser entendidas, el contexto de la historia de la energía -desde la rueda y la palanca hasta el reactor atómico-, la geografía del petróleo, su historia y las proyecciones de futuro, las aplicaciones del derecho internacional político y comercial etc.
Otra segunda línea para la realizaciones de las que he llamado «acciones complementarias» es la colaboración interdisciplinar dentro de la universidad, facultad o escuela, hacedera y de evidente necesidad.
La tercera, en fin, es la que se puede poner por obra cada día en el trabajo académico. La metodología de cualquier disciplina es, sustancialmente, una cuestión filosófica. Las ciencias experimentales trabajan por el método inductivo -inducción primaria y secundaria-, mediante la formulación de hipótesis que han de someterse al banco de pruebas de los hechos, elaborando deducciones lógicas, o clasificando realidades naturales o hechos de experiencia y tratando de explicarlos. Todo lo cual remite, en última instancia, a la dialéctica, los «analíticos», la retórica y hasta la política de Aristóteles, que es uno de los grandes padres de las Humanidades que tanto preocupan en estos tiempos.
Ya he constatado antes que la academia de nuestra época es la continuación de las universidades que nacieron en el siglo XIII. Estas fueron la institucionalización -legitimada por el poder público de entonces- de las escuelas que no habían dejado de existir nunca, por oscuros que hubieran sido algunos siglos. Su historia es una sinuosa sucesión de altibajos en los que no todos los momentos frieron gloriosos. Ocurrió muchas veces que las renovaciones del pensamiento, de las ciencias, de las letras y, en general, de los saberes tuvieron lugar al margen de sus claustros. Así sucedió, por ejemplo con el humanismo. Petrarca y Erasmo no fueron nunca profesores. Ni Des Cartes ni otros muchos de los grandes nombres que jalonan la historia de las ciencias.
Pero la Universidad de nuestra época tiene funciones análogas a las de los otros períodos de su historia: crear ciencia y fomentarla -también los saberes humanísticos- y formar los profesionales de grado superior que demanda la sociedad.
Número de páginas: 3
imprimir


¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Viernes, 14 de Noviembre de 2008 19:26:22