Hace años Mario Jursich, subdirector de la revista El Malpensante (Colombia), me dijo que en el momento de plantear el nacimiento de la revista estaban cansados del modelo francés. No querían ensayos aburridos. El Malpensante publica textos tipo New Yorker ; textos inteligentes, satíricos, y sobre todo, exquisitos. Se leen de un tirón. Su misión-desde hace poco más de seis o siete años- ha sido provocar y crear una especie de diálogo intelectual con sus lectores. «En Colombia -me dijo en otra ocasión- la gente resuelve sus peleas con balas. Nosotros proponemos pelear con palabras». Su sección de cartas es extensa y tan sólida como sus artículos más sesudos. Hay de todo: cine, literatura, ficción. Incluso periodismo puro y duro: el año pasado ganaron el premio nacional de crónica con un magnífico texto sobre Afganistán que ocupó todas las páginas de la revista.
Pero el premio mayor para todos ellas es algo que hace veinte, treinta años, era impensable: ¡las leen! En Colombia El Malpensante , Mundo , Arte en Colombia (mejor conocida por fuera del país como Art Nexus ) y Número ; Etiqueta Negra en Perú; Barcelona , La Mujer de mi Vida y Llegás a Buenos Aires en Argentina; Wow , la famosa Letras Libres , dirigida por Enrique Krauze, que de alguna manera se ha querido ver a sí misma como heredera de Vuelta , la clásica revista de Octavio Paz; Nexos y la lujosa Artes de México , The Clinic y Rocinante en Chile; Plátano verde en Venezuela; la lista es mucho más larga, pero por deficiencies de memoria o por simple ignorancia, se me quedan varias por fuera. Pero puedo decir que todas son admirables. Vengan de donde vengan. Libres. Independientes. Alegres. Y cada vez con propuestas más osadas y maravillosamente canallas como Barcelona y The Clinic que, por su lado, hizo su estruendosa aparición en Santiago de Chile mientras Pinochet se encontraba preso en Londres.
Éstas son las que se salen del molde de manera más estruendosa y radical, con propuestas que definitivamente no son las más convencionales. Lejos de la contracultura, y dentro del propio «establecimiento», hay sin embargo casos excepcionales como Ñ , del diario Clarín de Argentina.
Es una mezcla entre El País Semanal y Babelia que sólo cuesta 50 centavos y tiene tal éxito que se vende aparte del diario. «No pagaría mucho más por la revista, pero así está bien», me dice el mismo Marchetti. «Te enterás de varias cosas y, si te interesa un libro, vas y te lo comprás -continúa-. O vas a ver esa muestra, o te comprás un disco. Algunas entrevistas están bien, porque tienen un espacio importante para que hable gente que siempre rinde en las entrevistas:
David Viñas, Juan José Sebreli, Ricardo Piglia o César Aira, por ejemplo, todos polemistas brillantes.La competencia -sólo en la Argentina- no se queda atrás y Radar y Radarlibros , de Página 12 , son una contraparte dura y aguerrida: en sus páginas se sienten presencias tan potentes como la de Rodrigo Fresán y Alan Pauls.
En Colombia, país que vivo y sufro, los suplementos culturales de los diarios no tienen ese peso. Hace poco salió un suplemento excepcional, Semana Libros , de la revista Semana . No ha tenido continuidad pero es una promesa interesante. Sus pocas apariciones -dos o tres- han generado ese cariño tan necesario por los libros y por un comentario filoso. Por ahora sólo hay que conformarse con el recuerdo del magazín dominical de El Espectador . Todos los nerds de mi generación alguna vez descubrieron allí un autor o una referencia que luego se hizo indispensable, de no ser por el magazín nunca hubiera conocido autores como Kerouac o Ambrose Bierce. Yo era un muchacho de provincia y en mi ciudad no había -todavía no hay- una sola librería decente.
Y finalmente esa es la misión de las revistas culturales. Ser el caldo de cultivo para subversivos y perezosos, para inconformes y para gente que «quiere leer pero no tiene el hábito de comprar libros», como dice Julio Villanueva Chang. Son la cuna de los intelectuales de cada generación.
Hace poco salió al mercado, bajo el sello Lumen, en coedición con la Universidad Nacional de Colombia, una antología de artículos de la revista cultural más importante de Colombia y tal vez de América Latina hace cincuenta años: la revista Mito . Entre sus páginas encontré una verdadera joya: la crítica de Pedro Páramo , hecha por Carlos Fuentes, que dice: «Con Pedro Páramo , publicada recientemente por el Fondo de Cultura Económica en su serie Letras Mexicanas, el joven Juan Rulfo renueva y fertiliza el campo de la novelística mexicana», ¡se imaginan! ¡El joven Juan Rulfo!
Esperemos que los jóvenes que publican ahora sean leyendas dentro de cincuenta años... por ahora tienen una ventaja: internet. La clase intelectual de América Latina está más conectada que nunca: el email reemplazó la vieja correspondencia, ha aligerado todo y, como en este caso, un texto puede viajar miles de kilómetros sólo con un send .