www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España

 >> arce.es


Última actualización: (CET)


Nueva Revista de Política, Cultura y Arte 73 Nueva Revista de Política, Cultura y Arte

El retorno a las Humanidades

por Antonio Fontán
Nueva Revista de Política, Cultura y Arte nº 73

Número de páginas: 3
imprimir

La palabra «Humanidades» proviene del latín, pero así, en plural, no se utilizó nunca en esa lengua. En singular, humanitas tenía todos las acepciones de la voz española «humanidad», excepto la de designar la totalidad del género humano. Su significación original era la de «condición humana» o «naturaleza humana».
El autor que más emplea humanitas en sus diversos valores es Cicerón (106-43 a. C.), aunque la palabra existía en latín antes de él, como prueba su presencia en la obra de algún contemporáneo del orador, una generación anterior a la suya. Pero ya en Cicerón el campo semántico de humanitas se extiende al ámbito de la educación, ocupando el lugar de la paideia griega, que significaba la educación de niños y jóvenes, así como sus contenidos y sus métodos, con inmediata proyección sobre la escuela. En uno de sus discursos más conocidos, la defensa del poeta Arquías, Cicerón utiliza la expresión artes ad humanitatem. Artes, en ci latín de todas las épocas quiere decir, entre otras cosas, «disciplinas» o «saberes», pero «saberes» o «artes» que se enseñan y que se aprenden.
Artes son la gramática, la retórica, la poética, la dialéctica o lógica y las otras materias que se estudian en las escuelas e integran los sistemas educativos. Desde el final de la Antigüedad, y durante la Edad Media y el primer siglo de la Modernidad, es frecuente la referencia a las siete artes liberales, que constituyen el currículo académico o plan de estudios más común en el mundo de cultura latina. (El filósofo español Juan Luis Vives es autor de un extenso tratado de disciplinis, en el que se recorren sistemáticamente estas disciplinas o artes, criticando sus métodos de estudio y enseñanza y postulando su modernización en la línea, entonces renovadora, del pensamiento de los humanistas).
Estas siete artes, que se distribuían en los dos departamentos del trivium y del quadrivium, tenían un carácter práctico. Tanto las artes de la palabra y del pensamiento que formaban el trivium -gramática, retórica, dialéctica- como las artes de lo mensurable y lo sensible -aritmética, geometría, astrología y música- que integraban el quadrivium.
Cicerón, en su discurso, dice que todos estos saberes (y quizá otros, porque el texto ciceroniano no es excluyente ni se presenta como exhaustivo) tienen algún tipo de vínculo o especial relación entre ellos. Todos tienen que ver con la humanitas, que es como el campo en que se mueven o el lugar en que convergen. «Todas las disciplinas (artes) que corresponden al ámbito de la cultura (humanitas) tienen entre sí cierta vinculación y una especie de parentesco». Humanitas en este lugar significa claramente cultura, educación, pedagogía, etc. Esas artes ad humanitatem son las que han hecho a Cicerón orador y sabio. Constituyen los denominados studia liberalia o liberalissima, que por su condición sociológica son los propios del hombre libre no esclavo.
En el latín posterior a ese momento clásico ciceroniano, humanitas sigue cubriendo los campos semánticos de condición humana y de clemencia, pero también este otro de pedagogía y cultura. De ahí provino que, ya en el siglo XVI, a los estudiosos o cultivadores de las letras, y muy particularmente de las latinas, se les empezara a llamar, primero en italiano, y pronto en español, «umanisti» y «humanistas». Esta última es la palabra con que Baltasar de Céstedes, yerno del famoso lingüista Francisco Sánchez «el Brocense», en un libro del año 1600, designa al hombre culto por excelencia. Poco después, Cervantes llama humanista a un médico distinguido, al que cita también como poeta en el Viaje al Parnaso publicado en 1613. Lo mismo ocurre después en otras lenguas.
Cuando en la Edad Media, a principios del siglo XIII, se formaliza el sistema universitario -París, Oxford, Bolonia, Salamanca-, las escuelas o facultades son de dos órdenes diversos: un orden, el integrado por las facultades mayores o profesionales -Derecho, Teología y Medicina- y otro, el de las «menores». Ese esquema organizativo subsiste en España hasta las reformas de la primera mitad del siglo XIX. En Salamanca se puede visitar y admirar el patio de las escuelas menores, en lugar aparte y a poca distancia de la espléndida gran portada plateresca del edificio principal de la Universidad. Las facultades o escuelas de artes menores comprendían, al nivel y a la altura de aquellos tiempos, los saberes humanísticos. Sus estudios debían cursarse previamente a los de la facultades mayores para aprender el latín y esas artes del pensamiento, la palabra y la medida que, empezando por la gramática, llegaban por la vía de la dialéctica a las distintas partes de la filosofía.
Una vez que se habían superado (con el B.A. o bachillerato de artes) los estudios de esa facultad «menor», se podía seguir cursando ya los grados de las facultades mayores o profesionales, de las que saldrían los juristas, teólogos y médicos que la sociedad demandaba. (En las universidades americanas, con los mas diversos currículos, las arts o humanities llenan los estudios de los cuatro años del college).
Yo creo que la penetración del plural humanidades en los diversos niveles de la educación se produce por la vía del inglés, en donde parece que en el siglo XVIII se empleaba humanities para designar el bloque de saberes de aquel entonces, que correspondía a los que antes se habían llamado artes, en el sentido general de disciplinas, y que nosotros ahora, en un debate pedagógico que se extiende por todos los países de cultura occidental, hemos vuelto a llamar Humanidades.
EL DOMINIO DE LA CIENCIA EMPÍRICA
El contexto social y cultural de los estudios en la Edad Contemporánea ha conocido un enorme desarrollo de las disciplinas experimentales, que consisten, sustancialmente, en una clasificación y sistematización racional y científica de las informaciones o conocimientos que se obtienen mediante la observación de la naturaleza, y las repeticiones y ensayos de laboratorio, así como sus aplicaciones e invenciones tecnológicas.
La ciencia del siglo XIX -y también la del xx- y los saberes tecnológicos se caracterizan por su gran confianza en la superioridad de estas disciplinas respecto de las humanísticas. Son ciencias empíricas, racionales, sistemáticas y aplicables, por lo tanto útiles. El sentir común de nuestro tiempo está impregnado de la idea de que esa superioridad es verdadera.
En las épocas dominadas por el positivismo y por el materialismo, desde la orgullosa seguridad del científico empirista, se ha tendido a desdeñar a las humanidades como mcta palabrería, o poco más. Y desde las arenas movedizas de todos los relativismos no se acierta a ver en ellas un lugar en que se asienten valores o principios consistentes, que sirvan para la formación y el desarrollo de la personalidad del que las estudia o practica. Esta communis opinio de la superioridad de las ciencias respecto de las humanidades ha producido importantes efectos sobre el conjunto de la sociedad e incluso sobre la comunidad de los estudiosos y cultivadores de los saberes humanísticos. Algo que es «científico», o se puede presentar como tal, suele estar rodeado de un halo de prestigio casi mítico. Cuando una afirmación o una reflexión son calificadas de científicas se acabó la discusión: scientia locuta, causa finita.
Número de páginas: 3
imprimir


¿Desea opinar sobre este artículo en el foro? Pinche aquí.

Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Viernes, 10 de Febrero de 2012 14:02:41