La insignificancia de la acción individual
En pocos casos la contribución personal a la resolución de un problema ambiental puede ser percibida como más insignificante que en el caso del cambio climático. ¿De qué sirve dejar el coche en casa o acometer reformas en nuestro hogar para mejorar su eficiencia energética si estas medidas no son seguidas por la mayoría? La percepción de la acción individual como insignificante resulta ciertamente paradójica, ya que las emisiones de gases invernadero están repartidas entre millones de fuentes y es la agregación de esa infinidad de fuentes la causa de los problemas. Y aunque, ciertamente, no podemos equiparar el escape de un automóvil privado a las chimeneas de una gran siderurgia, actuar sobre las causas del problema supondrá también cambiar esos millones de comportamientos personales que generan las emisiones.
Lo cierto es que la percepción de la insignificancia de la acción individual nos lleva a esperar a que otros actúen primero, antes de realizar sacrificios individuales considerados como importantes.
Las dudas sobre la importancia del problema
A pesar de la existencia de nuevos datos, más precisos, y la progresiva mejora de los modelos sobre el clima, el sistema climático es extraordinariamente complejo y el conocimiento humano sobre su evolución está sujeto a incertidumbres que, en mayor o menor medida, seguirán existiendo en el futuro. Por otra parte, algunas organizaciones que defienden el actual
status quo energético amparan y difunden activamente las visiones de científicos
escépticos , contribuyendo a alimentar las dudas, incluso sobre aspectos sobre los que existe un amplio consenso científico
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En estas circunstancias, son muchos los que dudan sobre la auténtica gravedad del problema y rechazan la necesidad de actuar de forma decisiva "cuando aún no se conocen todos los datos".
Diversos estudios apuntan, de hecho, que la existencia de incertidumbres en torno a los problemas ambientales desincentiva o desmoviliza a la hora de poner en marcha respuestas eficaces
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La dilución de las responsabilidades propias

El fenómeno del cambio climático se debe a unas emisiones que resultan ser la suma agregada de numerosas contribuciones personales e institucionales, lo que contribuye a diluir el sentimiento de responsabilidad personal sobre el problema. La atmósfera es una gran bolsa común a la que van a parar todas las aportaciones y resulta muy difícil relacionar los impactos del cambio climático con emisores específicos de gases invernadero.
Otro factor que contribuye a diluir responsabilidades es la distancia espacial y temporal que puede separar a emisores y víctimas del cambio climático.
Contextos difíciles
Frecuentemente la organización de lo colectivo (la configuración del espacio urbano, el conjunto de productos y servicios disponible...) hace muy difícil tomar opciones personales de baja energía ante la inexistencia de alternativas adecuadas.
El estatus del automóvil en muchas zonas rurales y periurbanas de nuestro país puede servirnos para ilustrar esta situación. Una larga tradición de apoyo a esta modalidad de transporte, junto a una pérdida de calidad (o simple inexistencia) de alternativas de transporte público, ha hecho que la movilidad basada en el automóvil privado deje de ser una opción para convertirse en fórmula cuasi-única, con unas alternativas cada vez más difíciles. Se generan así auténticos círculos viciosos que hacen cada vez más complicado romper con las fórmulas de alta energía y que cierran el paso a otras opciones.
Reorientar la comunicación sobre el cambio climático
Tras este breve repaso a algunos de los escollos que dificultan el conocimiento ciudadano y la acción responsable frente al cambio climático parece obligado considerar como un serio reto lograr avances en estos campos. Hay que tener en cuenta, además, que la relación de dificultades presentada es parcial e incompleta; si descendemos a escenarios concretos, seguramente podemos identificar nuevas barreras, relacionadas con la cultura local o con las percepciones e intereses específicos de determinados actores sociales. Las motivaciones para optar por alternativas limpias o ahorradoras de energía, así como las barreras que dificultan la capacitación o la acción ahorradora pueden variar sustancialmente dependiendo de los contextos y de los sectores analizados.
El pedagogo brasileño Pablo Freire escribió que "la cuestión está en como transformar las dificultades en posibilidades", una apreciación sin duda aplicable al caso que nos ocupa. ¿Qué tipo de iniciativas o estrategias nos pueden ayudar a impulsar el conocimiento, la sensibilidad social, la acción ciudadana responsable frente al cambio climático en el momento actual? A continuación se presentan algunas ideas en este sentido.
La divulgación sobre cambio climático debería tener en cuenta de forma muy especial las ideas previas de la gente y utilizar estrategias efectivas para ponerlas en entredicho. Por ejemplo, diversos autores han propuesto el empleo de comparaciones y analogías para facilitar la comprensión de algunos de los aspectos que chocan de forma abierta con nuestras percepciones. El grosor de la atmósfera terrestre, por ejemplo, ha sido comparado con la piel de una manzana, representando ésta a nuestro planeta
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Las predicciones del IPCC, según las cuales la temperatura media global se incrementará entre 1,4 y 5,8ºC en el presente siglo, serán valoradas con mayor atención si se hace notar que desde la última glaciación, época en la que el hielo cubría la mayor parte de Europa, la temperatura media global tan sólo ha ascendido entre 3 y 5ºC. Pequeñas variaciones de temperaturas medias pueden traducirse en grandes cambios y en la naturaleza existen abundantes ejemplos de ello que pueden incorporarse a los mensajes divulgativos.
Por otra parte, resulta imprescindible reforzar las iniciativas orientadas a facilitar la comprensión de las relaciones causa-efecto entre consumo, gasto energético y emisiones generadas. Entre ellas destacaremos el etiquetado de productos y servicios clave, el rediseño de las facturas de productos y servicios energéticos o la difusión de los programas de cálculo de emisiones.
Tratar de forma clara y abierta la cuestión de la incertidumbre, su naturaleza, las áreas en que se localiza, seguramente sea el mejor modo de que comprendamos mejor los posibles futuros en relación con el cambio climático. El empleo de modelos y escenarios, constituye una buena fórmula para atisbar futuros posibles y limitar el rango de incertidumbre en el que nos movemos. Un excelente ejemplo, en este sentido, es el análisis realizado por el IPCC sobre la evolución del cambio climático a lo largo del siglo XXI, basado en la definición de diversos escenarios, en función de las emisiones que tengan lugar.
Valorar los motivos para un cambio

Diversos estudios sobre las razones que animan a la gente a actuar de forma responsable en relación con el uso de la energía indican que la conservación del medio ambiente y la mitigación del cambio climático no son las motivaciones principales de los comportamientos ahorradores. Por ejemplo, en el ámbito doméstico, a la hora de emprender acciones de ahorro y eficiencia, pesan a menudo aspectos relacionados con el confort doméstico (existencia de corrientes de aire, habitaciones frías...).