Actualmente no se sabe para qué sirve la parte de genoma de los seres vivos superiores (plantas o animales) que no son genes y que representan más del 95% del total de genoma. Por ello, no es de extrañar que el proceso de manipulación de los cultivos pueda dar lugar a efectos indeseados e imprevistos, a veces apenas perceptibles, o que se manifiesten únicamente en situaciones de estrés, y se han detectado problemas de inestabilidad genética importantes en los OMG. De hecho, más del 99% de los
eventos vegetales transformados mediante ingeniería genética han de ser eliminados dado que al desarrollarse las plantas
logradas (¡las que supuestamente han sido transformadas con éxito!) aparecen rasgos aberrantes, no intencionados ni deseados, según reconocen las propias compañías biotecnológicas
[ 2 ] . Es también significativo que en la soja resistente al herbicida Roundup de Monsanto, por ejemplo, se detectara la presencia de secuencias de ADN extrañas incorporadas a la planta involuntariamente ¡al cabo de varios años de cultivo!
[ 3 ] . Estudios realizados en Francia en 2003 han revelado la inestabilidad genética de muchas de las variedades comercializadas
[ 4 ] .
Quien no busca, no encuentra

El moratorio en la comercialización
de transgénicos se ha levantado
a pesar de la fuerte oposición social. |
Sin embargo, una de las primeras revisiones científicas del procedimiento de evaluación de riesgos, realizado por la Royal Society de Canadá en 2001
[ 5 ] , revelaba que el diseño de los análisis y las pruebas utilizados en la determinación de la seguridad de los OMG no tenía en cuenta los efectos no buscados en el proceso de manipulación genética -imprevisibles y precisamente los más preocupantes -, por lo cual difícilmente podría detectarlos. Podría pasar desapercibida la presencia en los alimentos de sustancias alergénicas desconocidas, de nuevas toxinas y de alteraciones inesperadas potencialmente perjudiciales para la salud o con un impacto ambiental negativo. El informe concluía que a la alarmante falta de estudios sobre riesgos había que sumar una creciente y no menos preocupante dependencia del sector público de la financiación privada, un evidente obstáculo para el desarrollo de determinadas líneas de investigación y para una evaluación crítica.
En la UE, un informe publicado en 2001
[ 6 ] criticaba el proceso comunitario de autorización de OMG, afirmando que los datos proporcionados por las empresas -que sirven de base para la evaluación de riesgos por parte de las autoridades- eran notoriamente deficientes en términos de calidad estadística, y que no se había tomado medida alguna en los casos en que se habían detectado diferencias en la composición del OMG (p. ej. Bt11, T25 y MON810) y/o los estudios toxicológicos (incluyendo los ensayos animales), a pesar de que el OMG debiera haberse sometido a nuevas pruebas para descartar posibles riesgos. Más recientemente, en un análisis pormenorizado de los últimos dictámenes de la Agencia de Seguridad Alimentaria Europea (ASAE) publicado en abril de 2004, Greenpeace
[ 7 ] concluía que el proceso de evaluación de este comité, encargado de velar por la seguridad de los alimentos a escala europea, dista mucho de ser tranquilizador.
En EE UU, país que se suele poner como ejemplo de seguridad (a quien no le suena aquello de que "en EE UU se los llevan comiendo desde hace años sin que pase nada, y se somete los OMG a un proceso exhaustivo de pruebas antes de autorizarlos"), el proceso de evaluación de riesgos es aún mas aleatorio. El departamento encargado de vigilar la seguridad de los alimentos es la Food and Drug Administration (FDA)
[ 8 ] , pero son las compañías quienes realizan las pruebas necesarias para demostrar su inocuidad -igual que en la UE-, con la agravante de que la información presentada tiene carácter voluntario. Una publicación de enero 2003 del Center for Science in the Public Interest
[ 9 ] , en la que se desmenuza el procedimiento de autorización, revela que este carácter voluntario reduce a mero trámite el proceso de evaluación, limitándose el dictamen de la FDA a un resumen de la documentación aportada por la compañía ¡con una coletilla en la que la administración afirma que la compañía asevera que el producto es seguro!
Por otra parte, la falta de etiquetado en EE UU y una legislación insuficiente en la UE no han permitido hasta ahora hacer estudios epidemiológicos ni un seguimiento de los efectos de los OMG, que pueden pasar desapercibidos o manifestarse al cabo del tiempo, como ocurrió en su día con los pesticidas. El colegio de médicos británico (British Medical Association), reclamaba en marzo de 2004 estudios sobre las repercusiones a medio y largo plazo de los OMG en la salud humana y en el medio, señalando que los escasos trabajos rigurosos realizados se limitan a un análisis de los efectos a corto plazo. Las normas de liberación y etiquetado de la UE en absoluto constituyen un certificado de la seguridad e inocuidad de los alimentos transgénicos, que está por demostrar, pero permitirán al menos, -aunque de forma insuficiente - estudiar posibles efectos nocivos en la población. Dicen en mi pueblo que el que no se consuela es porque no quiere.
Por otra parte, el tiempo ha dado la razón a quienes pronosticaban que el desproporcionado empeño de las compañías en desarrollar variedades resistentes a sus propios herbicidas (no olvidemos que cerca de un 85% de la superficie mundial de transgénicos está cultivada con variedades cuyo rasgo fundamental es la tolerancia a herbicidas) iba a conducir a un incremento en la utilización de este tipo de agroquímicos, contaminantes y dañinos para la salud, y a la aparición de malas hierbas y a la aparición de malas hierbas resistentes. Y las demás promesas de los promotores de los cultivos transgénicos siguen sin cumplirse: los rendimientos de los OMG no se han incrementado, sino que en muchos casos han empeorado, y las mejoras cualitativas que tanto se pregonan distan mucho de ser realidad.
Isabel Bermejo es responsable del Área de Biotecnología de Ecologistas en Acción