En la posguerra, una vez consolidada la nueva situación, y con el fin de dar continuidad a logros anteriores a la contienda, José Miguel de Barandiarán convirtió la localidad vasco-francesa de Sara en un centro cultural parangonable al que se había formado en torno a Axular (escritor navarro del siglo XVII, autor de
Guero , obra considerada modélica para la prosa vasca) e inició, en 1943, la segunda serie de
Eusko-Folklore . Todo ello era continuación de su dedicación a tareas previas, alentadas por instituciones creadas a comienzos del siglo XX, como la Sociedad de Estudios Vascos o la Academia de la Lengua Vasca ; a partir de 1921, el laboratorio de Etnología y Eusko Folclore, así como el Centro de Investigaciones Históricas, nacidas en Vitoria bajo la dirección de Barandiarán, pasaron a ser instituciones sostenidas por la Sociedad de Estudios Vascos. La figura de José Miguel de Barandiarán es merecedora del respeto más absoluto, acrecentado aún más conforme se nos va alejando en el tiempo; quizá no sea del todo erróneo afirmar que su teoría sobre la formación prehistórica de la etnia vasca (inseparable, claro está, de la lengua) está en la base de
Quosque tandem de Oteiza (1964) y de cierta teorización nacionalista, pero ello no le atribuye responsabilidad alguna, pues también Caro Baroja fue discípulo de Barandiarán y llegó a profesar un rigor histórico y etnográfico de enorme calado al hablar de la prehistoria de los vascos
[ 9 ] .
Hacia la misma época, en 1945, salió en San Sebastián el
Boletín de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País , fiel al ideario del conde de Xavier Mª de Munibe, conde de Peñaflorida, con el fin de retomar los "Extractos" que las Juntas de la Sociedad acostumbraban a publicar en el siglo XVIII
[ 10 ] . José María Díaz de Mendívil, Julio de Urquijo y José María de Areilza eran, respectivamente, los presidentes de las Sedes de la Bascongada en Álava, Guipúzcoa y Vizcaya en el año de 1944 al que corresponde el proyecto. No es casual que Julio de Urquijo impulsara a comienzos de siglo la ahora centenaria
Revista Internacional de Estudios Vascos (RIEV) , que comenzó a publicar sus excelentes volúmenes en 1907. La
RIEV es digna de ocupar un lugar de honor en la preguerra; en su primera etapa, comprendida entre 1907 y 1936, que alcanzó dimensiones colosales en su género, acogió en sus páginas de entonces escritos de Menéndez Pidal, Américo Castro, del propio Julio de Urquijo, George Lacombe, Hugo Schuchardt, Meyer-Lübke y un largo etcétera, junto a traducciones de Humboldt y otros que, siendo mejorables desde las exigencias actuales, cumplieron en su momento un papel de gran trascendencia.
Refiriéndose a la década de los cuarenta, Edorta Kortadi ha escrito: "Dentro del país...se va a plantear hacia 1940-45 un cambio de eje creativo. Hasta la guerra, la metrópoli coordinadora había sido Bilbao, ahora comenzará a serlo San Sebastián"
[ 11 ] . La labor cultural de la Diputación de Guipúzcoa no fue ajena a ello; de hecho, escritores vascos de la posguerra, que habían encontrado refugio en
Eusko-gogoa, revista fundada en Guatemala por Jokin Zaitegi en 1950 y dirigida por A. Ibiñagabeitia en el exilio, acabaron publicando en la fecunda
Egan , vinculada a la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y en cierto sentido tutelada por Euskaltzaindia-Academia de la Lengua Vasca.
Todo ello no puede desvincularse del despegue protagonizado por la prensa en el primer tercio del siglo XX como consecuencia de hechos económicos y sociales bien conocidos; los lectores (en menor medida, lectoras, incorporadas más tardíamente a los hábitos de la lectura) ampliaban su horizonte vital con la oportunidad que todo ello les brindaba
[ 12 ] . Pensemos que los habitantes de Bilbao, que en 1875 se cifraban en 30.000, habían pasado en 1920 a engrosar la cifra de 101.500, y los de el área de la Ría, en su conjunto, de 65.000 en 1877 a más de 250.000 en 1920. Ya en 1930 el País Vasco y Madrid estaban por encima de la media de renta nacional (casi duplicada por Cataluña, por otra parte) y la situación cultural había progresado considerablemente respecto al siglo anterior; en 1930 el 20% de la población española era analfabeta, frente al 73% de 1860. Ahora bien, aunque hubiera descendido notablemente el analfabetismo y aunque el auge de la prensa en territorio vasco fuera grande en el primer tercio del siglo XX, a través de la prensa se puede comprobar que los años anteriores a la guerra siguen dibujando una sociedad regida por el sermón dominical y el mitin callejero. Conscientes de ello, ciertos sectores sociales y personalidades de relieve reclamaban la creación de una Universidad en el País Vasco, limitada a unos cuantos estudios incluso hasta después de la muerte de Franco; ya en 1930 se produjeron manifestaciones en favor de la autonomía universitaria en el país, que volvieron a registrarse más tarde con más o menos fuerza. Generaciones de médicos habían salido a cursar sus estudios a Salamanca, Valladolid, Zaragoza, Madrid, al extranjero en casos excepcionales, pues la Universidad privada, en la que se formaron algunos intelectuales vascos y que nutría al País de empresarios, carecía de ciertas titulaciones
[ 13 ] .
Estoy plenamente de acuerdo con Jon Juaristi cuando afirma que, en los años cincuenta, en el País Vasco: "Bajo un régimen dictatorial de inspiración católica, la Iglesia tenía un poder omnímodo para organizar la vida cotidiana de la población"
[ 14 ] . Seguramente vinculado a ello, el papel de las mujeres era siempre secundario; mujeres de considerable valía intelectual y gran actividad no ocuparon la posición social que, de haber sido hombres, les habría sido asignada en su momento; tal fue el caso, por poner un ejemplo, de la guipuzcoana Mª Dolores Agirre.
Antes he mencionado a Carmen Baroja y Nessi, nacida en Pamplona en 1883, que había cursado los estudios colegiales en Valencia y San Sebastián, y distribuyó luego su vida entre Vera y Madrid, donde murió en 1950. Sirva una pincelada para llenar el vacío de conocimientos que tenemos sobre esta figura que empezó a publicar en la revista literaria
Mujer a partir de 1938 (revista de lecturas y moda dirigida por Roberto Martínez Baldrich y publicada en San Sebastián entre 1937-1949), firmando como
Vera de Alzate . Escribió también varios textos que han caído en el olvido; su semblanza nos ha sido rescatada recientemente por Amparo Hurtado gracias a la edición de
Memorias de una mujer de la generación del 98 [ 15 ] , de enorme fuerza y muy valiosas (¡también había mujeres escritoras en esa generación junto a gigantes como Unamuno, Maeztu, Zuloaga o el propio Pío!).
Por otra parte, y quizá como compensación a excesos cometidos en los comienzos de la posguerra y con el deseo de equilibrar la balanza de los hechos que relegaron el mundo vasco a una situación injusta (paralela, no se olvide, a las de otras áreas, geográficas o sociales según los casos, peninsulares), se había ido generando un sentimiento de reivindicación de "lo vasco" (entendiendo por tal la lengua vasca y la cultura ligada a ella) de forma que casi todo indicio de progresismo quedó vinculado en la posguerra al respeto y reivindicación de la lengua vasca y su cultura
[ 16 ] . En este clima reaparece en 1956
Euskera , publicación de Euskaltazindia o Academia Vasca de la Lengua Vasca , fundada en 1918 en Oñate, entre cuyos cuatro fundadores volvemos a encontrar a Julio de Urquijo. El final de los años cincuenta y comienzos de los sesenta queda grabado en la historia por el nacimiento de ETA, que impregna de un tenor diferente y propio a la forma de concebir lo vasco o el problema vasco, tal como se ha prolongado hasta el día de hoy.