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Las mujeres en el mundo árabe. Un breve contexto

por Islah Jad
Culturas nº 7, Mayo 2010

Número de páginas: 7
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El Informe de Desarrollo Humano Árabe sobre el Empoderamiento de las Mujeres en la Región Árabe (AHDR2006, en sus siglas en inglés) mostró que el contexto de los mecanismos de las mujeres en la región es distinto en los países ricos en petróleo y los países pobres o altamente poblados. En estos últimos, los contextos económicos, políticos, sociales, culturales e institucionales están, en general, más desarrollados en relación con el activismo y los roles de las mujeres en comparación con los países ricos en petróleo. No obstante, países como Egipto, Argelia, Marruecos, Yemen y Sudán, por ejemplo, han sufrido mucho por políticas de ajuste estructural y la disolución de la mayoría de las empresas estatales.
Dos décadas de liberalización continua culminaron en una ola más agresiva aún, caracterizada por la inclusión de muchos Estados árabes en algunos acuerdos de zona franca con Estados Unidos y la Unión Europea, con arreglo a los cuales Israel debe ser un socio (con Jordania y Egipto de forma directa, y de forma indirecta con algunos otros Estados árabes, incluidos Marruecos y algunos países del área del Golfo). Este esfuerzo internacional de Estados Unidos, la Unión Europea, las multinacionales y organizaciones de ayuda internacional por acelerar la privatización condujo a crecientes disparidades sociales y pobreza, acompañadas de protestas y resentimiento político. Los últimos años han provocado crecientes movimientos sociales y disturbios en protesta por el continuo declive de la calidad de la comida, el agua y los medicamentos (Yemen, Egipto, Marruecos, Jordania, Líbano). Esta situación plantea a muchos movimientos de mujeres y mecanismos nacionales de género (organismos gubernamentales encargados de la integración de las cuestiones de género) debates y retos serios sobre el mejor modo de hacer frente a la creciente y cada vez más profunda pobreza, así como al ascendente autoritarismo y represión política (AHDR 2009).
Las reformas institucionales exigidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional condujeron a un dramático declive en el contenido y la dimensión de los servicios civiles. Esto a su vez afectó a las zonas rurales y condujo a crecientes diferencias sociales entre hombres y mujeres en zonas urbanas y rurales, y entre clases urbanas medias y bajas. También condujo a una creciente protesta social y alimentó muchas formas de movimientos islámicos en la región. (AHDR, 2004; Jad 2005). El paulatino poder de las distintas organizaciones y grupos islamistas supuso una grave presión para los movimientos de mujeres y los mecanismos nacionales de igualdad de género, que en su mayor parte dependían totalmente de sus gobiernos. Los Estados árabes siguieron varias estrategias para hacer frente a los movimientos de oposición, que iban desde tenerlos en cuenta hasta embarcarse en un enfrentamiento absoluto con ellos (Palestina, Egipto, Sudán, Yemen, Argelia y Túnez). Esta situación hizo que algunos movimientos de mujeres y mecanismos nacionales, aún débiles y en una fase embrionaria, quedaran "rehenes" de sus Estados, que sufrían -y siguen sufriendo- de un grave declive de legitimidad y apoyo popular. Los mecanismos nacionales de género se distanciaron de los temas relacionados con la opresión política y se centraron en preservar y ampliar los servicios sociales y las ayudas.
En la mayoría de los países de la región, la contención de las protestas sociales y políticas se convirtió en una prioridad y dio lugar a un continuo incremento de los presupuestos de "seguridad" (AHDR 2004). Esto dejó pocos recursos disponibles para otros sectores en desarrollo, incluidos los esfuerzos dirigidos al empoderamiento de las mujeres.
LAS MUJERES Y LOS MOVIMIENTOS DE OPOSICIÓN
Los movimientos islámicos en la región cubren un amplio espectro, con una gran variedad interna. La amplia mayoría de los mismos representan fuerzas sociales extendidas y tienen profundas raíces populares, como consecuencia de su práctica durante muchos años de una acción social y política entre la gente normal. En general, la mayor parte de los movimientos islámicos mayoritarios tiene opiniones conservadoras con respecto a los derechos de las mujeres y la igualdad de género, y ha mostrado cierta hostilidad o crítica a los mecanismos universales de derechos de las mujeres, como las Plataformas de Pekín o la CEDAW (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer). Sin embargo, muchos han experimentado importantes cambios en las últimas dos décadas con respecto a su posición sobre ciertos temas sociales, como el respeto a los derechos humanos, la buena gobernanza y la democracia, que serán cruciales en el futuro (Líbano, Palestina, Egipto, Túnez y Marruecos).
Dichos cambios harán imposible caracterizar a los movimientos islámicos, si llegaran al poder, como teocráticos o anti-mujeres. Y esta caracterización no es posible debido al hecho de que la mayoría de estos movimientos mayoritarios son testigos del notable crecimiento de un liderazgo progresista en sus generaciones más jóvenes, en un momento en el que estas generaciones están alcanzando cada vez más la cúpula de sus jerarquías organizativas. Además, hay una creciente actividad de las bases demandando más democracia interna. Estos cambios positivos, sin embargo, no implican que las corrientes islámicas mayoritarias hayan conseguido eliminar todas las preocupaciones de otras fuerzas sociales en los países árabes con respecto al impacto negativo que podrían tener en la libertad y la buena gobernanza si llegaran al poder, especialmente con respecto a los temas de mujeres y minorías. Las reacciones negativas por parte de las fuerzas hegemónicas, dentro o fuera del mundo árabe, ante los posibles resultados de una reforma islámica que puede no resultar aceptable para ellos, siguen siendo los obstáculos potenciales más importantes a la reforma en los países árabes. Estas reacciones crean ambientes negativos para los mecanismos de género nacionales, que son considerados por estos movimientos como mecanismos apoyados por las mismas fuerzas hegemónicas que están en el poder. Un ejemplo fue el rechazo por parte de ciertos regímenes árabes y algunas fuerzas mundiales a la arrolladora victoria en 2006 del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) en las elecciones legislativas palestinas, que fueron consideradas libres y limpias. Este rechazo condujo a una grave división política que casi llevó a la parálisis a los mecanismos nacionales de género. Una respuesta similar siguió al éxito de los Hermanos Musulmanes en las últimas elecciones legislativas de Egipto (AHDR 2006).
LA LARGAMENTE ESPERADA REFORMA POLÍTICA
Número de páginas: 7
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