En la sala siguiente, junto a planos y fotos del mundo visto desde satélites, hay un marcador impactante: el de la gente que somos en el mundo, y se actualiza cada segundo. Avanza a un ritmo de más de una persona por segundo. Si uno lo mira con atención le absorbe un sentimiento imparable de que, ¡Dios mío!, esto se está llenando (el primer día los humanos de este mundo éramos 6.391.299.000 más o menos; dos días después: 6.391.803.000, crece sin cesar, no para). Debajo del marcador general, está el de nacimientos y muertes diarios. Cuando yo lo miraba, a las dos y pico del mediodía, los nacimientos llevaban ya casi 203.000 y los muertos eran "sólo" 84.000.
El resto de la muestra mueve a la esperanza, como debe ser. Nos cuenta cómo serán las ciudades sostenibles del futuro y nos da consejos sobre qué debemos rectificar en nuestra vida diaria: "Más no es mejor". Ante unas manzanas que simbolizan la simplicidad una señora dice: "Sí, yo con una manzana ya me conformo".
A la salida de la exposición gente del todo el mundo nos espeta desde una pantalla que "tú decides" qué mundo quieres. Hasta una china nos dice "ni jueding" y un alemán "die Entscheidung ist deine" o un inglés, más claro, "it's up to you".
Aún no he comido y ver ver, ya lo he visto todo. Aún me queda la tarde para pasearme entre los montones de cositas y tropezones que llenan el recinto, sin olvidar los espectáculos. Así que para verlo, un día basta y sobra. Para admirar cada esquina con pausas, conviene algo más.
Me como un plátano
Mientras hago cola para la comida, una chica me toca el brazo: "¿Tú eres periodista?"
-¿Yo, por qué?
-Te he visto por ahí preguntando.
-Sí, bueno, ¿no se podía hacer? ¿Por qué me lo preguntas?
-No, por nada, soy de la organización. No pasa nada.
Y se va. Me quedo sorprendido: ¿me habrán vigilado? En el Fórum, si preguntas, eres periodista.
Me toca pedir la comida. Escojo unos pinchos morunos y unas verduras a la plancha. No están mal. Luego vuelvo al puesto a por el postre. Yo lo que quiero es un pastel de queso -con colorantes y grasas saturadas-, pero veo unos plátanos un poco chuchurríos que parecen mucho más ecológicos y sanos. Movido por el espíritu del Fórum, animado por la simpatía de los trabajadores del recinto, intento yo mismo colaborar a hacer un mundo mejor y a cuidarme y me como un plátano. Decido que en la frugalidad de un simple plátano se condensa lo que la buena gente que ha montado este Fórum quiere de mí. Así que hoy el Fórum para mí es un plátano, la mar de rico. El Fórum quizá no hará un mundo mejor, pero a mí me ha animado a comer un plátano, lo que a mi abuela le costaba mucho de conseguir.