Quizá ayude la geografía. Cabo Verde es un archipiélago alejado de la costa africana y de amplia mayoría católica -"un 96,3 por ciento de católicos", especifica con orgullo Bemvindo-, aunque convive, reconocían, con la práctica oculta de tradiciones africanas.
Uno de los grandes problemas que tienen los jóvenes es la falta de escuelas y que la universidad sea privada y muy cara, así que sin beca no hay quien estudie. Pero ellos, como quieren ser sacerdotes, se han acogido a la oferta que les hizo Poblet de venir a estudiar aquí a través de un cura aragonés que vive en Cabo Verde.
Durante la preparación de este reportaje se celebró en Barcelona la décima edición del Festival de Cine Africano, donde vi el documental El malentendido colonial, del camerunés Jean-Marie Teno. En él, un pastor camerunés cuenta las diferencias entre dos misioneros del siglo xix, Joseph Merrick y Alfred Saker. Merrick, hijo de un antiguo esclavo jamaicano, veía a Dios en las almas de los africanos y creía que su misión era trabajar para elevarlas mediante la palabra de Dios. Saker, inglés y sucesor de Merrick, estableció los ideales cristianos occidentales como único camino de salvación. Cuando les conté esta historia los cuatro novicios saltaron al unísono alabando a Merrick (hoy en Camerún sólo se puede encontrar un memorial a Saker). El comportamiento de Saker puede servir como ejemplo de algunos tipos de relación entre África y Occidente.
Españoles exóticos
Nati es una enfermera guineana. Vino junto a su marido en 1971, cuando Guinea Ecuatorial era aún una provincia española. A pesar de los 34 años aquí, y de encontrarse bien, quiere volver algún día a su país.
Nati tiene tres hijos, nacidos aquí, que dominan catellano y catalán, pero que sólo entienden el ndowé, la lengua de sus padres. "El niño immigrante debe tener raíces, un respaldo. Un día le podrán echar en cara que no es español. De hecho, cuando conoces a alguien aquí, una de las primeras preguntas que te hace es de dónde eres. Yo soy española. La gente no entiende que hay negros españoles. Así que soy una española exótica. Por tanto mi sitio y el de mis hijos está en Guinea."
Nati echa de menos también otras cosas de África.
Aquí entre semana al caer la noche hay poca gente por la calle, las puertas de las casas siempre están cerradas. Nati mira a su alrededor en el bonito piso donde vive, y suspira: "Estas cuatro paredes". Las paredes se le caen encima.
Como veo que Nati es una madre de familia serena, le pregunto por lo que me han dicho los ghaneses, que sin cinco hijos un hombre o una mujer africanos no son nadie: "Es que hay que tener hijos -dice Nati. No sé cuántos, pero varios. ¿Qué es una casa sin niños? ¿Cómo vais a mantener toda esta infraestructura que habéis montado en Europa sin hijos?" Y señala por la ventana los edificios al otro lado de la calle.
La mayoría de guineanos que vienen a España lo hacen con visado: "Los guineanos son muy sufridos", dice Nati. Su condición de ex colonia española también les facilita las cosas.
Hoy viven bajo una dictadura. "Lo que no se entiende de Guinea es que sólo seamos medio millón de personas en un país con mucho petróleo -además de café, cacao y plátanos- y no haya luz en las casas. ¿Dónde va a parar el dinero?" Es una buena pregunta.