-No, organizaciones que lo hacen. Así no tienes que preocuparte por cocinar. Y otra cosa. Según el hinduismo hay dos cualidades típicas del monje o ermitaño. La primera es estar satisfecho con lo que tienes, contra la avaricia. Y la segunda, estar siempre alegre. Por eso los monjes toman el nombre de ananda -yo también lo he tomado-, que significa alegría. Siempre estar alegre. En mi caso por ejemplo yo iba de pueblo en pueblo sin ningún dinero. La gente me daba lo que era necesario. Pasaba la noche en una de las casas que conocía un poco, donde te recibían muy bien, y a la mañana siguiente tomaba un desayuno, un poco de té e iba a otro pueblo.
-¿Y el ermitaño qué da a cambio?
-Les da la bendición. La presencia del ermitaño es una presencia de Dios entre el pueblo. Y lo hace a su modo: por medio de la oración, del diálogo; les habla también.
-¿Y daba igual que fuera usted católico?
-Ellos no lo miran, yo iba vestido como uno de ellos. Llegaron, claro, a saber que yo era católico, pero no le daban importancia. Y el colegio, si se ha comenzado, es gracias a que yo me mezclaba con todas las castas. Me aceptaban. O sea que yo no soy un misionero católico que iba allí a bautizar. Nuestro trabajo es más bien de diálogo.