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El Ciervo 650 El Ciervo

La biblioteca de mi generación

por Carlos Eymar
El Ciervo nº 650, mayo 2005

Número de páginas: 2
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Louis Althusser,
El porvenir es largo
Muchos intelectuales que compartieron entusiasmos, en mayo de 1968, fueron adensando, con el paso de los años, su bilis negra. Althusser que nunca se sintió querido por su madre, fue arrastrando, desde su infancia en Argelia, una melancolía aguda que acabó por explotar, el 16 de noviembre de 1980, cuando estranguló a su mujer, Helène, en su apartamento de L'Ecole Normale. Su intento por explicar aquel hecho dio como resultado este libro estremecedor que nos absorbe como un agujero negro hacia el fin de una noche de locura y depresión que tiene también algo de generacional. Su amigo, el filósofo marxista Nicos Poulantzas, acabará arrojándose desde la torre de Montparnasse. Antes, Lucien Sebag había puesto fin a sus días como luego lo haría Gilles Deleuze.
El título del libro de Althusser, escrito en 1985 pero publicado, con carácter póstumo, en 1992, parece dar la razón a Fukuyama: sí, la historia ha terminado, ¡qué largos se hacen los días que quedan!, ¡cuánto dura el porvenir! Nunca creyó Althusser en el poder de la voluntad en la historia, y la inteligencia, por su parte, no nos da muchas esperanzas. Sólo se podría albergarlas en esos pequeños islotes de comunismo en los que no reinan las relaciones mercantiles, movimientos sociales que nada indica vayan a ser hegemónicos. El único consuelo es pensar con Marx "que la historia tiene más imaginación que nosotros", porque ninguna esperanza cabe en relación con el comunismo real.
En este libro, el juicio de Althusser con respecto al Partido Comunista y al Estado socialista será contundente e inapelable: "son la mierda".
Hugo H. M. Enomiya Lasalle,
El zen
La conocida boutade de Malraux -"el siglo xxi será místico o no será"- puede traducirse como el imperativo de ser místico para ser. El mejor remedio para no dejarse vencer por la tendencia contemporánea hacia el nihilismo es el esfuerzo por abrirse al mundo del espíritu.
El jesuita alemán Hugo Lasalle, nacido en 1898, maestro zen, misionero en los barrios pobres de Tokio y elogiado por el mismísimo padre Arrupe, ha sido la figura pionera en la introducción del zen en ámbitos católicos. La meditación zen puede ayudarnos a percibir al Cristo universal que, como ya había indicado Teilhard de Chardin, se transparenta de alguna forma en el mundo y en la naturaleza. A diferencia de determinadas formas folklóricas de orientalismo, el zen, como demuestra Lasalle, es un método plenamente compatible con el cristianismo y guarda profundas semejanzas con lo mejor de la tradición mística cristiana desde La nube del no saber hasta San Juan de la Cruz, pasando por Ruysbroek y Tauler. En las dos últimas décadas, muchos cristianos, insatisfechos con el clima espiritual y con las expresiones estéticas de la Iglesia actual, han acudido a técnicas zen para profundizar en una vía de oración y de silencio. En España, la figura de Ana María Schlüter, maestra zen que me descubrió al padre Lasalle a finales de los 80, está desempeñando un notable papel en la difusión de esta vía.
Lejos de plantearse como una huida del mundo, la interioridad siempre fue una fuerza transformadora que contribuyó a eliminar las barreras entre hombres y religiones. La santidad, como dijo Mounier, es un auténtico programa político y no puede haber santidad sin oración.
Número de páginas: 2
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