M. de Riquer: En Sicilia son unos imitadores, como lo son en Cataluña.
La escuela siciliana luego se expresará en italiano. En Cataluña
se empleará el provenzal catalanizado. Hasta que llegamos a Ausias
March: "Lleixant a part l'estil dels trobadors". March
quiere dejar aparte el estilo de los trovadores. Jordi de Sant Jordi, un
poquito anterior a March, podía ser aún un trovador. Existe
un fenómeno curioso en el catalán medieval: en verso se escribe
provenzalizado y en prosa se escribe en catalán puro, el catalán
hablado. A los poetas catalanes les costaba desprenderse de la tradición
provenzal, estaba muy arraigada. Siempre se escribía en endecasílabos,
que es algo terrible. Toda la poesía catalana hasta Ausias March
está en endecasílabos. No había una polimetría
que le hubiera dado más posibilidades. En Andreu Febrer hay un poco
de polimetría, porque toma el lai francés.
J. Pérez: El mismo Andreu Febrer que tradujo la Divina Comedia
al catalán.
M. de Riquer: Sí, un hombre curiosísimo. Nació en
Vic, fue alguacil de Alfonso el Magnánimo, es decir, un cargo que
hoy llamaríamos comisario de policía. Se sabe que fue a París
a prender rebeldes y extraditarlos, y que los trataba con crudeza. Y después
se pone aquí en Sant Cugat del Vallès a traducir la Divina
comedia, y la traduce de un modo francamente maravilloso. La han criticado
mucho, pero yo encuentro que no lo merece, a pesar de que recurre a italianismos.
Traducir la Divina comedia en verso en 1429 es extraordinario. Me
acuerdo una vez en Catania (Sicilia) hablando de la traducción de
la Divina Comedia de Febrer, leí en catalán varios cantos.
Con estupefacción de los italianos, porque oían la Divina
comedia pero en una lengua extraña, en una lengua que les recordaba
el siciliano. Es un gran acierto porque la traducción de la Divina
comedia de Enrique de Villena al castellano es ilegible. En cambio,
en prosa se escribía un catalán puro. El mismo Ramon Llull,
que escribe una prosa catalana purísima, cuando se pone a hacer versos
lo hace ya en provenzal.
J. Pérez: De Ramon Llull ha dicho que escribió el mejor
catalán de la historia.
M. de Riquer: Es que es una gran suerte que el creador de la prosa catalana
fuera un filósofo, alguien que sabía perfectamente lo que
es un sujeto y un atributo. Alfonso el Sabio, su contemporáneo, que
crea el castellano, escribe frases yuxtapuestas, no se atreve a un período
largo. Ramon Llull se atreve a frases que llenan una página y es
porque sabe que nunca perderá el sujeto. La prosa de Ramon Llull
es extraordinaria, maravillosa, no se ha superado.
L. Gomis: ¿Por qué llamaban a Ramon Llull lo foll,
el loco?
M. de Riquer: La vida de Ramon Llull es una vida sorprendente. Destruyó
su obra poética por su conversión, o más que conversión,
asumió un fin religioso en su vida y lo que era obra profana, amorosa,
la destruyó. En la obra de Llull se encuentran muchas frases sacadas
de los trovadores. Era un trovador de Dios.
L. Gomis: ¿Y Ausias March cómo era?
M. de Riquer: Es una persona muy compleja, con unos grandes problemas
de conciencia. Lo podríamos resumir como el creador del creyente
pecador. Es decir, en aquellas poesías a la dama muerta, imitando
a Petrarca, Ausias March se plantea un terrible problema: una mujer ha muerto,
¿y si está condenada por su culpa? Plantear este problema
es de una valentía extraordinaria. El terrible dolor de pensar que
eres culpable de que haya un alma condenada. Esto en poesía no creo
que muchas veces se haya planteado.
L. Gomis: De la Edad Media qué es lo que más le gusta.
M. de Riquer: Sobre todo la novela y la epopeya. La novela medieval es
una maravilla. Con la novela aparece el hermoso libro. En el cantar de gesta,
en la épica, el relato empieza con un "Escuchad, oíd"
ante la multitud. En cambio la novela se inicia: "Yo, Chrétien
de Troyes, me dirijo a ti, María de Francia, y a ti lector, que estás
leyendo", con unos libros perfectamente decorados y miniados. Además,
en la epopeya si llegas tarde te pierdes el principio; en la novela no,
puedes volver atrás, releer, y tienes el libro en la mano: la literatura
complementada por el arte del libro. Algo sensacional. Esto ahora sólo
pasa en escasos y carísimos ejemplos de bibliofilia. Que son además
libros que no se leen.
L. Gomis: La figura del editor también ha cambiado mucho a
lo
largo de la historia.
M. de Riquer: Antes era impresor-editor. Lo que no existía era
una publicidad del libro, era boca a boca. No me imagino un anuncio en Valladolid:
'Compre el Quijote'. La promoción no existía. Pero eso ha
pasado en todo el mundo. Y sigue pasando: ¿cuantos libros leemos
porque nos los recomienda un amigo?
J. Pérez: Respecto a la edición del Tirant lo Blanc usted
hizo un cálculo donde demostraba que desde la primera edición
a la última el porcentaje de ejemplares vendidos respecto a la población
ha sido el mismo.
M. de Riquer: Sí. Hice un cálculo sobre la edición
mía del Tirant respecto a los pobladores de Cataluña,
Valencia y Mallorca y salía un porcentaje similar a la de la primera
edición.
J. Pérez: ¿Eso significa que crecen los lectores porque
crece la población?
M. de Riquer: Exacto, hay más gente. Una edición de tres
mil ejemplares en 1480 no la podías publicar. El Quijote sí,
pero lo hizo en varias ediciones. El éxito del Quijote fue
portentoso.
NOS DIVERTIMOS MUCHÍSIMO
J. Pérez: En cuanto a la Historia universal de la literatura que
escribió con José María Valverde...
M. de Riquer: Nos divertimos muchísimo.
J. Pérez: En el prólogo Valverde escribe: "Ciertamente
la vida es corta y la literatura universal es inabarcable". ¿Cómo
se escribe una literatura universal?
M. de Riquer: No sé. Lo que recuerdo es que nos los distribuimos,
él prefirió la parte del león porque quería
quedarse una serie de autores. Yo pensé que menos trabajo para mí.
Y me encontré que tenía que desarrollar la poesía provenzal,
el roman courtois...
J. Pérez: Desde la literatura griega.
M. de Riquer: Sí, Grecia y Roma siempre me han gustado porque
yo de joven quería ser helenista; estudié griego con Carles
Riba. Esta preparación de autores griegos y latinos ha influido mucho
en mí, porque había leído muchos libros de investigación
literaria sobre Píndaro, Esquilo. Llegué a aprender la técnica
de estos helenistas y latinistas y pude aplicarla. Yo siempre decía
a mis alumnos en clase: si no conocéis las literaturas griega y latina,
nunca podréis conocer las literaturas románicas. Son su prehistoria.
J. Pérez: Y para escribir la historia universal, ¿cómo
se puede hablar de todo lo que uno ha leído?
M. de Riquer: Hay un día terrible, que es el primero, delante
de la máquina: 'Voy a escribir un libro de 700 páginas; ahora
empiezo'. Pero como decía Menéndez Pelayo y tenía toda
la razón, el señor que empieza un libro es un discípulo
de sí mismo cuando lo acaba. Esto es verdad, porque aprendes tanto.
L. Gomis: Se nota la naturalidad con la que está escrito.