
Martín de Riquer (Barcelona, 1914) es uno de los grandes especialistas
en Cervantes y en lírica provenzal. Su magisterio abarca sin embargo
muchas otras materias, literarias o no. En esta conversación nos
lo muestra.
Martín de Riquer nos recibe en su casa en Barcelona. Tras hablar
sobre el contenido general de la charla, aclara que más que hablar
de él, prefiere hablar de los demás. Empezamos pues por Cervantes.
Lorenzo Gomis: ¿Cómo era Cervantes?
Martín de Riquer: En Cervantes hay que buscar varios aspectos.
Primero, y esencial: parece que Cervantes era simpatiquísimo. Todas
las referencias que hay sobre él dicen que era un hombre de un gran
ingenio y humor. Incluso en los momentos más dolorosos de su vida,
en el cautiverio de Argel, mantenía el espíritu de sus compañeros
de desgracia con su ánimo. Aunque parece que al principio de su vida
fue un ingenio menor.
Jordi Pérez: ¿Y cómo llegó entonces a
escribir
el Quijote?
M. de Riquer: Cervantes era autor de unas poesías no precisamente
buenas, de una novela pastoril, La Galatea, que si hoy la leemos
es porque la escribió Cervantes si no no la leería nadie,
y que tuvo muy poco éxito, ya que no se volvió a reeditar
hasta el siglo XVIII. Cervantes cayó en la moda de la novela pastoril.
Todo esto le venía más o menos de su estancia en Italia como
soldado, donde evidentemente leyó mucho. Lo que está claro
es que Cervantes era un gran lector. En todas sus obras se refleja una gran
densidad de lecturas, y no sólo de novelas caballerescas, de las
que tuvo que leer muchas porque sino no las hubiera satirizado con tanto
acierto. También leyó libros espirituales, de una tendencia
más o menos erasmista. No es que él fuera un erasmista, pero
el erasmismo era algo que estaba imbuido en todas las clases superiores.
Cervantes fue el hombre que tuvo el gran acierto de escribir el Quijote.
Acierto sorprendente. Porque aquel autor, hasta entonces un ingenio
mediocre al que algunos incluso tomaban el pelo, que quería ser poeta
y no lo era, sale con una novela que en un año tiene tres ediciones,
en seguida se traduce al inglés. Y eso la primera parte. Una primera
parte que para nosotros ahora, que conocemos el libro entero, la encontramos
inferior a la segunda.
J. Pérez: ¿Por qué?
M. de Riquer: Hay motivos importantes. La primera parte acontece en una
España indeterminada, donde no pasa nada de particular: unos rebaños,
un barbero que va de un pueblo a otro, unos alguaciles que llevan a unos
condenados a las galeras, un oidor que llega a una venta. Lo que narra Cervantes
en la primera parte pudo suceder en la Castilla del siglo XII o hasta en
el XIX, cuando se inventó el ferrocarril, que cambió el panorama
externo. En cambio, la segunda parte es un libro comprometido. Plantea problemas
nacionales importantísimos.
J. Pérez: ¿Cuáles?
M. de Riquer: Primero, la expulsión de los moriscos. Plantear
la expulsión de los moriscos era plantear el problema que tenía
dividida a la opinión española: unos eran partidarios y otros
no. Cervantes era partidario de su expulsión cuando escribió
El coloquio de los perros. Pero luego vio la expulsión de
los moriscos. Y es una cosa muy diferente tener una teoría de que
hay que expulsar a una raza a ver la desgracia y cómo se llevaban
a aquellos infelices al norte de África y a Turquía. Por eso
la segunda parte del Quijote es impresionante. Se da la curiosa paradoja
de que alaba el decreto de expulsión pero presenta el dolor que causó.
Después, más adelante, en Barcelona hay unos bergantines
turcos que se acercan y disparan; salen las galeras de la Generalidad, disparan,
hay muertos: muertos en el Quijote. La novela cambia totalmente.
De una novela desgajada del tiempo se pasa a otra que se sitúa en
1614, que es la fecha de la segunda parte. Fue la estancia de Cervantes
en Barcelona en 1610 la que influyó en la segunda parte. Por ejemplo
conoció el problema de los bandoleros. Cervantes topó con
una figura como la de Rocaguinarda. Acordaos que en el capítulo en
que aparece Rocaguinarda don Quijote se eclipsa. Llena todo el episodio
la figura gallarda y criminal, porque lo es, de Rocaguinarda. Su figura
fue tan importante porque se acogió poco después al indulto
del virrey Pedro Manrique y murió de capitán de tercios en
Italia. Unos tercios que reunieron con los bandoleros. El sistema servía
para acabar con el bandolerismo: ¿qué vas a hacer con un hombre
que hace 30 años que está en la montaña con un trabuco
asaltando masías y viajeros? ¿Cómo le vas a decir que
ahora vaya a labrar o a hacer de carpintero? No, por eso hicieron milicias,
dejando los mandos a los mismos jefes bandoleros, lo que fue una gran solución
política.
L. Gomis: Hay un dato curioso que ha destacado en alguna parte: en el
Quijote nunca es domingo. ¿Por qué?
M. de Riquer: Sí, tantos días que pasan y ninguno es domingo.
A Cervantes quizá le pareció muy fuerte poner a don Quijote
frente al altar. Pasan tantos días seguidos y nunca van a misa. Rezan
el rosario vagamente, pero nunca van a misa. Y Cervantes sí que iba.
J. Pérez: ¿Y por qué le parecía fuerte
poner
al Quijote ante el altar?
M. de Riquer: Como el loco entre los titiriteros, no era una escena fácil.
J. Pérez: Apunta Dámaso Alonso en el prólogo
a su Aproximación al Quijote que estamos ante la primera novela
moderna pero que a la vez es la última donde en el héroe se
da la grandeza de la fe en los ideales.

M. de Riquer: Esto es una especie de tópico. Es la última
novela medieval, mejor dicho, es el puntillazo a la novela medieval. Pero
al mismo tiempo abre un tipo de novela moderna. Porque sobre todo lo que
no ocurre en la novela medieval es la presencia del escritor. Cuando leemos
el
Quijote siempre tenemos a Cervantes a nuestra vera, está
escribiendo al lado nuestro. Recordad que muchas veces emplea la frase:
"Olvidábaseme decir". No es una figura retórica,
no, es que se le olvidaba decir una cosa y la dice ahora. Como nos pasa
a nosotros hablando. Escribe a tu lado, esto le da un carácter desconocido
en la literatura anterior. Antes de Cervantes, encontramos a un escritor
que escribe en su casa y a un lector que lee en la suya. Aquí no,
aquí Cervantes está escribiendo a nuestro lado.
LA LÍRICA PROVENZAL
J. Pérez: En otro de los ejes de su obra, en la lírica
de los trovadores, también se da un enorme cambio respecto a lo que
se hacía antes.
M. de Riquer: Hay una boutade sobre esto que dice: cuando las
damas dejaron de saber latín, nacieron los trovadores para que fueran
entendidos. Lo importante de la poesía trovadoresca es que es el
primer movimiento europeo en lengua hablada, escrito por una colectividad
y con la personalidad del escritor. No es una canción popular, que
no sabes quién la ha escrito. En cambio, Guilhem de Peitieu, el primer
trovador conocido, ya habla de sí mismo en el siglo XII.
J. Pérez: Esto es un cambio, más que literario, sociológico.
M. de Riquer: Es un cambio sociológico, sí, completamente.
La jerarquía feudal se traslada a la jerarquía amorosa, el
enamorado pasa a ser el vasallo y la señora, la dama, lo domina.
Por esto en la poesía provenzal no hay poesías a solteras,
porque las solteras no tienen personalidad jurídica. La dama del
trovador siempre es una señora casada. El cambio de lo que es llamado
amor cortés es increíble.
J. Pérez: Y de ahí la poesía trovadoresca pasa a
Sicilia y Cataluña.