J. Pérez: ¿Hay educación obligatoria?
J. Sebastián: El panorama de la educación es muy heterogéneo en los diferentes países. La educación básica es formalmente obligatoria en todos los países, sin entrar en el tema de la calidad, la formación y consideración social de los maestros y la limitación de los recursos estatales dedicados a ella. Además esta obligatoriedad no se cumple especialmente en las capas más pobres por las dificultades que plantea la supervivencia familiar y la proliferación del trabajo infantil. La enseñanza media es prácticamente toda privada y en lo referente al nivel superior, en este momento, se calcula que en América Latina hay unas 4.000 instituciones de educación superior, siendo un 80 por ciento privadas. Dentro de este panorama existen muy buenas universidades públicas, que tratan de mantener sus tres funciones básicas: la educación, la investigación y la extensión. En cambio, la mayoría de las privadas se centran en la función de la docencia y en carreras que suponen menores costes de infraestructura.
P. Escorsa: Las privadas son muy desiguales. Hay gran cantidad de universidades privadas que son puros chiringuitos y algunas privadas muy buenas.
J. Sebastián: Sí, el conjunto de las católicas no tienen nada que ver con estas últimas de las que hablo.
violencia sí, pero menos
J. Pérez: La violencia en las calles. ¿Es un problema real?
J. Sebastián: Sí, es un problema. Hay varios niveles: la violencia unida al tráfico de drogas, la violencia política y la individual, indiscriminada y esporádica. Sobre esta hay datos más concretos: en Colombia hay tantos homicidios al año como en Estados Unidos, pero per cápita es el número uno de América.
P. Escorsa: Y en secuestros también es el número uno.
J. Sebastián: Todo extranjero que viaja a América Latina está expuesto, como en cualquier otro lugar. Solamente hay que tomar unas precauciones elementales. En los últimos diez años en que he realizado unos 130 viajes a países latinoamericanos solamente he tenido tres incidentes, dos en Brasil y uno en Ecuador.
J. Pérez: ¿Atracos?
J. Sebastián: Bueno, pequeños atracos, tonterías. Ir por la calle y sin haberte enterado te quedas sin la cartera, pero no pasa nada, porque una precaución elemental es no llevar documentos ni grandes cantidades de dinero encima. O por ejemplo, en Quito, en un hotel estupendo, alguien entró en la habitación la noche anterior al viaje de regreso y se llevó de la maleta algún dinero. Es verdad que hay un cierto clima de violencia con datos objetivos detrás. Por ejemplo en Buenos Aires, una ciudad maravillosa, te dicen que vayas con cuidado por la noche. Yo no destacaría la violencia de América Latina como un estigma. La violencia que hay en América Latina es poca comparada con la que podría haber, desde el punto de vista de que no puedes tener a millones de personas cada día sin saber qué es lo que va a pasar, sin dar mayor valor a la vida y en una cultura de supervivencia donde las redes de asistencia no existen.
P. Escorsa: Leyendo las páginas de sucesos de los periódicos te quedas alucinado con lo que ha pasado el día anterior.
J. Sebastián: Viendo la televisión tampoco querría salir a la calle. En Brasil son especialmente morbosos. Hace unos años, y no sé si actualmente, había un programa que se llamaba ‘Aquí ahora' que se ensañaba en buscar diariamente dónde ha habido la cosa más horrenda, van siguiendo el rastro de la sangre.
P. Escorsa: Pero aunque no te busques líos, en Sâo Paulo, una noche, desde el hotel, escuché disparos en la calle.