P. Escorsa: En Brasil se ha aprovechado mejor la investigación local.
J. Sebastián: Sí, pero es que antes hay que destacar que no todas las dictaduras fueron iguales. Por ejemplo, la de Brasil fue una dictadura nacionalista en el sentido de su proyecto país, siendo los que mejor utilizaron los recursos de los préstamos internacionales para construir infraestructuras y para crear algunos sectores tecnológicos propios, como en el campo de la informática y la aeronáutica. Así que generaron tecnología con un sentido nacionalista, para intentar no tener dependencias externas. Esto ha sido positivo a largo plazo porque los resultados han sido una plataforma y una cultura tecnológica mayor. En las reuniones de empresarios de São Paulo hay un nivel y una sensibilidad tecnológica muy alta.
P. Escorsa: Sí, pero São Paulo siempre ha sido la región más potente de toda América Latina. Es una isla a nivel tecnológico.
Ahora, las soluciones
J. Pérez: Hay una encuesta reciente de Naciones Unidas donde se dice que los latinoamericanos prefieren una dictadura con orden antes que una democracia en el caos.
J. Sebastián: Habría que ver primero cómo se formuló la pregunta, porque puede tener trampa, pero hagamos un escenario: en un país en el que lo único que hace es votar a un presidente y luego este no responde a su confianza, la percepción del ciudadano medio es que le da igual que gobierne un señor que se llama presidente o dictador -siempre que sea una dictadura blanda. Desde el punto de vista de la gente, existe una distancia tal con sus gobernantes, tanto en uno como en otro caso, que no se valora suficientemente el hecho de la elección. Sin embargo, la conclusión de esta encuesta hay que valorarla en el contexto de la frustración existente en numerosos países con la falta de resultados de sus gobiernos democráticos, en la mejora de las condiciones de vida y la satisfacción de demandas básicas de la población, aspectos a los que por cierto, tampoco han dado respuesta las dictaduras.
J. Pérez: ¿Cómo salir de este círculo vicioso?
J. Sebastián: Habría que hacer varias cosas: la primera es la reforma fiscal, de los impuestos. Uno de los problemas de América Latina es que, excepto en muy pocos casos, casi nadie paga impuestos. Por tanto, el margen de maniobra para la redistribución de la riqueza es muy pequeño.
J. Pérez: ¿Nadie paga impuestos?
J. Sebastián: Muy pocos. Los sistemas fiscales suelen ser muy laxos y además los esquemas fiscales propician los impuestos directos al consumo y no al patrimonio y los beneficios, con lo que son esquemas muy regresivos desde el punto de vista social. Las grandes empresas y las oligarquías nacionales impiden una reforma fiscal que instaure un modelo más justo. Por ejemplo ahora en Chile hay una polémica porque el Gobierno ha propuesto una pequeña tasa sobre las exportaciones de la industria del cobre con el objetivo de financiar la innovación tecnológica. La reflexión por parte del Gobierno es la siguiente: Chile es un país que vive del cobre, el día que el cobre se acabe, ¿de qué viviremos? Entonces, invirtamos en conocimientos y en generar una base tecnológica que permita diversificar la economía a largo plazo. Es una tasa pequeña que supondría recoger 100 millones de dólares al año. Por supuesto, las multinacionales propietarias de las minas y los partidos de la derecha se han opuesto. El Gobierno daba como argumento que en Chile, un pobre paga por el IVA del pan un porcentaje mayor que lo que están pagando las grandes multinacionales del cobre en un pequeño impuesto. Así pues, proporcionalmente, es más oneroso el pobre que el rico al contribuir. Así que hay problema fiscal, ya que es necesaria una base para redistribuir y mejorar las condiciones sociales y para esto sirven los impuestos.
P. Escorsa: Los Estados no ingresan dinero en concepto de impuestos. Entonces cuando tienen que acometer un programa de desarrollo, el que sea, pides un crédito y te endeudas.
J. Sebastián: Pero si te endeudas luego te pasa como en Bolivia, que el 60 por ciento del presupuesto nacional se destina a pagar los intereses de la deuda.
Menos corrupción y más desarrollo
J. Pérez: Además de la reforma fiscal, ¿qué más se puede hacer para mejorar América Latina?
J. Sebastián: Mejorar la gestión de los recursos públicos. La corrupción es un freno lacerante. Son necesarios unos sistemas de gestión más eficaces, más transparentes y honestos.
P. Escorsa: La gente en la calle, los taxistas, lo que más piden es "que no nos roben más estos políticos, que se lo llevan todo".
J. Sebastián: Después hay un problema asociado, que son las prioridades de las políticas de desarrollo. Ahí cada país tiene que definirse. Volviendo al caso de Chile, posee unas 330.000 explotaciones agrarias de las cuales 130.000 pertenecen a la pequeña agricultura familiar y de subsistencia. En Chile, donde se ha definido la agroexportación como una prioridad nacional, para poder exportar la fruta, tienen que cultivar de acuerdo con unos manuales de buenas prácticas que les envían desde los países importadores, donde se detalla hasta el pesticida que pueden usar. Todo un procedimiento que un agricultor con dos hectáreas no puede asumir. Por tanto, se plantea un dilema, dándose por sentado que esas 130.000 explotaciones no son viables. Integrarlos dentro de una economía de agroexportación es casi imposible. Y como tampoco se plantea hacer un modelo dual -junto a la exportación, otro modelo para satisfacer al mercado nacional-, probablemente van a desaparecer. Por tanto, es necesaria en los países latinoamericanos una política de desarrollo orientada al proyecto país y enfocada a la realidad del sistema productivo y social.
P. Escorsa: Los países tienen que encontrar su camino enfocado al mercado interior y exterior, lo que supone fijar unas determinadas prioridades. [ver artículo de Pere Escorsa en página 29]
J. Sebastián: Debe ser un proyecto de desarrollo aglutinante, ya que los años de dictadura y la mayoría de democracias posteriores han generado la cultura del "sálvese quien pueda" y así es muy difícil cohesionar al país. Además de un proyecto nacional se precisa un compromiso de la oligarquía con su país y su sociedad.
P. Escorsa: La economía en estos países es mucho más dura, más salvaje. Aquí, una persona que no trabaje tiene su seguridad social. Pero ahí, nada, no tienes nada.
J. Sebastián: Allí el Estado del bienestar no se sabe qué es. Recuperando las posibles soluciones para América Latina, otra necesidad sería construir un tejido social intermedio, que cohesione y contribuya a crear un sentido de pertenencia. Porque ¿quién capitaliza todo eso ahora? Las sectas protestantes. Los predicadores son los que más están dando un sentido de pertenencia a la gente, la gente allí se reúne, canta, se siente parte de una comunidad. Mientras que la Iglesia católica oficial ha sido siempre muy conservadora, excepto las experiencias abortadas por la jerarquía de la iglesia de la liberación.
P. Escorsa: ¿Y la Iglesia de base?
J. Sebastián: La iglesia de base no ha dispuesto de los mismos recursos que los protestantes, que además han venido con asistencia social incluida. Crean una comunidad en la que siempre hay alguien que puede ayudarte. Por citar un ejemplo, en Cochabamba (Bolivia), los cuatro grandes cines que había se han convertido en centros de sectas.
J. Pérez: ¿Estas sectas protestantes tienen algún futuro político?
J. Sebastián: Se están extendiendo. En América Central tienen sus propios candidatos, a los que las comunidades apoyan en las elecciones.
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