Los profesores que empezamos a dar clase en la época de la transición pensábamos, con entusiasmo juvenil, en la capacidad de la enseñanza para transformar la sociedad dando acceso a la cultura a las clases más desfavorecidas. Soñábamos con una enseñanza democrática pero no por ello devaluada; con una enseñanza igualitaria que fuera la savia cultural de la sociedad y que actuara como un fermento de pensamiento crítico. Y pensábamos que esta era una de las tareas fundamentales de los gobiernos de izquierda. Treinta años más tarde, en los últimos tramos de nuestra carrera, nos encontramos con que esta izquierda ha creado una enseñanza discriminatoria, que consagra la segregación de las clases bajas, y que se encuentra sumida en el desorden, la inoperancia y la degradación.
ENRIQUE MORENO CASTILLO es Profesor de lengua española y literatura en el Instituto emperador Carles de Barcelona