Alain Badiou en el prólogo a la obra de Quentin Meillassoux, Aprés la finitude, 2006, refiere la respuesta de Kant a la proveniencia de conocimiento a partir de la experiencia enunciada por David Hume. Kant concluye (como sabemos) sobre la necesidad de añadir a nuestra receptividad sensible, otra fuente: una actividad constituyente universal, a la que llama "sujeto trascendental". Estoy en la duda de si esta trascendencia está presente en esta ya amplia obra o si, con Hume, responden que no hay ningún otro fundamento aceptable, como necesario, más allá de la propia naturaleza. Incluso todas sus películas guardan una parte crítica entre lo empírico y lo trascendental. Parte que a cada instante nombra, a semejanza del amor/odio de Empédocles, edades ancestrales: de la Tierra, de las estrellas y de la hipóstasis que correlaciona el ego y los fenómenos intra-mundos.