La evolución del fenómeno de las organizaciones juveniles latinas es especialmente relevante en Barcelona. Sin ánimo de ser exhaustivos, podríamos establecer la siguiente periodización (basada en Feixa, 2006: 137):
llegada, acogida, asentamiento y
normalización . La
llegada a Barcelona comienza hacia el año 2000 y acaba con la fundación de las principales agrupaciones en 2001. La
acogida y crecimiento se produce entre 2002 y 2003 y acaba con la muerte de un estudiante colombiano de 17 años de nombre Ronny Tapias, un suceso que supuso una gran visibilidad pública del fenómeno en la ciudad. El 28 de octubre de 2003, Ronny fue asesinado a la salida de su colegio en Barcelona. Cinco jóvenes latinoamericanos, pertenecientes a los Ñetas, agredieron mortalmente al estudiante tras confundirlo con un miembro de los Latin Kings. Ronny falleció tras recibir una puñalada mortal cerca del corazón. Por este asesinato fueron detenidos tres jóvenes dominicanos, quienes en abril de 2005 fueron condenados a 17 años de prisión
[ 18 ] . Los medios de comunicación dieron una enorme difusión a este crimen, y literalmente llenaron las páginas de los diarios, las pantallas de televisión y los programas de radio con el tema de "la invasión de las bandas latinas" y la delincuencia generada por los jóvenes inmigrantes de América Latina. En este escenario emerge un discurso público que criminaliza ciertas formas de vestir de los jóvenes latinoamericanos (la "estética latin king") y de sus formas de relacionarse en los espacios públicos (concentración y presencia continua en parques y plazas). Como respuesta a esta situación, empieza a emerger en los líderes más conscientes de los grupos una preocupación sobre el futuro de sus organizaciones y sobre su propia estancia en España. La cuestión es cómo evitar repetir los errores del pasado y cómo desligarse completamente de la violencia para poder promover el desarrollo de su organización. En esta reflexión interna de los grupos, seguramente tuvo un papel central la experiencia de exclusión y violencia previa que en Ecuador habían tenido algunos líderes y miembros con más antigüedad en el grupo.
El período que podemos denominar de asentamiento comienza en 2004 y termina a principios de 2005, tras una serie de conflictos internos en las dos principales organizaciones (Latin Kings y Ñetas) que llevan a los líderes de las facciones mayoritarias a apostar por un camino de apertura e institucionalización que implicaba acercarse a las autoridades de la ciudad de Barcelona. De forma paralela, el área de servicios de prevención del Ayuntamiento de Barcelona ya había explorado formas de integrar a estos grupos a las dinámicas asociacionistas de los jóvenes en la ciudad condal. Como se da cuenta más adelante en este trabajo, ya se había iniciado un estudio más profundo para intentar descifrar las principales características de estas nuevas organizaciones juveniles de la calle. El período que denominamos de normalización comienza a mediados de 2006. Después de un año largo de trabajo en el interior de los Latin Kings, y apoyados desde diversas asociaciones y grupos académicos, el 7 de mayo de 2006 un grupo de jóvenes constituyó la Organización Cultural de Reyes y Reinas Latinos de Cataluña. Un par de meses más tarde, y después de revisar que los estatutos de la organización cumplieran con todos los requisitos legales, el área de entidades jurídicas del Departamento de Justicia del Gobierno catalán dio su autorización para que la Organización fuera inscrita en el registro de asociaciones. La Organización Cultural de Reyes y Reinas Latinos de Cataluña quedó registrada el 31 de julio, con el número 32929/1. A partir del mes de agosto la nueva organización fue presentada en numerosos actos públicos en toda España y algunas ciudades de Italia. El trabajo en conjunto entre jóvenes y distintas áreas del Ayuntamiento de Barcelona y del Gobierno de la Generalitat fue fundamental en el resultado positivo de este complicado proceso. Además de los miembros de los Latin Kings, también participaron académicos, trabajadores sociales, juristas, las áreas de infancia y juventud, así como la policía autonómicas, entre otras instancias.
Es importante detenerse en este proceso de normalización de la presencia de una parte de los Latin Kings en España. Este proceso, que desde algunos sectores ha sido bautizado como "modelo Barcelona", comienza a mediados de 2005, cuando el Ayuntamiento de Barcelona inició un diálogo con los Latin Kings y la Asociación Ñeta a fin de buscar mecanismos que permitieran su transformación/normalización mediante la conformación de asociaciones juveniles comprometidas con el rechazo de la violencia. En una entrevista periodística de noviembre de 2006, el director de los Servicios de Prevención del Ayuntamiento de Barcelona, Josep María Lahosa, explicaba la lógica de la actuación frente a estas agrupaciones: "Los reconocimos como interlocutores y les expusimos claramente cuáles son los criterios que permitirían su existencia como grupo en la ciudad (...) Les dijimos que habían llegado a una sociedad diferente, con unos valores distintos a los que imperan en sus países de origen y en Nueva York, y muchos grupos iniciaron un proceso de reflexión (...) Les remachamos que la violencia no es la mejor forma de resolver conflictos" (Valero, 2006).
Como un elemento añadido de este proceso, los líderes de las dos principales agrupaciones con presencia en las calles de Barcelona alcanzaron un acuerdo de paz que, hasta mediados de 2007, ha permitido que la mayoría de sus integrantes se distancien de la violencia. En este contexto, en octubre de 2006 se celebró un encuentro académico que permitió a algunos grupos consolidar el proceso de normalización
[ 19 ] . En un contexto de preocupación social por el incremento de la inmigración, la politización de la decisión del Gobierno catalán de "legalizar" a los Latin Kings era inevitable. El tema de la "legalización" (que en realidad es un proceso de normalización) ha sido incorporado al debate que sobre temas de inmigración y seguridad mantienen el Partido Socialista y el Partido Popular. Y cómo Barcelona y Madrid, gobernadas por socialistas y populares respectivamente, hacen frente al tema de "las bandas latinas" se inscribe en este debate. Como sucede con cualquier proceso que se politiza, por una parte hay un enorme deseo de quienes impulsaron el proceso en Barcelona de que este salga adelante. Y por otra parte, desde algunos sectores de gobierno autonómico en Madrid se rechaza esta forma de atender el fenómeno.
En mayo de 2007, el Defensor de Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, aseguraba que el futuro de grupos como los Latin Kings era desaparecer, y no que se "legalicen y reconviertan en asociación cultural", ya que en el caso de Madrid algunos miembros han cometido robos, violaciones e intentos de homicidio. El funcionario añadía que "aunque las bandas latinas están muy controladas por la policía, se encuentran bastante arraigadas en nuestro país", y destacaba que le preocupaba que otras "bandas puedan llegar a surgir, como las maras, que es una organización mucho más peligrosa que los Latin King, y están extendidas en Venezuela, Colombia, México y otros países centroamericanos (...) Se está trabajando desde toda Europa para que las maras no lleguen, pero si se implantan en España tendríamos un problema"
[ 20 ] . A pesar de lo aventurado que es comparar a los Latin Kings
con grupos como la mara Salvatrucha
[ 21 ] , vale la pena reconocer que la situación en Madrid es más compleja que en Barcelona; no sólo porque la concentración de población es mayor en Madrid, sino porque la violencia protagonizada por las organizaciones juveniles de la calle, conocidas como "bandas latinas", ha sido mayor.