En el Reino Unido la creciente violencia juvenil ha generado un debate importante sobre el acceso a las armas de fuego y de otro tipo, sobre el comportamiento vandálico de miles de jóvenes, sobre los crecientes niveles de consumo de drogas y alcohol entre los adolescentes, y sobre por qué son justamente los jóvenes negros y musulmanes quienes están más expuestos a la violencia. A mediados de 2006, el Ministerio del Interior británico ( Home Office ) hizo públicos los resultados del primer gran estudio sobre las dimensiones del problema en Inglaterra y Gales. De acuerdo con los datos del estudio, cerca del 6% de los jóvenes de entre 10 y 19 años son miembros de un grupo que tiene comportamientos ilegales, lo que equivale a aproximadamente 480.000 personas 2. A principios de 2007, varios crímenes generaron atención y preocupación entre la sociedad sobre los niveles de violencia entre la juventud. Entre el 3 febrero y el 17 de marzo seis adolescentes negros, de entre 16 y 17 años, fueron asesinados en Londres; tres de ellos murieron apuñalados y los otros tres por arma de fuego 3.
Como demuestran los casos de Francia y el Reino Unido, es importante que las sociedades europeas no esperen a que la violencia juvenil se desborde para afrontar el reto de la integración de miles de jóvenes. Se debe responder a los sentimientos de desesperanza de éstos generando oportunidades de estudio y trabajo, evitando que el odio arraigue en ciertos sectores de la población joven de Europa, sobre todo la que continúa llegando con las recientes oleadas migratorias.
MIGRACIÓN, JUVENTUD Y MIEDO EN ESPAÑA
En 2003, cuando la existencia de dos organizaciones juveniles de la calle, los Latin Kings y los Ñetas,
comenzó a ser ampliamente informada por los noticiarios y los periódicos españoles, este fenómeno se denominó el de las nuevas "bandas latinas". Al igual que sucedió en varios países latinoamericanos, con la aparición mediática de las pandillas centroamericanas conocidas popularmente como maras
(sobre todo de la mara Salvatrucha y la Pandilla de la Calle 18)
[ 4 ] ,
el tema de las "bandas latinas" rápidamente fue abordado desde una óptica de nota roja
[ 5 ] , y fue utilizado políticamente por algunos sectores sociales para vincular la creciente inmigración latinoamericana con un incremento de la inseguridad. Es verdad que algunos de los jóvenes latinoamericanos que llegaron recientemente a España se han visto involucrados en fenómenos de delincuencia y violencia, y que algunos enfrentamientos entre grupos de jóvenes han dado como resultado la muerte de algunas personas
[ 6 ] . Pero también es verdad que "el fantasma" de las bandas/pandillas fue impulsado por diversos medios de comunicación, partidos políticos, cuerpos de policía, padres, entre otros, para solicitar medidas más duras contra una inmigración de la que se percibe que "desborda" la capacidad de recepción e integración del conjunto de la sociedad española. La creciente preocupación de las autoridades y la sociedad en España respecto a la presencia de jóvenes latinos organizados en pandillas, y en otro tipo de organizaciones juveniles de la calle, forma parte de un proceso mucho más amplio de adaptación de la sociedad española a la llegada masiva de inmigrantes desde el año 2000. De acuerdo con datos oficiales del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España, entre diciembre de 2000 y julio de 2007, los extranjeros con permiso legal para residir en España pasaron de 895.000 personas a 3,5 millones
[ 7 ] . Para el caso de los latinoamericanos con permiso de residencia, se pasó de 185.000 personas en el año 2000, a más de 1,1 millones en julio de 2007. ¿Qué desencadenó este proceso migratorio?
Varios procesos confluyeron para que se produjese un incremento tan importante de la inmigración latinoamericana a España. Por una parte, las condiciones políticas y económicas de varios países latinoamericanos a finales de la década de los noventa y principios de la presente expulsaron a cientos de miles de personas de esos países; por otra, el endurecimiento de las fronteras en Estados Unidos, a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001, hizo que muchos ciudadanos pusieran su mirada en Europa como un destino mucho más fácil de alcanzar. Y, finalmente, la demanda de mano de obra en muchos sectores de actividad económica en España, que no podía ser cubierta por españoles, creó la posibilidad de que miles de latinoamericanos encontraran una forma de ganarse la vida en este país. Entre los inmigrantes de origen latinoamericano que viven en España, los nacionales de Ecuador (397.000), Colombia (246.000) y Perú (105.000) son los grupos más relevantes, de acuerdo con los datos oficiales de junio de 2007 (véase el gráfico 1).

Un análisis muy básico de los datos anteriores tendería a explicar la mayor presencia en España de organizaciones juveniles de la calle (incluidas las "pandillas") llegadas desde Ecuador (como Latin Kings y Ñetas), al hecho de que los ecuatorianos conforman el grupo latinoamericano más numeroso. Sin embargo, bajo este análisis tendríamos que ver también un número muy importante de pandillas originadas, o con fuertes raíces, en Colombia o Perú; y esto no es así. De hecho, después de Ecuador, los principales nexos de los grupos denominados "bandas latinas" está en República Dominicana, cuyos nacionales a finales de 2007 eran el quinto grupo de inmigrantes latinoamericanos (64.000 personas), después del colectivo conformado por argentinos (94.000 personas)
[ 8 ] .
En España, el fenómeno de la inmigración ha pasado a ocupar un lugar central en los temas que los ciudadanos consideran como preocupantes y que deben ser atendidos por las autoridades. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de España hace un seguimiento constante de las principales preocupaciones de la opinión pública que nos sirven para ilustrar este proceso
[ 9 ] . Si tomamos los datos recabados por el CIS entre julio de 2000 y julio de 2007, es evidente que la inmigración se ha ido situando dentro de las preocupaciones centrales, junto con el terrorismo, el desempleo y, desde 2006, el acceso a la vivienda. Incluso, desde enero de 2006 y hasta antes de los atentados del grupo terrorista ETA en el aeropuerto de Madrid, el 30 de diciembre de ese año, la inmigración fue considerada el segundo problema en importancia, solamente por detrás del desempleo (véase gráfico 2).

Aunque algunos ciudadanos españoles consideran que la inmigración trae consigo violencia, inseguridad y problemas, las cifras oficiales de la delincuencia en Cataluña reflejan una realidad distinta. El mundo en que inevitablemente inmigración y delincuencia están estrechamente vinculadas es más imaginario que real. Según la Dirección de Justicia Juvenil del Gobierno de Cataluña, de los 7.000 jóvenes de entre 14-18 años que se encontraban en el circuito penal catalán por cometer algún delito en 2006, los extranjeros representaban el 24%, y de éstos los latinoamericanos solamente eran el 6%, es decir solamente 420. De estos jóvenes la mayoría son ecuatorianos, dominicanos y colombianos, ya que son precisamente estas nacionalidades latinoamericanas las mayoritarias en Cataluña; y es muy probable que la situación sea equiparable en el resto de España. No obstante, sí hay dos datos preocupantes que se desprenden de las cifras oficiales: por un lado, los jóvenes latinoamericanos son los que cometen los delitos más violentos y, por otro, son los que cometen su primer delito a una edad más temprana (la media latinoamericana es de 14 años, mientras que la media nacional es de 16 años)
[ 10 ] .