La tesis de Herberg relativa al pluralismo religioso etnoamericano tiene serias deficiencias. La más flagrante es el hecho de que Herberg se muestra absolutamente indiferente frente a los temas raciales, y así su libro
Protestant-Catholic-Jew solamente examina el proceso de incorporación de los inmigrantes europeos, y mantiene un silencio absoluto con respecto a los inmigrantes no europeos. El problema crucial no es el hecho de que Herberg ignore a las otras minorías inmigrantes no europeas y a sus religiones no judeo-cristianas, como los budistas japoneses, los taoístas chinos o los musulmanes árabes, grupos que ya formaban parte de la antigua inmigración. Aunque este sea un descuido serio, es posible aducir que, en aquel tiempo, estas eran unas minorías relativamente pequeñas. El verdadero problema es que Herberg ignora cuáles son las auténticas minorías raciales entre los grupos religiosos que está estudiando, los "otros" cristianos: los protestantes negros y los católicos hispanos. Al fin y al cabo, Herberg elaboró su estudió en la década de 1950, en el momento culminante de la gran migración interna de afroamericanos desde el sur rural a los centros industriales y urbanos del norte, y la emigración portorriqueña a Nueva York, dejando aparte de momento a los otros católicos hispanos relevantes, los "chicanos" del sudoeste, la mayoría de los cuales, excepción hecha de los braceros, no eran migrantes
[ 28 ] .Al igual que en el caso de Puerto Rico, eran las fronteras norteamericanas las que habían migrado a sus territorios ancestrales. Hablando con propiedad, por supuesto, los afroamericanos y los hispanos no eran inmigrantes "extranjeros". Pero es el hecho de que Herberg considere a los "protestantes", "católicos" y "judíos" como las tres comunidades religiosas imaginadas que supuestamente constituyen la comunidad imaginada de la nación norteamericana, lo que hace más problemática y reveladora la omisión de "negros" e "hispanos". Lo que revela la omisión de los protestantes negros y de los católicos hispanos es que en la década de 1950 estos grupos seguían siendo el "extranjero" racial invisible en un momento en que los inmigrantes europeos, católicos y judíos, habían sido incorporados a la comunidad imaginada de la nación norteamericana.
Con toda la razón del mundo, la literatura relativa a los estudios sobre la nueva inmigración ha colocado los temas de la raza, la racialización y las identidades raciales en el centro mismo del análisis de los procesos de incorporación de los inmigrantes. Los negros y los hispanos se han convertido, de hecho, en el auténticamente relevante
tertium comparationis en todos los estudios comparativos de la vieja y la nueva inmigración. Al menos implícitamente, los tres términos de comparación en todos los debates contemporáneos son los siguientes: a) los grupos étnicos blancos europeos (los viejos inmigrantes); b) las minorías raciales americanas (los afroamericanos y los hispanos), y c) los nuevos inmigrantes de todo el mundo (asiáticos, caribeños, latinoamericanos, africanos, etc.). Una vez construido de este modo un marco comparativo, se vuelve inmediatamente obvio que la raza es importante, y que los temas raciales son cruciales en el proceso de incorporación del inmigrante. Pero lo que el estudio de Herberg pone de manifiesto es que la religión también importa, y que los asuntos religiosos pueden ser igualmente relevantes en los procesos de incorporación de inmigrantes en Estados Unidos. No solamente la religión, como el estudio de Herberg parece implicar, ni solamente la raza, como parecen hacerlo los estudios sobre la inmigración contemporánea, sino la religión y la raza juntas en su compleja imbricación han servido para estructurar la experiencia americana de incorporación del inmigrante, y de hecho constituyen la clave del "excepcionalismo americano"
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Simplificando una historia que de hecho es muy compleja, podríamos decir que la asimilación en la corriente dominante norteamericana significa, en primer lugar, convertirse en un WASP [White Anglo-Saxon Protestant] o en una especie de WASP. De los tres rasgos de esta forma de entender la identidad americana -blanco, anglosajón y protestante- los verdaderamente relevantes, sin embargo, eran el primero y el tercero, la raza y la religión
[ 30 ] . Uno podía ser blanco, pero por muy blanco que fuera, si no era además protestante, era difícil que pasase por americano
[ 31 ] . Los protestantes irlandeses (y no podemos olvidar que la mayoría de norteamericanos de origen irlandés son de ascendencia protestante, descendientes de irlandeses y escoceses) nunca tuvieron ningún problema para pasar por blancos. Fueron los católicos irlandeses y otros católicos (italianos, eslavos, etc.) los que fueron racializados como "el otro". Convertirse en devotamente protestante, como hicieron la mayoría de afroamericanos, tampoco era suficiente. Si uno no era blanco, no podía ser plenamente americano
[ 32 ] . Actualmente, la religión y la raza se están convirtiendo, una vez más, en los dos indicadores críticos para identificar a los nuevos inmigrantes o bien como asimilables o bien como sospechosamente "forasteros"
[ 33 ] . En este sentido, las autoidentificaciones y las adscripciones religiosas y raciales representan formas paralelas y a veces alternativas de organizar el multiculturalismo norteamericano.
Los Estados Unidos se han convertido de nuevo en una sociedad inmigrante. Solamente durante el último decenio, aproximadamente un millón de inmigrantes entraron anualmente en los Estados Unidos, la mayor oleada inmigratoria en la historia de la nación, incluso superando a los nueve millones de inmigrantes que llegaron durante la primera década del siglo XX. Además, la tendencia puede haberse reducido ligeramente después de los ataques del 11-S, pero no hay indicios claros de que vaya a invertirse en un futuro cercano. Más importantes que su inc reme nto numérico, sin embargo, son los cambios en las regiones de origen y en las características de los nuevos inmigrantes. En comparación con los viejos inmigrantes, las dos características más relevantes de los nuevos inmigrantes son las siguientes: a) son principalmente no europeos, y proceden de cada vez más regiones del mundo, pero predominantemente de Asia y de las dos Américas; y b) además del t reme ndo bagaje de formas de diversidad humana (racial, étnica, religiosa, cultural, lingüística), que traen consigo, los nuevos inmigrantes también son extremadamente diversos, casi un grupo aparte, con respecto a sus niveles de capital humano y social, a sus habilidades y recursos
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