Ciertamente, es posible observar semejanzas sorprendentes entre el discurso actual sobre el islam como una religión fundamentalista antimoderna incompatible con la democracia, y el discurso de ayer sobre el catolicismo. Desde la década de 1830 a la de 1950, el nativismo protestante anticatólico en los Estados Unidos se basaba en la supuesta incompatibilidad entre "republicanismo" y "catolicismo romano". En su representación de los católicos en los Estados Unidos, Tocqueville había tratado ya de refutar esta tesis, así como la percepción, ampliamente compartida a ambos lados de la divisoria entre el laicismo republicano francés y el monarquismo católico, según la cual el catolicismo era incompatible con la democracia moderna y con las libertades individuales.
Como anteriormente en el caso del catolicismo, los debates internos y externos acerca de la compatibilidad entre islam y democracia y las libertades individuales modernas está teniendo lugar a tres niveles, separados pero interrelacionados: a) en debates sobre la correcta articulación de una
umma musulmana en contextos diaspóricos fuera de
Dar al-islam ; b) en debates sobre la legitimidad democrática de los partidos políticos en Turquía y en otras partes, que, del mismo modo que sus, al principio, igualmente sospechosos homólogos católicos, pueden establecer nuevas formas de Democracia Musulmana, afines a la Democracia Cristiana, y c) en debates sobre un supuesto choque de civilizaciones entre el islam y Occidente a escala geopolítica, con claros paralelismos con debates anteriores sobre el choque entre "republicanismo" y "catolicismo romano". En las condiciones de la globalización, los tres niveles están cada vez más entrelazados
[ 44 ] .
También podemos atestiguar, sin embargo, la existencia de un proceso ambiguo y tortuoso de reconocimiento público simbólico del islam como una religión norteamericana que tiene parecidos con el proceso de incorporación del catolicismo y el judaísmo. El discurso autodefinitorio de los Estados Unidos que había cambiado desde el de una nación "cristiana" a una nación "judeocristiana", estaba últimamente asumiendo la nueva caracterización confesional "abrahámica", incorporando simbólicamente las tres religiones monoteístas que se reclaman descendientes de la primera alianza entre Dios y Abraham. La presencia de un imam musulmán junto a un ministro protestante, un sacerdote católico y un rabino judío en ceremonias públicas en Washington, en capitales de Estado y en grandes centros urbanos, se ha convertido en algo rutinario
[ 45 ] . Pero simultáneamente también hemos asistido a una reacción principalmente nativista protestante contra el islam, que de hecho había empezado ya antes del 11-S y que se exacerbó posteriormente
[ 46 ] . El nuevo discurso evangélico antimusulmán tiene tres fuentes principales:
a) El sionismo militante de antes de finales del milenio entre los evangelistas norteamericanos, que después de la caída de la Unión Soviética transfirieron el papel que se suponía que desempeñaban las "hordas" comunistas del norte y sus aliados nacionalistas seculares árabes del Oriente Medio en sus apocalípticas visiones del inminente Harmaguedón a todos los países musulmanes como enemigos de Israel.
b) La competición misionera entre musulmanes y cristianos (evangelistas y pentecostalistas) en el África Subsahariana y en otras partes del mundo donde es posible encontrar conflictos etnoreligiosos entre musulmanes y cristianos, se añade a la frustración evangélica de no poder predicar abiertamente el Evangelio de Jesucristo en los países musulmanes.
c) La "guerra global contra el terror", después del 11-S, que, a pesar de los descargos oficiales de responsabilidad cuidadosamente formulados desde la Casa Blanca, destacados líderes evangelistas como Pat Robertson, Franklin Graham y Jerry Fallwell no han dudado en caracterizar abiertamente de "cruzada" y como un conflicto inevitable entre un islam esencialmente "violento" y el Occidente cristiano
[ 47 ] .
La manifestación más alarmante del emergente discurso nativista protestante antimusulmán es la serie de panfletos "blasfemos" difamatorios que es posible encontrar en librerías cristianas, a menudo escritos por musulmanes convertidos al cristianismo y muy parecidos a los viejos panfletos antipapistas, que calumnian al profeta Mahoma como un pecador depravado, y desacreditan al islam como una falsa religión monoteísta y abrahámica que tiene sus raíces en el culto preislámico de la Kaaba.
2. El desafío con que se enfrenta el islam en los Estados Unidos es el de cómo transformar a los diversos inmigrantes procedentes de Asia del Sur, y que hoy constituyen el grupo mayor, y que más rápidamente crece, de inmigrantes musulmanes procedentes de los países árabes y del África Occidental, en una sola umma musulmana norteamericana. En este sentido, el proceso de incorporación no es diferente al de los diferentes grupos nacionales católicos en una sola iglesia católica norteamericana. Las dos opciones que se debaten actualmente en las comunidades islámicas de Estados Unidos, y que a menudo se plantean en los términos del modelo de la Nación del Islam frente al modelo de una minoría judía poderosa y agresiva, repiten algunos de los debates que se dieron en el catolicismo americano del siglo XIX. Lo que se discute es si el islam en Estados Unidos ha de construirse a sí mismo como una subcultura defensiva que se mantenga aparte para protegerse de una americanización corrosiva, o si ha de organizarse como una opción cultural pública autoafirmativa en el marco del competitivo multiculturalismo norteamericano. La amenaza de una americanización del islam que ello comportaría se vería compensada por la oportunidad de una islamización de los Estados Unidos, que muchos musulmanes ven como una actualización del universalismo del islam.