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Revista Cidob d'Afers Internacionals 73-74 Revista Cidob d'Afers Internacionals

Identidad dura e identidad blanda

por Hassan Rachik
Revista Cidob d'Afers Internacionals nº 73-74, Mayo / Junio 2006

Número de páginas: 5
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Los ideólogos de la identidad tienen como ideal la homogeneidad de los sistemas culturales que defienden. La intensidad de la homogeneización cultural depende de la escala social de su realización (infranacional, nacional, mundial) y también del tipo de cultura en cuestión (cultura elevada, cultura baja, cultura a secas). Según Gellner, la homogeneización cultural es un fenómeno moderno que el nacionalismo ha asumido. En las sociedades agrarias tradicionales, las comunidades rurales no comparten una cultura común. Lo que las caracteriza es más bien la separación, las diferenciaciones y las divisiones culturales entre las élites y el resto de la población. A nadie le interesa fomentar una homogeneidad cultural. El Estado se contenta con recaudar el impuesto y mantener el orden. La identidad colectiva tradicional (tribal, corporativista, religiosa, etc.) se basa más en la estratificación cultural que en la homogeneización cultural. La idea de que la aristocracia comparte la misma cultura que los campesinos sería impensable en una sociedad tradicional (Gellner, 1983: 24-43; Eriksen, 1993: 102-104).
Por el contrario, la sociedad moderna industrial exige una homogeneidad cultural. Ya no debemos ser producto de un pueblo o de un clan. La cultura ya no debe ser diversificada y estar enclavada en localidades. Ya no debe confirmar y legitimizar una estratificación social. La sociedad industrial exige una población móvil que posea una cultura común, una formación genérica que le permita cambiar de profesión, sistemas de comunicación explícitos que ya no dependan del contexto. Según Gellner, el nacionalismo es una teoría de la legitimidad política que exige que los límites culturales coincidan con límites políticos, los del Estado. Se define por esa voluntad de establecer una congruencia entre la cultura y la sociedad.
Sin embargo, no se trata de cultura en el sentido amplio sino de alta cultura. La nación no se basa en una cultura común cuya existencia es previa a ésta. Por el contrario, la formación de las naciones, los procesos de homogeneización cultural que la acompañan y el sistema educativo que difunde esta alta cultura son consecuencia de la industrialización. El individuo es miembro directamente de la nación, en virtud de esta alta cultura común. La homogeneidad cultural, que el nacionalismo se esfuerza por fomentar, es producto de las condiciones estructurales de la sociedad industrial. La cultura en cuestión es la alta cultura difundida por el Estado y su sistema educativo.
La normalización cultural es sin duda indispensable para identidades colectivas que se sitúan a una escala global. Anderson (1983) muestra cómo la lengua impresa contribuía a sentar las bases de una conciencia nacional. Las personas que hablaban variedades de francés, de inglés, etc., podían comprenderse cada vez más en una lengua vernácula impresa progresivamente más normalizada. Este colectivo lector, conectado gracias a lo impreso y que comprende la "misma" lengua, se considera como el embrión de una comunidad nacional imaginaria. Pone de manifiesto cómo, en Europa, la conciencia de pertenecer a una nación ha sido posible gracias a la convergencia de una tecnología de la comunicación (la imprenta), del desarrollo de las lenguas vernáculas y de un sistema de producción (el capitalismo).
La homogeneización cultural objetivo de las ideologías identitarias no se reduce a estos procesos de normalización realizados a nivel lingüístico y educativo. La ideología del melting pot (crisol de culturas) va más lejos. Individuos originarios de diversos horizontes culturales y lingüísticos deben fusionarse en un único grupo social que comparte una cultura y una identidad comunes.
Identidad imperativa e identidad selectiva
Con la ideologización de la identidad colectiva, la homogeneización cultural tiende a hacerse imperativa y totalitaria en el sentido de que su objetivo es infiltrarse en todas las esferas de la vida social y, en particular, en lo que es visible. El cuerpo y la vestimenta constituyen objetivos ideales de las identidades imperativas debido a su dimensión espectacular: la gente dice (o se ve obligada a decir) lo que es a través de la ropa, del cuerpo (pelo largo, hijab , cabezas rapadas, formas de llevar la barba, tatuaje) y del mobiliario. Algunos fundamentalistas musulmanes rechazan el mobiliario moderno e incluso tradicional y se contentan con esteras o alfombras. Desde el punto de vista de las relaciones sociales, las ideologías identitarias imponen otras obligaciones a los interlocutores que deben elegirse (amigos, cónyuges, colegas, clientes, etc.).
Cualquier identidad colectiva no se contenta únicamente con decir "lo que uno es" sino también "lo que se debe hacer". La diferencia fundamental entre una identidad imperativa y una identidad selectiva es que esta última indica a las personas lo que son y lo que deben hacer en ocasiones determinadas y en sectores limitados de la vida social: llevar determinado traje tradicional, religioso o nacional en determinada ocasión. La identidad selectiva deja una mayor libertad a los individuos. La identidad más dura de llevar sería la que se basa a la vez en una ideología autoritaria y totalitaria de la identidad colectiva. Ésta no se contenta con una elección de ocasiones para manifestar la identidad, hay que proclamarla todos los días a los cuatro vientos. Tampoco se contenta con un sector de la vida social (ritual, vestimenta, mobiliario, alimentación, etc.) sino que pretende organizar y uniformizar la vida social de las personas, tanto la pública como la privada e íntima.
La ideología identitaria puede beber de la política y de la religión. Su ideal consiste en borrar la individualidad de los miembros de un grupo (ya sean comunistas, fascistas, nazis, integristas cristianos, islamistas o judíos, etc.), y los hace intercambiables (la misma barba, el mismo corte de pelo, vestimenta con la misma forma y el mismo color, el mismo mobiliario, la misma alimentación, la misma celebración de la boda, de los funerales, etc.) [ 2 ] .
Cuanto más selectiva es la identidad colectiva, limitándose a algunos sectores de la vida social, más blanda es y más débil es su poder de imposición. En este caso, para reivindicar una identidad colectiva, las personas no se sienten obligadas a endosar día y noche toda una cultura. Algunos objetos, ritos, símbolos, etc. son suficientes para remitirse a la misma. Los emblemas identitarios son sin duda necesarios para la supervivencia y la cohesión de un grupo social. Sin embargo, cuanto menos numerosos son estos emblemas, más blanda será la identidad colectiva que debe asumirse y mayor será la libertad de las personas que reivindican una identidad común.
Purificación
Número de páginas: 5
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NOTAS
  • [ 2 ]

    El carácter imperativo de una identidad se expresa, por ejemplo, con los términos "compromiso", "comprometida". Sus equivalentes en árabe " iltizame ", " multazim " son utilizados por ideologías políticas que se definen como progresistas y por ideologías religiosas que se definen como fundamentalistas. En ambos casos, el adepto está "vinculado" al sistema que define su identidad política o religiosa.


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