www.revistasculturales.com

El portal de la Asociación de Revistas Culturales de España


Última actualización: (CET)

La cultura pasa por aquí
Revista Cidob d'Afers Internacionals 73-74 Revista Cidob d'Afers Internacionals

Identidad dura e identidad blanda

por Hassan Rachik
Revista Cidob d'Afers Internacionals nº 73-74, Mayo / Junio 2006

Número de páginas: 5
imprimir

La identidad de un grupo social estaría basada en su identidad cultural. Esto significa que los miembros de ese grupo comparten elementos culturales objetivos: una lengua, una religión, costumbres, etc. Este enfoque esencialista exagera los fundamentos objetivos de la identidad colectiva y desecha sus fundamentos subjetivos. La identidad colectiva no puede constituirse partiendo de los rasgos culturales comunes observados por el investigador. También es necesario que los actores consideren esos rasgos como elementos que les distinguen de los demás grupos sociales. Personas que hablan la misma lengua, que reivindican una ascendencia común o que practican la misma religión no comparten forzosamente una identidad colectiva. La creencia subjetiva en esos elementos (o en uno de ellos) constituye una dimensión fundamental en la definición de sus identidades. El elemento objetivo no es, por lo tanto, suficiente, es necesario ver si las propias personas afectadas lo utilizan o no como criterio de clasificación, como elemento de identidad. Objetivamente, las personas pueden estar clasificadas en función del color de su piel, pero el elemento objetivo sólo se convierte en un elemento de identidad cuando los grupos afectados creen que el color constituye un elemento social y cultural distintivo. Existen varios países en los que el color no constituye un emblema de identidad.
Lo mismo ocurre con los rasgos culturales. Los que se tienen en cuenta en la definición de una identidad colectiva no son los que el observador identifica objetivamente, sino los rasgos que los actores consideran como marcadores distintivos y emblemas diferenciadores. Según esta concepción, las personas que se suman a una identidad colectiva no comparten obligatoriamente una cultura común, ni una psicología común. Lo que comparten es únicamente emblemas, ideas, símbolos que sirven para marcar una diferencia cultural (Barth, 1969). Por consiguiente, la identidad colectiva estaría basada, no en elementos comunes objetivos, sino en la creencia subjetiva en determinados elementos considerados como distintivos. Ni siquiera es necesaria la existencia "real" de los rasgos culturales invocados como fundamento de la identidad colectiva. Basta con que las personas afectadas crean en ella. Un grupo puede basar su identidad en una historia común imaginaria, en una genealogía común fabricada... Desde el punto de vista del estudio de la identidad colectiva, es inútil saber si existe o no una historia común comprobada o un parentesco real.
Esta distinción entre la concepción objetiva y subjetiva es sin duda esencial para abordar las identidades colectivas. A menudo se ha asociado, por una parte, la definición objetiva a la definición que el observador elabora a partir de elementos objetivos y, por otra parte, la definición subjetiva a la definición que también elabora el observador pero partiendo del punto de vista de los actores. En mi opinión, esta oposición oculta dos aspectos esenciales de las identidades colectivas: el primero es que los actores (dirigentes tribales, intelectuales, ideólogos, etc.) construyen también definiciones objetivas de la identidad colectiva. La segunda es que lo que algunos actores perciben o eligen subjetivamente se impone a los demás y se convierte, por las circunstancias, en un elemento objetivo y exterior. Una primera generación puede elegir un emblema (dimensión subjetiva de la identidad) que se presentará a las generaciones siguientes como un elemento de identidad objetivo, haciendo creer que es antiguo, histórico, incluso eterno.
La identidad dura presenta los fundamentos identitarios de un grupo como algo objetivo. En última instancia, se pertenece a determinada identidad sin saberlo y contra la voluntad de uno. Los elementos que definen una identidad son objetivos, no se deja ninguna alternativa a los miembros del grupo. El modo en el que se concibe la identidad colectiva es el de la condición prescrita. El individuo hereda, pura y simplemente, los elementos que definen su identidad colectiva. El ejemplo más extremo es aquél en el que la identidad se basa en la raza. No es casualidad que las ideologías más autoritarias recurran a los rasgos biológicos para basar su concepción de la identidad. Los elementos culturales también se conciben como algo que confiere, objetiva y automáticamente, una identidad colectiva. Los ejemplos son numerosos: algunos nacionalistas árabes afirman que es árabe aquél que habla árabe, incluso si lo niega, algunos intelectuales amazighs sostienen que todos los que viven en el norte de África son amazighs (bereberes) sin saberlo, incluso si no hablan ningún dialecto bereber. Para ellos, lo que confiere la identidad es la tierra y no únicamente la lengua. La identidad de un grupo se presenta como algo "natural" y "objetivo". La única alternativa que tienen sus miembros es endosar la identidad que se les confiere objetivamente, es decir de forma autoritaria. Queda excluida toda negociación, no sólo sobre la identidad que se va a llevar, sino también sobre su contenido.
Homogeneización cultural
Hemos mencionado rápidamente que las identidades colectivas pueden diferenciarse en función de que estén basadas en sistemas culturales difusos e implícitos o en ideologías estructuradas y explícitas. La ideologización de las identidades colectivas requiere especialistas (intelectuales, ideólogos) que seleccionan los emblemas, los símbolos, los acontecimientos históricos, y cualquier otro elementos a partir del cual pueden amañar un sistema de sentido, una definición de la identidad del grupo en cuestión. Así, la ideología se entiende como un sistema de ideas y de valores que expresa de forma explícita lo que es y lo que debe ser el Nosotros y lo que es el Otro. Puede considerarse como la parte "activada" de un sistema cultural. Define, para los miembros del grupo en cuestión, las formas de pensar (tipos de jerarquía a establecer entre las identidades), de comportarse (cómo vestirse, saludarse, etc.) y de sentir (acontecimientos que deben alegrarnos o entristecernos) que son conformes con el Nosotros. Define asimismo las actitudes y los comportamientos que deben observarse en relación con el Otro (dialogar con éste, respetarlo, despreciarlo, excomulgarlo, exterminarlo).
Número de páginas: 5
imprimir


Todos los artículos que aparecen en esta web cuentan con la autorización de las empresas editoras de las revistas en que han sido publicados, asumiendo dichas empresas, frente a ARCE, todas las responsabilidades derivadas de cualquier tipo de reclamación
Página generada el Jueves, 20 de Noviembre de 2008 04:51:43