La nisba es un sistema de clasificación local, a través del cual las personas se definen en relación con su familia, su pueblo, su tribu, su ciudad. Tiende a ser incorporada en los nombres personales (por ejemplo: Omar al-Yazghi = Omar de la tribu de Yazgha). No obstante, se la aborda no sólo como una simple representación de lo que son las personas, sino también como un conjunto de principios, de categorías culturales, mediante los cuales las personas orientan sus interacciones. Dicho de otro modo, se trata de una construcción cultural que proporciona no sólo un sistema de clasificación en función del cual las personas se perciben y perciben a los otros, sino también un marco que les permite organizar algunas de sus transacciones. Conocer la nisba de una persona simplifica el proceso de búsqueda de un interlocutor plausible, perteneciente por lo general a la misma tribu. Es la principal estrategia que permite limitar los costes de búsqueda del interlocutor. Sirve para evitar las manipulaciones del peso, de la calidad de las mercancías en ese intercambio cara a cara.
El uso de la identidad tribal en un mercado no se remite a la tribu como unidad sociopolítica. En la ciudad, las personas se clasifican a sí mismas y clasifican a los demás invocando amplias agrupaciones humanas cuyas estructuras son laxas, cuando no obsoletas (confederaciones tribales, regiones, etc.). Las personas que se remiten a tales identidades no se conocen y, habida cuenta de su número, no pueden conocerse personalmente. En la ciudad, la identidad colectiva y las informaciones relacionadas con ésta se reducen a un conjunto de estereotipos destinados a caracterizar una categoría social de gran dimensión, con un contenido laxo y contornos imprecisos. Las personas nacidas en Fez son comerciantes de telas, las personas originarias de Sous comercian con especias, etc. (Rosen, 1984: 21-28). En una transacción comercial, saber que una persona de Sous vende especias, que es avaro y tiene una buena moralidad, no supone un gran avance. No se dice en absoluto hasta qué punto las personas creen en los estereotipos que asocian a determinada identidad colectiva y hasta qué punto los tienen en cuenta en sus interacciones. Parece que las informaciones que las personas intentan obtener están basadas fundamentalmente en sus experiencias personales o en las de otras personas en relación con el eventual interlocutor. El propio Geertz sostiene que la nisba sólo aporta un esbozo impreciso de lo que son los actores, y que las principales informaciones se obtienen a lo largo del propio proceso de interacción. Concluye que una categorización de tipo nisba conduce, paradójicamente, a un hiperindividualismo. Los actores recurren a las informaciones asociadas a las identidades colectivas de sus interlocutores, pero es durante la interacción cuando se negocian los conceptos que determinan las pertenencias (tribu, aduar, parentesco), cuando se recogen otras informaciones (Geertz, 1986).
Cuando el grupo con el que tratamos corresponde a una categoría social amplia, la identidad es blanda y se reduce a estereotipos que tienen escasos efectos en las interacciones sociales. El uso de identidades colectivas como medio de movilización, como instrumento político, exige que el grupo en cuestión esté organizado (o se esté organizando) de manera "informal" (tribu) o formal (asociación, partido político, etc.). La movilización puede basarse en una ideología identitaria explícita y sistemática. Diferentes estudios sobre el nacionalismo ponen de manifiesto que, cuanto más organizado está el grupo (movimiento nacional) y cuanto más sistemática es la ideología, más numerosas son las obligaciones de los miembros y más dura es de llevar la identidad nacional. El caso extremo es el deber de sacrificar la propia vida en nombre de la nación. Mi propuesta es esbozar los rasgos de una ideología identitaria autoritaria en el marco de este tipo amplio de identidades "duras".
Clasificación unívoca
Hemos visto que la identidad colectiva implica la clasificación de las personas y de los grupos sociales. Los criterios de esta clasificación son diversos: la política, la religión, la lengua, la raza, la etnia, la nacionalidad, etc., constituyen criterios de clasificación. Sin embargo, la clasificación de las personas y de los grupos no es necesariamente exclusiva ni unívoca. Personas separadas por la religión pueden invocar la nacionalidad como rasgo común. A la inversa, personas separadas por la nacionalidad pueden invocar una religión común, una lengua común, etc. Es posible reivindicar varias identidades colectivas, estableciendo una clasificación jerárquica entre las mismas o indicando simplemente a qué comunidad el individuo debe manifestar una fidelidad extrema: ser español antes que catalán, ser marroquí antes que musulmán, ser árabe antes que cristiano, etc., o a la inversa. La elección entre varias identidades puede basarse en un compromiso. En ese caso, se desecha la cuestión de la jerarquía, se habla de identidad múltiple o plural, situando en un mismo nivel las diferentes identidades colectivas que uno reivindica.
Se puede reconocer una identidad dura por el tipo de clasificación, simple o binaria, de las personas y de los grupos que impone. Adopta un criterio único para definir el grupo y oponerlo al Otro. Impone una definición fija y excluye la relatividad o la jerarquía de las identidades colectivas. No debemos tener la opción entre múltiples identidades que se reivindicarían en función del contexto, debemos asumir una identidad independientemente del contexto. No existe necesariamente una correspondencia entre la identidad dura e identidades colectivas. A menudo, una misma identidad colectiva es objeto de varias ideologías, y la versión dura sólo es una versión más entre otras. Por ejemplo, el nacionalismo árabe es objeto de múltiples ideologías, y la versión dura que excluye las identidades nacionales, las minorías, las lenguas no árabes, etc., sólo es una versión más entre otras. Otras versiones menos autoritarias reconocen las identidades nacionales situando la identidad árabe por encima de todas las demás.
Por consiguiente, la identidad dura tiende a la exclusión de cualquier conflicto de lealtad. El conflicto de lealtad aparece cuando los miembros de un grupo social se encuentran ante una elección difícil entre las identidades que reivindican. En una revuelta tribal, ¿hay que ser leal a la tribu o a la nación? En un conflicto religioso, ¿hay que ser leal a la nación o a la religión? No existe conflicto cuando la lealtad se debe exclusivamente o bien a la tribu, o bien a la religión, o bien a la nación. La ausencia de conflicto no constituye un rasgo propiamente dicho de las identidades duras, es sobre todo consecuencia de la clasificación unívoca que imponen
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Objetivación de la identidad