Las repúblicas centroasiáticas se incorporan a la OSCE en 1992, sumando, de esta forma, a la organización euroatlántica una dimensión asiática. Se pueden mencionar tres motivos por los que se decide su entrada: la voluntad de los países occidentales de "controlar" la desintegración soviética; su membresía es una forma de vincular a Asia Central con Europa y mantenerla "alejada" del "peligro del fundamentalismo"; y es un medio de extender principios y valores (democracia, derechos humanos, etc.). Las repúblicas, como se ha mencionado, no tienen experiencia diplomática multilateral y durante bastante tiempo éste ha sido el único foro de carácter paneuropeo en las que están presentes y en el que pueden debatir de manera oficiosa y en solitario las cinco. A su vez, la pertenencia a la OSCE ofrece al resto de estados la posibilidad de gestionar desde dentro los posibles conflictos en el área
[ 25 ] además de tener competencias en múltiples temas dada la calidad de la agenda de la organización (las famosas tres "canastas": la de la seguridad; la de la cooperación económica, medioambiental y científica; y la de la dimensión humana). Entre los países OSCE, ha habido un grupo particularmente interesado y dinámico respecto a Asia Central: el de nórdicos. Un ejemplo en este sentido es el tema de la gestión del conflicto tadzhiko, que entra en agenda a finales de 1993, a propuesta de los mencionados países y durante la presidencia sueca. También han mostrado interés los estados comunitarios y esencialmente Estados Unidos, para el que el contexto OSCE y su agenda temática facilitan su presencia en la región. A raíz del conflicto en Tadzhikistán, la organización estableció una Misión Permanente y desde un principio las tareas de la OSCE se encaminaron a apoyar y facilitar las negociaciones patrocinadas por Naciones Unidas y a facilitar el cumplimiento de los compromisos negociado (tareas de mantenimiento y de consolidación de la paz,
peace-keeping y peace-building ). En esta línea, su acción se dirigió especialmente a la creación y establecimiento de instituciones democráticas, comenzando por la elaboración de un proyecto de constitución; y a la atención de la situación de los refugiados (posibilitando su inserción en la sociedad tadzhika)
[ 26 ] . A partir de la experiencia del conflicto, la organización decide cambiar su estrategia y establece una de conjunto basada en su agenda de seguridad global para Asia Central, en la que intervienen todas sus instituciones y mecanismos. A tal fin se crean oficinas permanentes en las cinco capitales que permiten seguir de cerca la evolución de los compromisos adquiridos en el marco OSCE. La última organización que se menciona es la Unión Europea (UE) que, en tanto que "actor colectivo", ha tenido un papel marginal respecto del resto de actores. Los estados comunitarios han privilegiado y ejercido políticas hacia el área fuera del marco de la UE; Gran Bretaña, Francia y Alemania son los ejemplos destacados. No obstante, la UE, deficitaria en materia energética, ha establecido un programa de asistencia técnica y financiera, denominado TRACECA (Corredor Transporte Europa-Cáucaso, Asia) en el ámbito del programa TACIS (asistencia técnica de la UE a los nuevos estados independientes de la CEI y Mongolia). También existe el programa INOGATE para la evacuación de hidrocarburos. Los objetivos de estos programas son la promoción y el desarrollo de corredores de transporte del petróleo y el gas
[ 27 ] .
A MODO DE CONCLUSIÓN: LA "CENTRALIDAD" DE ASIA CENTRAL
En estos quince años de nuevo sistema internacional, Asia Central ha ido ocupando paulatinamente un lugar prioritario en la agenda internacional, adquiriendo la calidad de región emergente, tanto por las características del área en su conjunto y de las repúblicas individualmente, como por la percepción que tienen los actores internacionales de la zona. Respecto al primer aspecto mencionado, el de área, hay que señalar que en la posguerra fría en Asia Central es posible distinguir dos grandes etapas. Aquella que va desde la desintegración de la Unión Soviética al 11-S, caracterizada por la transición económica, política y social que experimentan las repúblicas; y la que se inicia a finales de 2001 cuando el área, en virtud de su posición geopolítica, se inserta de pleno en la política internacional. El área consolida su especial valor en tanto que centro de Eurasia, reactualizando las viejas concepciones geopolíticas, que vincula a Rusia, China, Irán y Asia del Sur como flanco en la guerra contra el terrorismo, como zona tampón al radicalismo islámico, y como parte del llamado "arco de petróleo" (Golfo Pérsico y Cáucaso-mar Caspio). Hay que resaltar, junto a los factores históricos y culturales, la importancia económica y estratégica que Asia Central ha adquirido por los recursos energéticos existentes. No es baladí el interés en estabilizar la zona para asegurar la salida del petróleo y el gas. En este sentido, toda crisis intra-área, (conflicto tadzhiko, discriminación de minorías, etc.) ha sido gestionada para evitar que actúe como "contaminador", difusor y hasta acelerador de conflictos en la zona (Uzbekistán, Kirguizistán, Xinjiang (China), Kazajstán) y fuera de ella. Asia Central también ha sido un espacio de formulación de políticas regionales y ha posibilitado la aparición de actores poco activos hasta entonces, Irán y China, que se incorporan al "gran juego" y a las relaciones internacionales.
Referente a las repúblicas, se puede afirmar que éstas han estado sometidas en paralelo a una triple dinámica: consolidar las independencias (con el deterioro constante de las economías); la construcción de los estados dotándolos de identidad o en todo caso redefiniéndola (en las cinco como oposición a lo eslavo y con el reforzamiento del islam); y la definición y formulación de sus políticas exteriores en un sistema internacional en constante turbulencia. Todo esto ha condicionado sus relaciones de cooperación y de conflicto. En ese sentido, han mantenido, en mayor o menor medida, sus lazos con Moscú (a través de la CEI y bilateralmente), han potenciado su vinculación al mundo islámico (OCI y OCE), y a excepción de Turkmenistán (con su política de neutralidad) han intensificado sus relaciones con Occidente, específicamente con Estados Unidos (economía y presencia militar) y también con China y Japón (importantes inversores tras Washington). Las repúblicas también han debido hacer frente a cuestiones básicas como la situación de los derechos humanos, los flujos de desplazados y refugiados, el déficit democrático, que inciden directamente en sus relaciones con el exterior.