A la explotación de los recursos hay que sumar un tema significativo en materia internacional: la controversia entre los países ribereños, según se considere al Caspio un lago o un mar interior. Hasta 1991, el usufructo fue regulado por los tratados firmados entre la URSS e Irán, que determinaban el estatuto jurídico del Caspio como lago, regido por los tratados bilaterales de 1921 (cooperación y amistad), de 1935 (establecimiento y comercio), este último reemplazado por el de 1940 (comercio y navegación); y la legislación interna de cada Estado. Se regulaba la explotación de recursos sin delimitar, de forma clara, las fronteras marítimas (Uiboppuu, 1995). La aparición de nuevos estados (Azerbaidzhán, Kazajstán y Turkmenistán) que tienen costa sobre el Caspio y la utilización de los recursos generó conflictos a la hora de consensuar el estatuto del mar, puesto que no estaban de acuerdo con los derechos de disfrute que otorga la calidad de lago (acordada en el contexto de Guerra Fría). La tesis-lago (principio de condominio), que sostienen la Federación Rusa e Irán, implica una explotación concertada de recursos sin que ninguna de las partes tenga derecho de propiedad en exclusiva más allá de la zona de las diez millas marítimas de sus costas (a partir de dicha zona se deberán explotar los recursos sobre la base de un acuerdo común). La tesis-mar interior (principio del reparto), apoyada por Azerbaidzhán, Kazajstán, y en menor medida Turkmenistán, supone la distribución de las aguas en diferentes categorías (aguas territoriales, plataforma continental, zona económica exclusiva, etc.). Así, los derechos de los ribereños se determinarían según la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (CNUDM) -abierta a la firma en 1982 en Montego Bay y que entró en vigencia en 1994-; sin embargo, el problema radica en que sólo una de estas repúblicas (Rusia) ha ratificado dicha Convención. La tesis "mar interior" es apoyada abiertamente por Estados Unidos, el primer inversor en la región, que tampoco ha firmado la CNUDM. A lo largo de estos años se ha tratado de encontrar una solución multilateral al conflicto, sin éxito. Ejemplos en este sentido son, por un lado, la propuesta conjunta ruso-azerí-kazaja (2003) para dividir el fondo del Caspio en sectores nacionales (siguiendo el trazado de la "línea mediana modificada", mientras las aguas superficiales siguen siendo propiedad común de los estados ribereños) que es la que permite la extracción en la actualidad, rechazada por Irán, claro perdedor en términos de porcentaje de usufructo por sectores nacionales (aproximadamente, el 13%, frente al casi 20% de los demás); por otro, los acuerdos bilaterales entre Kazajstán y Rusia (1998) con arreglo a la "línea mediana" y entre Rusia y Azerbaidzhán (2001) sobre el mismo principio. La polémica mar-lago complica aún más las relaciones en el área y las posibilidades de una pronta solución siguen siendo muy remotas
[ 11 ] .
LAS REPÚBLICAS CENTROASIÁTICAS EN EL NUEVO ORDEN INTERNACIONAL
Población y evolución política
Las repúblicas que constituyen Asia Central abarcan una superficie de casi cuatro millones de kilómetros cuadrados (casi ocho veces la extensión de España). La cuantía de su superficie contrasta con la escasez de población y su distribución, apenas unos cincuenta millones de habitantes (diez más que España), y destaca la diferencia demográfica entre el Estado más extenso y escasamente poblado (con una densidad de 6 hab/km2), Kazajstán, y el más pequeño en superficie Tadzhikistán, el segundo más densamente poblado (45 hab/km2). El factor demográfico, como elemento de presión, desempeñará un papel significativo en las relaciones tadzhikas con sus vecinos, especialmente con Uzbekistán (62 hab/km2). La existencia de centenares de nacionalidades (Choukourof, 1994) se refleja en la composición de la población, con presencia importante de minorías, en algunos casos, de más o casi un tercio de la población del Estado en que residen (rusos en Kazajstán y Kirguizistán y rusos y uzbekos en Tadzhikistán).
La mayoría de los habitantes son de confesión islámica, musulmanes suníes, con presencia de minorías chiíes (ismaelitas)
. Una vez finalizada la Guerra Fría, la región ha sufrido un importante proceso de reislamización (Kepel, 2000). A la existencia de un islam oficial, muy controlado por las autoridades, que existía durante la época soviética y que se mantiene en la actualidad, hay que sumar la presencia de un islam radical (Rashid, 2002a), que si bien es minoritario en el conjunto de las repúblicas, ha tenido una importante actividad y participación política (Rashid, 2000b). La presencia del islamismo radical es manifiesta en Tadzhikistán, Uzbekistán y Kirguizistán
[ 12 ] .
De manera general, se puede afirmar que la transición política (véase el texto de Djalili y Kellner) se desarrolló en la práctica como una tentativa de salida del modelo soviético. Los intentos de construcción de una soberanía e identidades nacionales se han hecho, progresivamente, contra el período soviético, sobre el reforzamiento del grupo étnico titular del nombre del país (con exclusión de las minorías) y el rechazo hacia la lengua del "colonizador" (políticas de desrusificación)
[ 13 ] . Sin embargo es difícil construirlas. Las repúblicas centroasiáticas, a diferencia, por ejemplo, de las del Cáucaso, Georgia, Armenia, Azerbaidzhán, no pueden referirse a su pasado presoviético, como entidades estatales, ya que su organización se basaba en kanatos y federaciones tribales, modelos lejanos al del Estado moderno. Para algunos especialistas, la situación es similar a la de los estados africanos surgidos de la descolonización (Djalili, 2001). Políticamente, hay continuidad en el modelo de administración estatal: se mantiene la centralización y las entidades autónomas son cada vez menos autónomas, se habla de "estados clónicos" de la Unión Soviética, las élites dirigentes y son las mismas del régimen soviético. La evolución de las repúblicas se ha decantado hacia regímenes autoritarios o semiautoritarios con el predominio de un partido único, y el papel preponderante del personalismo presidencial (culto a la personalidad, Islam Karímov en Uzbekistán y Nursultán Nazarbáyev en Kazajstán; presidentes casi vitalicios como Saparmurad Niyazov en Turkmenistán).
Respecto a la situación socioeconómica, las repúblicas centroasiáticas heredaron una mala situación de la época soviética
[ 14 ] , ya que esta zona era, en general, la más pobre de la antigua Unión Soviética. Los cinco estados se mantuvieron al margen del proceso industrializador (sólo se instalaron algunas industrias químicas y pesticidas altamente contaminantes) y se dedicaron a la producción de materias primas, en especial el algodón, que como monocultivo histórico ha generado una sobreexplotación y degradación de la tierra con nefastas consecuencias para el medio ambiente (uso indiscriminado de recursos hídricos, desertización, salinización del suelo, etc.), siendo el mar de Aral el caso paradigmático de destrucción ecológica
[ 15 ] . A lo apuntado hay que sumar otras cuestiones que contribuyen a degradar aún más la calidad de vida en la región. Por una parte, la contaminación de origen nuclear, ya sea como producto de los ensayos nucleares (atmosféricos y subterráneos) realizados (Kazajstán, era un Estado con armas nucleares en el marco de la URSS), el almacenamiento de residuos radioactivos (Kirguizistán) o de la explotación de minas de uranio (Tadzhikistán); por otra, la contaminación derivada de las pruebas de armas bacteriológicas (la isla de Vozrozhdeniye, en el centro del mar de Aral, entre los territorios de Kazajstán y Uzbekistán, era la sede del más importante complejo de producción de las mencionadas armas).