El paisaje humano de España ha ido variando paulatinamente desde la década
de los ochenta, fecha en la que empezamos a vislumbrar una tímida presencia
de personas venidas de fuera. El número de residentes extranjeros ha ido
en aumento desde entonces, creciendo en diversidad étnica, laboral, residencial.
Así, en la actualidad, la presencia de trabajadores de origen extranjero
no es monopolio de las grandes ciudades españolas: el aumento del nivel
de vida, la mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral, la necesidad
de mano de obra no cualificada, etc., son factores, entre otros, que permiten
el asentamiento de los trabajadores migrantes a lo largo y ancho del país.
Hoy en día, pues, no es ni novedad, ni resulta en absoluto exótico
ver a personas chinas por las calles de nuestros barrios, ciudades y pueblos.
Atrás quedaron los años en que su presencia era invisible -no
se les veía, no se les oía, no molestaban-, asociada solamente
al restaurante chino del lugar. Ahora, sigue habiendo restaurantes, pero se han
insertado también en otros sectores económicos y podemos encontrarles
en las tiendas de regalos de objetos baratos -las tiendas de "todo
a cien" que para muchas personas es la "de los chinos"-,
supermercados, zapaterías, peluquerías, tiendas de ropa, de frutos
secos, etc. Actualmente son más y necesitan más espacio geográfico,
económico y social.
DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA Y ACTIVIDADES ECONÓMICAS: ENTRE LA
DISPERSIÓN Y LA CONCENTRACIÓN
En la tabla 1 podemos ver cómo ha evolucionado la población de residentes
chinos en el Estado español y en las comunidades autónomas donde
su presencia es mayor. Desde 1961 el crecimiento ha sido sostenido tanto en el
ámbito estatal como regional, destacándose el quinquenio 1995-2000
que experimenta un gran aumento de residentes chinos en España. No olvidemos
que estamos analizando los datos de residencia y que durante estos años
se produjeron dos procesos de regularización (1996, 2000) en el Estado
español. Desde el año 2000, el número de ciudadanos chinos
no ha dejado de incrementarse, si bien es cierto que en los últimos años
lo hace a menor ritmo.

Por comunidades autónomas es reseñable que hasta 1995 Madrid se
situaba en el primer puesto en cuanto a residentes chinos y, desde entonces, Cataluña
la ha superado. Canarias experimentó un fuerte crecimiento de presencia
china en la década de los ochenta, y también lo hicieron la Comunidad
Valenciana y Andalucía cinco años después, siempre con menor
volumen absoluto que las dos grandes, Madrid y Cataluña. Así pues,
el asentamiento chino en el Estado español ha seguido una pauta más
o menos constante en torno a los territorios que concentran más población:
las grandes ciudades y el litoral mediterráneo.
La dedicación de las personas chinas a la restauración ha influido
en su distribución geográfica. A pesar de que su presencia se remonta
a principios del siglo XX, no será hasta la década de los ochenta
cuando los restaurantes chinos empiezan a ser familiares a la población
española, debido a dos factores fundamentales: el punto de saturación
alcanzado en Europa por la restauración china, y el incremento del nivel
de vida del Estado español que supone cambios en las prácticas dietéticas,
como comer fuera de casa y la degustación de "sabores exóticos".
El típico restaurante chino es un negocio cuya mano de obra, en primera
instancia, la componen los propios miembros de la familia. Así, para que
el negocio prospere requiere una cuota de mercado -un número mínimo
de clientes por debajo del cual no resulta rentable- que se consigue gracias
a una localización estratégica del local, para asegurarse la menor
competencia posible, de ahí que la población china se distribuyera
y dispersara por los grandes municipios y las ciudades del litoral, pues son los
que reciben más visitantes -turistas- a lo largo del año.

Sin embargo, el incremento persistente de residentes chinos también se
ha dado en las ciudades españolas del interior -representado en la
tabla por la Comunidad de Castilla-León-, lo que ejemplifica la necesidad
de ampliar el mercado cuando el crecimiento de la oferta es constante. Así,
a lo largo de la primera parte de la década de los noventa la distribución
geográfica de la población china alcanzó a todas las provincias
y ciudades grandes del Estado español, en lo que podríamos denominar
la primera expansión hacia el interior de la población china (para
el caso concreto de Cataluña, véase Beltrán y Sáiz,
2001).
La segunda mitad de la década de los noventa se caracteriza por el gran
crecimiento de la población residente china que es incapaz de absorber
en su totalidad el sector de la restauración, por lo que fue necesario
diversificar las actividades económicas en las que insertarse. Desde comienzos
de los años noventa se detectaron trabajadores chinos en el sector industrial
de la confección, en un primer momento dispersos por la geografía
estatal. Sin embargo, durante la segunda mitad se apreció una cierta concentración
de residentes chinos en ciudades del área metropolitana de Madrid y de
Barcelona fundamental- mente, fenómeno que se hace "espectacularmente"
visible ya entrados en el siglo XXI.
Si la restauración exigía una ubicación dispersa, la confección
requiere una mano de obra intensiva, concentrada, disponible, y así surgieron
zonas donde los residentes chinos alcanzan un porcentaje con respecto al total
de población muy por encima del promedio. No obstante, estas concentraciones
son escasas en todo el Estado español -básicamente Lavapiés
y Fuenlabrada en Madrid, Santa Coloma de Gramenet en Barcelona- y en lugar
de constituir la norma, son la excepción a la estrategia de asentamiento
de la población china.
La concentración es un fenómeno que favorece la aparición
de pequeños comercios étnicos, es decir, tiendas regenteadas por
personas chinas con independencia de la nacionalidad de sus productos. Así,
el comercio étnico es diverso en relación con sus clientes pues
junto a supermercados, peluquerías, restaurantes de comida china, destinados
fundamentalmente a compatriotas, aparecen tiendas de alimentación, fruterías,
zapaterías, etc., que necesitan de la clientela local -autóctona-
para prosperar. En este sentido, concentración no implica (auto)exclusión
o "guetización", el comercio necesita de clientela, cuanta
más mejor, para ser rentable.
La concentración ha dado lugar a una nueva fase en la distribución
geográfica. Muchas familias han recurrido al trabajo en la confección
como un medio relativamente rápido para la acumulación de capital
con el objetivo de invertir posteriormente en la apertura de negocios, generalmente
relacionados con el comercio. Estas empresas, al igual que la restauración,
necesitan una cuota de mercado que se consigue en "territorios de frontera",
es decir, en barrios y ciudades donde la competencia no existe o es mínima.
Así, a comienzos del siglo XXI, asistimos a una segunda fase de expansión
hacia el interior de la población china, en esta ocasión con la
apertura de tiendas de regalos, principalmente. No hay que olvidar que el comercio
étnico se desarrolla gracias, y paralelamente, al cambio generacional en
el mundo laboral que en muchos sectores no encuentra recambio entre la población
autóctona y deja libres espacios económicos y comerciales que están
siendo ocupados por la población migrante.