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Revista Cidob d'Afers Internacionals 66-67 Revista Cidob d'Afers Internacionals

Imaginarios de hecho y razón política por una esperanza intercultural

por Mohammed Noureddine Affaya
Revista Cidob d'Afers Internacionals nº 66-67, octubre 2004

Número de páginas: 6
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RESUMEN
En este texto, el autor intenta esclarecer determinados aspectos del imaginario en relación con el Estado, la política, pero también en relación con la violencia y el mal, en un contexto en el que la dialéctica de la identidad y de la alteridad sigue siendo una de las estructuras del imaginario. El imaginario, más allá del ámbito exclusivo de las representaciones, actúa sobre el mundo y sobre la evolución de la historia. Pero el mundo también actúa sobre el imaginario y son los períodos de crisis los que amplían sus manifestaciones, destinadas a "a servir de pantalla contra los temores". En este sentido, la violencia, frente a la cual cabe adoptar actitudes diferentes, se convierte en un elemento simbólico para interpretar nuestras fuerzas. ¿Hasta qué punto estamos presenciando un nuevo modo de funcionamiento de los imaginarios políticos y religiosos? Para responder a esta pregunta, el autor habla de esperanza intercultural "en un mundo donde las voluntades de poder de lo trágico interfieren en los impulsos de lo comunicacional".
Palabras clave: identidad cultural, política, conflicto, interculturalidad
¿Qué sentido se le puede dar a un término tan escurridizo e inabarcable como el imaginario? ¿Se trata de un depósito de la imaginación, la expresión de una mentalidad, una referencia ideológica, una tendencia utópica, un cajón de arquetipos, etc.? ¿O bien constituye una baza compleja en la comprensión de lo real y en el devenir de la historia? ¿Cómo interfiere esta categoría casi inabarcable en el peso de lo vivido, en los avatares de la política, en las prácticas intersubjetivas del hombre y en la circulación de los signos, de las imágenes y de las culturas?
Ciertamente no resulta fácil abordar todas estas preguntas. Sus complejidades suponen un proceso necesariamente interdisciplinar, por no decir, como afirman algunos investigadores, un enciclopedismo que resulta difícil mantener en la economía creciente de los saberes y las disciplinas. En verdad, nuestra ambición es mucho más modesta porque intentaremos aclarar algunos aspectos del imaginario, del Estado, de la política, de la violencia y del mal, en este contexto donde lo trágico tiende a dominar lo comunicacional y donde la dialéctica de la identidad y de la alteridad se convierte en el centro de atención de la producción discursiva y mediática.
EL IMAGINARIO DE HECHO
Se admite que imaginar no es simplemente tener pequeñas imágenes en el espíritu, y éste no es una cosa, no es un cajón. Imaginar es poseer una conciencia de imágenes o imaginadora, que se otorga el mundo haciéndolo presente. A través de la imaginación, me desprendo de mí mismo y tiendo hacia el objeto imaginado, sin encontrarme necesariamente con él. Me encuentro, entonces, en el mundo imaginario, en un mundo donde la conciencia de mi espíritu sólo será el objeto o el ser en la forma de ausencia, ausencia materializada por un semblante o un simulacro de presencia. En la imagen hay una ausencia real de aquello que representa y una falsa presencia de la que se disfraza esta ausencia. La imaginación es por lo tanto "la facultad mediante la cual el hombre es capaz de reproducir -en él o proyectándose fuera de él- las imágenes almacenadas en su memoria (imaginación denominada "reproductora") o de crear imágenes nuevas que se materializan (o no) en palabras, textos, objetos, obras, etc. El imaginario sería entonces la palabra que designa los ámbitos, los territorios de la imaginación" [ 1 ] . El hecho de imaginar es, en el fondo, un factor productivo, de progreso, de descubrimiento de la persona en su vida y, a través la función simbólica, este hecho se convierte en un "momento constitutivo esencial de todo pensamiento". Por ello, sería difícil reducir los efectos del imaginario a lo irreal, sobre todo porque la civilización actual es al mismo tiempo productora de una economía de imágenes considerables y creadora de herramientas (cámaras, máquinas, aparatos, etc.) que penetran en todas las instancias de lo vivido cotidiano. Mediante la imaginería publicitaria, el espacio de nuestras ciudades está invadido de imágenes de todas partes, hasta el punto en que la libertad de la realización de la persona se ve subyugada bajo la conformidad, prácticamente dada, del hombre al modelo que actúa sobre él como un molde, ya que la imagen abarca tanto que es difícil separarse de ella por su poder invasor. ¿Podríamos decir que esta relación con la imagen constituye una huida de lo cotidiano, de lo real que cansa, que hace daño, que aburre porque es repetitivo, generador de trivialidad, de costumbres que esclerosan la existencia?
Pero se podría objetar a esto diciendo que, en lugar de imaginarlo, se puede pensar este mundo y criticarlo. Interrogarse sobre la vida del hombre, sobre el tiempo, sobre los fallos y la complejidad de la existencia conducen el pensamiento a la inteligencia de lo real en lugar de a su huida en la imagen recibida. Sin embargo hablar del imaginario parece, epistemológicamente, arriesgado, pues su definición es problemática.
Según Lucien Boia, no se lo puede "asimilar ni a la representación de la realidad exterior, ni a lo simbólico ni a la ideología ... no existe representación idéntica al objeto representado, toda imagen, incluso la más ‘realista', supone una intervención -aunque sea mínima- del imaginario. Por otra parte, nos parece que el universo de los símbolos pertenece plenamente al imaginario, que constituye incluso su expresión más concentrada y significativa. Y finalmente, las ideologías pueden legítimamente ser interpretadas como mitologías secularizadas" [ 2 ] . Además, el imaginario, vista su naturaleza transhistórica y su carácter universales, está omnipresente en todos los ámbitos, tanto en el pensamiento científico o en la acción política como en el mundo de la creación artística y los impulsos de la mística. Y si el imaginario construye sus estructuras y crea su propia dinámica, no es menos cierto que llega a actuar sobre el mundo, y el mundo actúa sobre él, ya se trate de ideologías, de mentalidades, de mitos, de símbolos, de utopías, de religiones o de arquetipos. El imaginario desborda "el ámbito exclusivo de las representaciones sensibles. Incluye también las imágenes percibidas (e inevitablemente ‘adaptadas', ya que no existe una imagen idéntica al objeto), imágenes elaboradas e ideas abstractas que estructuran dichas imágenes" [ 3 ] .
Algunos investigadores consideran que, a pesar de su naturaleza inabarcable y de su complejidad, el imaginario "puede utilizarse como un barómetro muy sensible de la evolución histórica" [ 4 ] , ya que irrumpe por doquier y actúa en todo momento, "pero son sobre todo los períodos de crisis los que amplifican sus manifestaciones, llamadas a compensar las desilusiones, a servir de pantalla contra los temores y a inventar soluciones alternativas" [ 5 ] . Los hombres recurren al imaginario y a sus ámbitos simbólicos en el momento en el que "desesperan de la historia real".
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NOTAS
  • [ 1 ] . Jean , Georges. Pour une pédagogie de l'imaginaire . París: Ed. Casterman, 1991. P. 23-24.
  • [ 2 ] . Boia, Lucien. Pour une histoire de l'imaginaire . París: Ed. Les Belles lettres, 1998. P. 15.
  • [ 3 ] . Ibid. P. 17.
  • [ 4 ] . Ibid. P. 28.
  • [ 5 ] . Ibid. P. 27.

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