El año 2004 será un año importante por varias razones: en primer lugar, porque ya no se podrá afirmar que la política actual es tributaria del legado recibido del Gobierno anterior; en segundo lugar, porque será un año de elecciones municipales que extenderán el debate político a todo el país; y en tercer lugar, porque existe una fuerte movilización de la sociedad civil, fruto tanto de los mecanismos de participación ya existentes como de los introducidos por este Gobierno.
Los movimientos sociales y las bases sindicales han sido extremadamente tolerantes en este primer año de Gobierno Lula, al considerar que, si ellos se distanciaban del Gobierno, con una posterior desestabilización, éste tendría que buscar apoyo en fuerzas más reaccionarias, convirtiéndose en prisionero de éstas. Sin embargo, el momento actual impone que los movimientos y sindicatos exijan que se cumplan los compromisos asumidos durante la campaña. El tema que está unificando las reivindicaciones de los diferentes movimientos es la cuestión del empleo, o desempleo cero
[ 2 ] en alusión a las prioridades gubernamentales.
El escenario posible diseñado por el Gobierno indica que el país saldría de la recesión e iniciaría un círculo virtuoso de crecimiento económico, con inversiones compartidas por el Estado y la iniciativa privada. Algunos vislumbran este escenario de crecimiento económico a partir de las señales de reactivación de la producción industrial en los últimos meses, tanto en el sector exportador como en el sector responsable de la producción de bienes de consumo para el mercado interior. En caso de que se mantenga una política macroeconómica ortodoxa, con alguna pequeña flexibilidad derivada de las condiciones de negociación del acuerdo con el FMI, ésta se compensaría con mecanismos, que ya se están implantando, de expansión del crédito popular y con algunos mecanismos meso y microeconómicos que dieran una mayor agilidad al mercado.
La viabilidad de que este escenario sea más o menos positivo y probable dependerá de la capacidad, que debe demostrarse, de reacción del sector productivo, especialmente del que absorbe más mano de obra. Por otra parte, sin una reducción de los tipos de interés y sin un aumento de la inversión pública para desarrollar la infraestructura económica y social, será difícil hacer viable una recuperación consistente del crecimiento, razón por la cual se agudiza este conflicto.
La agenda gubernamental incluye además varias medidas para ordenar la casa, que garantizan el mantenimiento del control sobre el proceso inflacionario, con una caída progresiva de los tipos de interés. El modelo incluye una reforma política, una reforma del poder judicial, el fortalecimiento de los instrumentos de planificación y de inversión pública y el aumento de la eficacia en la gestión pública. Todas estas cuestiones están vinculadas a un tema central, que el Gobierno ha abordado de forma muy sutil, que es el relativo al elevado nivel de corrupción, que afecta tanto a los tres poderes como a la sociedad en general.
Un escenario opuesto, pesimista, considera que la continuidad de la política económica ortodoxa supone el mantenimiento de las condiciones de asfixia de la capacidad productiva nacional, así como el aumento del desempleo y de la desesperanza. Debido a la enorme solidaridad de los dirigentes sindicales y de los partidos con la figura del presidente Lula, podría producirse un profundo distanciamiento entre las bases y los dirigentes, que ya se ha manifestado con motivo de la reforma de la previsión. En este caso, se invertiría el sentido de los canales democráticos de canalización de intereses y suma de preferencias, de arriba abajo, y se deslegitimaría no sólo al Gobierno sino también a las instituciones de la democracia. La "estampida" se produciría cuando las masas empezaran a actuar por cuenta propia, se revelarían contra los dirigentes, y generarían una situación de ingobernabilidad.
Un tercer escenario identifica el mantenimiento de la política económica ortodoxa como límite para que el Gobierno pueda responder a las expectativas que lo eligieron. En este escenario, los sectores organizados de la sociedad, empresarios, sindicalistas, movimientos sociales, partidos políticos y la propia administración, pasarían a exigir, cada vez más, el cumplimiento de los compromisos asumidos en campaña. Lo que diferencia este escenario del anterior es la convicción de que las instituciones democráticas no se verían afectadas sino que, por el contrario, la reactivación de las reivindicaciones sociales pasaría por los canales institucionales y los fortalecería. En un año electoral, en el que el Gobierno pretende conseguir salir victorioso en un gran número de municipios para, así, fortalecerse a escala nacional, las reivindicaciones políticas tendrán más eco. Teniendo en cuenta que se trata de un Gobierno que sabe responder a las demandas y presiones políticas, se espera que pueda reorientar su política económica en consonancia con las expectativas sociales.
Todos estos escenarios se verán en gran medida afectados por la coyuntura económica internacional, el prestigio del Gobierno en el escenario internacional y las condiciones de gobernabilidad en América Latina. Internamente, una combinación del primer y tercer escenarios parece más probable que el segundo. El grado de los cambios en el segundo año de Gobierno Lula va a depender de los resultados económicos y de la reacción de la sociedad organizada.
Los cambios introducidos con motivo de la reforma ministerial, en enero de 2004, ya ponen de manifiesto que el Gobierno ha reforzado su área social y pretende dar una respuesta más efectiva a la reivindicación social de aumentar el nivel de empleo. También se observa que, a pesar de la ampliación de la plataforma aliada, el Partido de los Trabajadores sigue conservando los puestos más estratégicos en la composición del gabinete.
La posibilidad de una transición de una política económica ortodoxa hacia un proyecto de desarrollo implica tanto el mantenimiento de la credibilidad y de la estabilidad económica como la ruptura con posturas liberales, que ven en cada acto destinado a aumentar el poder político del Estado una vuelta al Estado del nacional desarrollismo. Del mismo modo, será necesario hacer frente a las posturas que dan prioridad a la estabilidad de la moneda frente a los esfuerzos de crecimiento y de redistribución, y que se encuentran tanto dentro como fuera del Gobierno.
La modificación de la composición del núcleo responsable de la articulación política y de la formulación del proyecto gubernamental parece señalar una tendencia a aumentar el grado de confrontación de las posturas defendidas por la línea ortodoxa y la línea desarrollista. No cabe duda de que se trata de un momento delicado para el Gobierno Lula, su prueba decisiva como gran negociado y líder, capaz de conducir este proceso inusitado de transición.
Referencias bibliográficas
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