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Revista Cidob d'Afers Internacionals 65 Revista Cidob d'Afers Internacionals

Primer año del Gobierno Lula: la difícil transición

por Sonia Fleury
Revista Cidob d'Afers Internacionals nº 65, mayo-junio 2004

Número de páginas: 9
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El Gobierno Lula recibió de sus antecesores un amargo legado económico, con una economía que crecía cerca de un 1% anual, e incapaz, por tanto, de crear empleos para la nueva generación de trabajadores. El aumento del desempleo y de la desestructuración del mercado laboral, el crecimiento exponencial de la deuda en porcentaje del PIB, la destrucción del aparato estatal desarrollista por medio de la privatización de los activos públicos, la incapacidad de desarrollar mecanismos de regulación, fueron elementos heredados de la política liberal. Incluso la inversión social realizada, que permitió mejorar los indicadores sociales, no consiguió reducir la concentración de la renta, un hecho que ha generado una explosión sin precedentes de violencia urbana.
La victoria de Lula sólo puede explicarse como resultado de la política liberal aplicada por el Gobierno anterior de Fernando Henrique Cardoso que, durante ocho años, provocó la destrucción simultánea de los canales de representación de la burguesía y de los trabajadores. La construcción de un proyecto de poder alternativo se inició en el marco de la crisis de hegemonía del modelo liberal vigente en la década de los noventa.
La elección de Lula supone un profundo cambio en la sociedad brasileña. Expresa, por una parte, el descontento del sector productivo, subordinado a un modelo económico en el que la especulación financiera, la ausencia de un proyecto de desarrollo nacional, la preponderancia de la política económica monetarista y la ausencia de planificación estatal y de instrumentos para incentivar la producción, hacen cada vez más difícil su integración competitiva en la economía global. Para los trabajadores organizados y representados en las centrales sindicales, esta política supuso el progresivo aumento del desempleo y el riesgo de pérdida de derechos laborales frente a las amenazas de flexibilización de las relaciones laborales. Ambos actores, empresarios y sindicatos, que protagonizaron el pacto corporativo vieron cómo sus canales de representación desaparecían progresivamente y asistieron a la subordinación de la acción estatal a una nueva elite procedente del capital financiero nacional e internacional.
Por otra parte, los movimientos sociales, religiosos y las organizaciones no gubernamentales que defienden a los sectores de población excluidos -negros, indios, habitantes de las favelas, los sin tierra, etc.- denuncian la recesión económica y la focalización de las políticas sociales por ser incapaces de reducir los niveles de desigualdad en la distribución de la renta y de hacer frente al problema estructural de la exclusión social.
La elección de Lula supondría, por lo tanto, la posibilidad de aunar los intereses del capital productivo y del sindicalismo en torno a un proyecto de desarrollo nacional autónomo y sostenible; se modificaría la actual correlación de fuerzas y se reduciría, de este modo, el margen de maniobra del capital financiero y su devastadora voracidad de la economía nacional, así como la situación del alineamiento incondicional con los intereses hegemónicos de Estados Unidos en la región.
El Partido de los Trabajadores también se había transformado a lo largo de este período: había pasado de ser un partido de oposición y contestación a convertirse, a la vez, en un influyente partido en el Parlamento y en un partido que gobernaba en importantes municipios del país. La experiencia en las negociaciones en el Congreso y la necesidad de crear condiciones de gobernabilidad local hicieron que el partido madurase y modificara su estrategia y táctica políticas. Enraizado en las tradiciones socialista y socialdemócrata, el PT empezó a revisar su tradicional aversión a las alianzas políticas, y se basó en la necesidad de asegurar condiciones de gobernabilidad para los gobiernos locales conquistados por el partido. Del mismo modo, considera que ya no existe un paradigma de transición, basado en sus antiguas teorías, que oriente a un partido de izquierdas moderno para establecer, en la actual coyuntura, las condiciones de creación de instituciones sociales, políticas y económicas que permitan proyectar la reducción drástica de las desigualdades. Según el ministro Tarso Genro, el PT debe incorporar la divergencia y cohesionar a las fuerzas políticas, dispersas en varios partidos, que puedan
apoyar la construcción de un nuevo espacio hegemónico. Entre los elementos capaces
de unificar estos sectores cabe destacar los siguientes: "romper con la visión tradicional de la ortodoxia monetarista en relación con el crecimiento económico; recuperar el carácter constitutivo de la acción política, que es siempre contraria a cualquier economicismo neoliberal; crear nuevas estructuras de control público del Estado, de forma cada vez más responsable, para revalorizar las instituciones republicanas, no para disolverlas; una política de desarrollo que incluya la distribución de la renta; un acuerdo que suponga el fin, desde el punto de vista económico-financiero, de la era del imperialismo y el paso a una dominación más compleja y dura; que es necesaria, en el ámbito exterior, una integración cooperativa independiente, soberana, que deje de basarse en aquella visión de ruptura con el sistema capitalista mundial. Si se parte de estas premisas, considero que es posible componer un nuevo espacio hegemónico, un nuevo bloque hegemónico, una nueva elite dirigente" (Genro, 2004).
Durante la campaña electoral, Lula procuró negociar con todas las fuerzas políticas representativas del país, e intentó convencerlas de que cumpliría los acuerdos y garantizaría la estabilidad macroeconómica, a la vez que intentaba comprometer a los líderes económicos y convencerlos de la necesidad de constituir una coalición que hiciera viable la reactivación del desarrollo sostenible. En manos de hábiles profesionales del marketing político, la campaña recurrió predominantemente a banderas blancas, en contraste con las tradicionales banderas rojas de las anteriores campañas del PT [ 1 ] , asociadas por la población a los comunistas. El proceso de "emblanquecimiento" también modificó la figura del candidato, que empezó a aparecer con trajes de marcas conocidas y sin el aspecto de "barbudo revolucionario" que tanto asustó a la población en las elecciones anteriores. Finalmente, la sociedad brasileña parece haber aceptado esta nueva imagen del candidato, y ha modificado el tradicional rechazo que los pobres tienen a votar a alguien semejante a ellos. Lula ya no parecía ser un simple trabajador, pero además la cultura política también había cambiado y la población empezó a sentirse orgullosa de alguien con quien se identificaba.
En la segunda vuelta de las elecciones, y con el objetivo de crear condiciones de gobernabilidad, se constituyó una amplia coalición liderada por los dirigentes del Partido de los Trabajadores, con una composición diversificada, que incluía a partidos de centro en la plataforma de apoyo al Gobierno, lo que acabó reflejándose en una contradictoria composición del gabinete de Lula. En este sentido, la frase de Frei Beto, asesor del presidente, al afirmar que el PT había llegado al Gobierno pero no al poder, resulta lapidaria.
Aun así, la especulación financiera se hizo sentir inmediatamente después de la elección, y provocó una sensación de pérdida de control de la estabilización económica generada, a un alto coste, por el Gobierno anterior, pero que, al final, acabaría por hacer que la economía fuese totalmente vulnerable. A pesar de que Lula se presentó como un candidato responsable, que respetaría los acuerdos firmados y mantendría la estabilidad financiera, la especulación financiera que siguió a su victoria hizo que el dólar se disparase y que la valoración internacional del riesgo de invertir en Brasil subiese vertiginosamente.
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NOTAS
  • [ 1 ] . El rojo y el blanco son los colores del PT.

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