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Revista Cidob d'Afers Internacionals 85-86 Revista Cidob d'Afers Internacionals

Los múltiples debates? (y realidades) de la democracia en América Latina

por Salvador Martí i Puig
Revista Cidob d'Afers Internacionals nº 85-86, Mayo 2009

Número de páginas: 8
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RESUMEN
El estudio presenta una visión panorámica de cómo se ha analizado el proceso de implantación y permanencia de los regímenes democráticos en América Latina durante la historia reciente. Para ello el texto se divide en dos partes: en la primera se expone una síntesis crítica de la literatura que analizó los procesos de transición desde regímenes autoritarios a democráticos; y la segunda presenta la forma en que los analistas han interpretado los regímenes democráticos existentes en la región. Se desarrollan tres apartados que abordan con brevedad los siguientes temas: cómo se han calificado este tipo de democracias; cuál es la relación que existe entre la naturaleza de los regímenes y el Estado de derecho y, finalmente, el estado de la discusión sobre la "calidad de la democracia". En este último apartado se hace hincapié en la disyuntiva que supone para los analistas estudiar el tema de la democracia a través de una perspectiva empírica o normativa.
Palabras clave: América Latina, democracia, Estado de derecho, gobernabilidad, transición
Elaborar un texto sobre cómo se han interpretado la "democracia" y los regímenes democráticos en la historia reciente de América Latina es una tarea bastante compleja, y ello no sólo es debido a la amplitud geográfica y demográfica de la región, sino también porque se trata de un subcontinente profundamente diverso en sus múltiples dimensiones -en su realidad política, social, cultural, lingüística, étnica y económica entre y en cada uno de los países- y de un tema que despierta interpretaciones encontradas.
El texto que aquí se presenta tiene una pretensión panorámica con el objetivo de hacer una revisión de cómo se ha interpretado la restauración (o llegada en algunos casos) de regímenes democráticos en la región desde los procesos de transición hasta la fecha. Para ello el artículo empieza exponiendo la forma en que se interpretó la quiebra de las dictaduras y las transiciones hacia regímenes poliárquicos, haciendo hincapié en la hegemonía que tuvo durante la década de los ochenta e inicios de los noventa la literatura de la "transitología" en detrimento de otras interpretaciones más estructuralistas. Posteriormente, se hace un repaso de cómo los teóricos han interpretado las "democracias realmente existentes", a sabiendas de que los regímenes resultantes de los procesos de transición distaban de ser sistemas políticos semejantes a las poliarquías presentes en el cuadrante noroccidental del planeta. En este apartado se trata, en primer lugar, el debate de las llamadas "democracias con adjetivos" y, en segundo lugar, se señala la reflexión que éstas dieron lugar, a saber, el tema de la reforma de justicia en el marco del Estado de derecho y la reflexión sobre la calidad de la democracia. Finalmente, se hace referencia a las percepciones que los ciudadanos tienen de los regímenes en cuestión y, con ello, se pretende señalar los encuentros y discrepancias entre los que viven en los regímenes democráticos y quienes pretenden analizarlos.
LA FORMA EN QUE LLEGARON (?) (Y SE INTERPRETARON) LOS REGÍMENES DEMOCRÁTICOS
Los procesos de transición desde regímenes autoritarios que irrumpieron en América Latina a partir de la década de los ochenta del siglo pasado no sólo supusieron uno de los fenómenos históricos más relevantes de la historia inmediata, sino que también estimularon nuevamente el interés teórico alrededor de la temática del cambio político, a la vez que pusieron en cuestión buena parte del corpus teórico elaborado hasta la fecha sobre el mismo tema, es decir, las teorías de la modernización y de la dependencia (Martí, 2000). Efectivamente, las teorías de la modernización (ya fueran culturalistas o productivistas) y la teoría de la dependencia, que habían diseñado un aparato analítico de carácter holístico y en cierta medida determinista sobre el cambio político, salieron mal paradas. Si bien cada una de las escuelas había elaborado un modelo interpretativo que ponía énfasis en variables de diferente naturaleza -tangibles (como el crecimiento económico o los patrones de acumulación) e intangibles (como los valores, las actitudes o el desarrollo histórico)-, sus visiones omnicomprensivas no previeron las profundas transformaciones políticas que se produjeron durante el último cuarto del siglo XX.  Por ello, cuando la mayoría de países del subcontinente transitaron hacia regímenes democráticos (sin observarse cambio alguno en los factores que las teorías precedentes habían considerado determinantes, como era la cultura política [ 1 ] , el desarrollo económico  o su forma de inserción en el sistema internacional [ 2 ] , estas teorías se vieron sometidas a una profunda revisión. A resultas de ello, las estrategias de investigación utilizadas hasta entonces para el estudio de las transformaciones de los regímenes políticos hacia la democracia -centradas en condiciones objetivas- fueron reemplazadas por otras que enfatizaban la voluntad de los actores políticos.
En este sentido, a la pregunta formulada por Rustow (1970) de: "¿Qué condiciones hacen posible la democracia, y cuáles la hacen florecer?", los nuevos trabajos respondieron: "los cálculos estratégicos de los actores". Así, los esfuerzos intelectuales se trasladaron desde la búsqueda de requisitos que tenían que inducir a la democracia hacia el estudio de los cálculos estratégicos, los patrones secuenciales y las opciones contingentes que se presentan en los procesos de transición de un tipo de régimen a otro, particularmente en condiciones de no violencia, cambio gradual y continuidad social. Basándose en el trabajo seminal de O'Donnell, Schmitter y Whitehead (1986) sobre el cambio político "desde regímenes autoritarios hacia democracias liberales", se interpretó como un proceso histórico acotado en el tiempo en el que se podían distinguir tres fases -transición, consolidación, persistencia-;éstas eran analíticamente distintas aunque empíricamente superpuestas. A partir de esta premisa, muchos analistas centraron sus esfuerzos en ver cómo diversos actores entraban en escena e interactuaban en función de sus preferencias, cálculos, recursos y horizontes de temporalidad.
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NOTAS
  • [ 1 ]

    En cuanto a la cultura política, es difícil pensar que la experiencia de regímenes autoritarios, con un fuerte componente represor y desmovilizador, supusiera un espacio en el que floreciera la "cultura cívica". Efectivamente, la gran mayoría de regímenes que se desmoronaron tenían como característica su desmesurada represividad, así como su naturaleza terrorista y clandestina. En este sentido, muchos de ellos supusieron, en el sentido político, una cierta venganza histórica contra la anterior movilización "plebeya" y "populista" que desbordó los frágiles márgenes institucionales de los sistemas preautoritarios. Así, el sistemático, continuado y profundo intento del Gobierno de penetrar capilarmente en la sociedad para implantar orden y autoridad despojó a sus habitantes -si alguna vez la habían tenido- de la condición de ciudadanos. En ese marco no hubo sólo un Gobierno extremadamente despótico, sino que también convirtieron a la sociedad en un entorno acusadamente autoritario.

  • [ 2 ]

    Respecto al crecimiento económico y la supuesta emergencia y consolidación de una nueva clase media emprendedora y modernizadora, vale decir que el período en que se llevaron a cabo los procesos de transición estuvieron marcados por contextos económicos de profunda depresión, caracterizada por una precarización acelerada de la ya de por sí frágil clase media de esos países. Uno de los indicadores más significativos de este proceso fue, sin duda, la amenaza del Gobierno mexicano, en agosto de 1982, de no cumplir el pago de su deuda. Ante ello, el flujo neto de préstamos bancarios para la región se detuvo en seco, y la transferencia neta de recursos del Tercer Mundo pronto se volvió negativa. Al reducir el flujo de nuevos capitales los países no sólo se vieron obligados reducir sus importaciones y a aumentar con rapidez la exportaciones, sino a ofrecer incentivos de precio para que la oferta pasara del mercado interno al mundial, y a reducir la intervención del Estado en la economía y a suprimir buena parte de los servicios hasta entonces prestados, residualizando los programas de bienestar. A medio plazo, el impacto de estas políticas (si bien resultaron algo satisfactorias a escala macroeconómica) supusieron un incremento notable de la polarización del ingreso y la erosión de los sectores medios. Así las cosas, los años previos a los procesos de transición no emularon, en ninguno de los casos, al paisaje requerido por las teorías de la modernización. Por otro lado, a escala internacional, la crisis y transformación de las dictaduras no fue producto de la ruptura de la lógica "centro-periférica" que, según los dependentistas, condenaba a los países de la "periferia" a estar regidos por sistemas dependientes y autoritarios. Contrariamente a ello, justo a partir de la crisis de la deuda y el subsiguiente abandono de los modelos de desarrollo "hacia adentro" se iniciaron procesos de profunda integración de las economías del tercer mundo en el mercado internacional, abriendo sus economías y adoptando agendas de ajuste económico elaboradas por entidades financieras internacionales -dando paso así a las políticas del "consenso de Washington".


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