RESUMEN
Una de las aspiraciones de los fundadores de la Unión Europea fue la unidad del continente europeo. Tras el fin de los regímenes de tipo soviético a finales de los ochenta, la maquinaria institucional se puso a funcionar. Sin embargo, este proceso se fue dilatando por distintas razones: por un lado, se comenzó a plantear la cuestión de la profundización institucional y construcción política de la Unión ya existente; por otro, los flujos migratorios procedentes de los países del Sur y del Este se intensificaron. Todo ello hizo que la incorporación de los países de Europa del Este se fuera alargando durante años. A medida que pasaba el tiempo, la incredulidad en estos países también crecía, al tiempo que veían cómo las desi gualdades con sus vecinos occidentales se hacían cada vez más evidentes. Así, los flujos migratorios económicos procedentes de estos países se dirigieron hacia la UE de manera cada vez más intensa, mientras las negociaciones de la UE con los países de origen de estos migrantes continuaban. El proceso de ampliación comunitaria hacia la Europa del Este se ha realizado en dos fases: la primera, en mayo de 2004, incluyó, además de a Chipre y Malta, a Hungría, Eslovaquia, Eslovenia, República Checa, Estonia, Letonia, Lituania y Polonia, y la segunda, sólo a Rumania y Bulgaria. En este trabajo se abordan dos cuestiones básicas para iniciar el análisis de los diferentes colectivos procedentes de Europa Central y Oriental presentes en España: las dos moratorias a la libre circulación de personas impuestas tanto en 2004 como en 2007 y sus nefastas consecuencias, así como las características de estos flujos (cuándo llegaron y por qué).
Palabras clave: Unión Europea, España, inmigración, Europa del Este, Europa Central, ampliación
Nos encontramos cerca del vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín y, por tanto, del fin de los regímenes de tipo soviético. Durante estos veinte años, desde el ámbito académico, se han analizado los procesos de transformación y cambio políticos, económicos, sociales y culturales que se han ido sucediendo en los denominados, por algunos, países del Este, por otros, países de la Europa Central y Oriental, o países de órbita soviética o de capitalismo de Estado. Sea como fuere, a pesar de que el fin del mundo bipolar ha traído muchos cambios, que pasan desde el ámbito local y micro hasta el global y macro, no ha sido hasta fechas muy recientes cuando se han comenzado a estudiar, en Europa y en España, los flujos migratorios procedentes de esa otra Europa , así como a vincular a estos con sus países de procedencia y, por ende, a analizar las causas de su salida y las razones de su llegada.
Efectivamente, en Europa, en la Europa del Centro y del Norte, la recepción de los flujos migratorios procedentes del Este ya había comenzado décadas atrás y mucho antes del año 1989. Así, el 60% de los inmigrantes procedentes del Este hasta fechas recientes tenían como destino Alemania. Sin embargo, desde finales de la década pasada se han abierto dos nuevos puntos de llegada, Italia y España, o lo que es lo mismo, la Europa del Sur. Las razones son sencillas: crecimiento económico y fácil acceso al mercado de trabajo, si bien de manera sumergida.
El trabajo que aquí presentamos se estructura en torno a dos bloques. Por un lado, el impacto que han tenido las dos ampliaciones llevadas a cabo por la UE en las que países de la antigua órbita soviética han estado afectados; y por otro, cuáles han sido los colectivos nacionales que han tenido como destino España durante los últimos años y qué características poseen.
EL PROCESO DE AMPLIACIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA HACIA LA EUROPA DEL ESTE Y LOS FLUJOS MIGRATORIOS
La Unión Europea se enfrentó al proceso de ampliación hacia la Europa del Este de manera diferente a lo que había acontecido en anteriores ampliaciones. El contexto geopolítico y social de estos países les otorgaba la categoría de "los otros". La cuestión de una nueva reconstrucción de Europa, en la que entrasen ya todos los países considerados como tales, se comenzó a plantear tras la caída del muro de Berlín, la posterior unificación alemana y la disolución de las antiguas federaciones socialistas. Las guerras que asolaron los Balcanes durante la década de los noventa del siglo pasado fueron las que despertaron, de manera brusca, la conciencia de Europa y, sobre todo, de los europeos del momento.
En aquellos años, los países de la Europa Central y del Norte comenzaron a recibir grandes cantidades de personas que huían de los conflictos y que se asentaron en esos países en calidad de asilados y refugiados. A ellos se unían de manera paulatina otras personas procedentes de antiguos países de la órbita soviética cuyas razones eran meramente de índole económica. Si bien antes de la década de los noventa este tipo de flujos ya había hecho su aparición, en aquel momento se intensificaron de manera muy significativa (Chesnais, 1992).
Los continuos aplazamientos en el proceso de negociación de la ampliación hicieron que esos flujos fueran tomando un mayor calado. Además, el proceso de transformación de economías y sociedades puesto en marcha para poder converger con la UE-15 provocó, en los primeros momentos, un empobrecimiento de amplios sectores de la población y un aumento considerable de las desi gualdades, todo ello unido a unos importantes costes sociales que se materializaron en el desmantelamiento de los programas de cobertura social que existían durante la época anterior y que, aunque ya estaban muy degradados y burocratizados, todavía podían cumplir su función (Ferrero, 2005). A esto hay que añadir que, debido a la reorganización del mercado de trabajo para poder homologarlo a los criterios exigidos por las instituciones comunitarias, había tenido lugar un importante incremento del desempleo, un descenso en la tasa de participación de mujeres en el mismo, y una notable precarización de los contratos, así como la reducción de los salarios mínimos.
A lo anterior habría que añadir la disminución del papel del Estado y del sector social público, junto con la liberalización de los mercados de trabajo. La consecuencia directa fue la entrada de los grandes intereses económicos europeos asociados al capitalismo de baja intensidad, que provocaron importantes relocalizaciones de oeste a este, allí donde el control y la supervisión institucional es mínima (Ferrero, 2005). Todo ello ha provocado que las reformas que se han producido en estos países durante más de una década vayan quedando vinculadas, progresivamente, a intereses corporativos de empresas y organizaciones económicas, los grandes beneficiados de los cambios, hecho que ha producido una mayor exclusión social y un efecto salida como consecuencia inevitable de las políticas del libre mercado. Este sería el contexto con el que nos encontramos en los países de la Europa del Este, ahora integrados en la UE. Pero , ¿cuál era la posición de la UE-15 respecto a dichos países?