Pero la biblioteca 2.0 no debería limitarse tan sólo a los contenidos propios de la propia biblioteca. Si las bibliotecas son puntos de acceso a la cultura, porqué no deberían ser las encargadas de empequeñecer la Brecha Digital , porqué no comentar otros sitios web, porqué no fomentar la creación y uso de bitácoras en las que los usuarios comenten las nuevas adquisiciones del centro, porqué no publicitar las actividades que se hacen dentro de la biblioteca por otras vías que no sean los típicos tablones de anuncios y folletos, porqué no realizar cursos de introducción a Internet y uso de herramientas informáticas y ofimáticas, etc.
Las bibliotecas, al igual que la industria de la cultura, se encaminan hacia un futuro impresionante lleno de posibilidades, de nuevos caminos a tomar, en el que los conocimientos que posea y ponga a disposición de sus usuarios serán vitales para sobrevivir en el maremagno de nuevos contenidos libres que se crean tanto por parte de los usuarios como por otras instituciones que son accesibles en la Red. El mundo red que Negroponte imaginaba a mediados de los años 90 está tan sólo a un paso y, como siempre, es tarea de los bibliotecarios facilitar, guiar y permitir el acceso a la cultura, a las nuevas herramientas que se crean para compartir la información y a las nuevas formas de vivir el libro. Es ahora, tal vez más que nunca, cuando el bibliotecario debe poner todo su interés en observar y adaptarse a los cambios que se están produciendo ante la digitalización, sus repercusiones y su futuro, puesto que sus usuarios ya lo están haciendo. La posibilidad de que el turno de conversión de átomos en bits del libro ya haya llegado está cada vez más próxima.