Por lo tanto, partimos de un escenario en el que la digitalización de obras, la posibilidad de su acceso de una forma sencilla, libre y gratuita, se viene realizando desde casi los inicios de la Red, pero al contrario de otros soportes culturales, formatos audiovisuales, artículos de prensa o los científicos; el libro no ha sido capaz de dar un salto decisivo hacia su conversión en bits. Una de las razones que se esgrimen es que el libro es uno de los formatos más usables que jamás hemos diseñado, está tan enraizado dentro de nuestra cultura que la sola idea de su lectura a través de un ordenador se nos antoja incómoda, puesto que perdemos el propio concepto de libro. Esto es relativamente cierto, con la digitalización del libro se da un paso hacia atrás puesto que volvemos a la lectura tipo rollo , así disponemos de tenemos una página enorme y continua para leer, aunque sólo tenemos acceso a una parte de ella en nuestra pantalla por lo que debemos ir hacia arriba o hacia abajo para poder consultarla completamente. Como podemos imaginar, esto es un lastre para una lectura cómoda de cualquier texto.
Mientras tanto la falta de portabilidad y sencillez de uso de los dispositivos de libros electrónicos que existen es otro de los aspectos a mejorar. Obviamente, no es lo mismo transportar un aparato para la reproducción de música que otro para la lectura. Este último debe, por necesidad, tener ciertas dimensiones para facilitar la lectura y sus características técnicas deben de ser extremadamente cuidadas. En cualquier caso, y a pesar del avance que se ha realizado en el desarrollo del denominado papel electrónico (e-paper) y el desarrollo de nuevos y mejorados dispositivos para la lectura y uso de libros electrónicos, el salto del papel al libro no se ha producido de una forma decisiva a pesar de los reiterados intentos de distintas firmas tecnológicas. El panorama ante el que nos encontramos nos indica que actualmente el libro todavía no está preparado para avanzar hacia su consumo masivo en forma de bits, aunque algunas empresas se están preparando para cuando esto suceda.
El proyecto de digitalización de Google
Como hemos señalado anteriormente, los proyectos de digitalización de contenidos puestos en marcha hasta noviembre de 2005 eran relativamente modestos. El principal proyecto de digitalización de obras libres de derechos inglés, el Proyecto Gutenberg , sólo dispone de 17.000 obras, mientras que nuestro ejemplo más cercano, la Biblioteca Virtual Cervantes , sólo dispone de 23.500. Que una empresa anunciase que se disponía a digitalizar 10 millones de documentos en el plazo de diez años, mientras aseguraba que iba a ponerlos a disposición de los internautas para su libre acceso debería impresionarnos a todos, pero alarmar a editoriales y a la clase política.
El proyecto inicial de Google de creación de una inmensa biblioteca digital, denominada Google Book Search , a partir de los fondos librarios exentos de derechos de las universidades de Michigan, Stanford, Harvard, Oxford y la biblioteca pública de Nueva York no debería extrañarnos si tenemos presente la concepción misma del buscador. Tal y como reza una de las filosofías, a parte del famoso No seas malo , pasa por tratar de organizar la información mundial y hacerla universalmente accesible y útil . Evidentemente, el volcado de 10 millones de volúmenes de una forma libre y gratuita supone el torpedeo a una de las líneas de flotación del negocio de las empresas editoras, además de que no se desconoce de qué forma se va a rentabilizar el proyecto cuyo coste asciende a una media de 12 dólares por digitalización de documento, la multiplicación es sencilla.
Las reacciones no se hicieron esperar y las editoriales norteamericanas y europeas decidieron denunciar a Google en los tribunales por violación de la propiedad intelectual. Sin embargo, y a pesar de que con estas acciones congelaron durante unos meses el proyecto, no consiguieron detenerlo puesto que las tareas de digitalización se reanudaron, además de producirse un goteo de nuevas incorporaciones al proyecto como los de universidades de Priceton o la Complutense de Madrid.
Es esencial señalar que la competencia del buscador también ha decidido mover ficha en cuanto el volcado de contenidos en Internet. Así el buscador Yahoo! anunció, poco después de la presentación del proyecto de Google, su alianza con Archive.org para lanzar la creación de una biblioteca de una envergadura similar con la colaboración de empresas de tecnología como HP, Adobe y Microsoft. Este proyecto tiene la denominación de Open Content Alliance , mientras que paralelamente Microsoft ha anunciado un acuerdo con la Biblioteca Británica para la digitalización de 10.000 libros como experiencia piloto con una inversión inicial de 2'5 millones de dólares, aunque la intención de ambas partes es que el acuerdo se prolongue a largo plazo.
Por otro lado, es interesante realizar un inciso sobre los derechos de reproducción de las obras digitalizadas que aunque se ofrezcan gratuitamente en Internet tienen derechos. Muchas bibliotecas están realizando de motu propio tareas de digitalización y difusión de sus fondos. A pesar de que sus contenidos están libres de derechos de propiedad intelectual, el escaneo de estas obras genera nuevos derechos de reproducción, por lo que si la biblioteca no lo desea puede impedir que se comercialicen o distribuyan esos documentos digitalizados sin su consentimiento. Es decir, una editorial no podría revender lib reme nte una obra digitalizada sin un acuerdo previo con la biblioteca si ésta decide mantener ciertos derechos sobre la reproducción.
Lo mismo podría decirse de las tareas de digitalización de los grandes buscadores de Internet, las obras se ponen a disposición de los internautas aunque si se quieren comercializar a través de otras vías se debería llegar a un acuerdo por los derechos de reproducción. Un negocio que puede llegar a ser bastante suculento en el mundo digital en el que los costes de almacenamiento y distribución son mínimos.
Mientras tanto, otro de los frentes que se abrieron ante estos proyectos de digitalización masiva, se produjo fundamentalmente en Europa. El presidente de Francia, Jacques Chirac, anunció la puesta en marcha de un proyecto de digitalización de obras de la Biblioteca Nacional de Francia para contrarrestar la masiva presencia de documentos en lengua inglesa que el proyecto de Google iba a liberar en la Red. A este proyecto, posteriormente, se le añadieron otros países de la Unión Europea para la constitución de una biblioteca digital europea que se alimentaría de los fondos de las distintas bibliotecas nacionales agregadas al proyecto. A pesar de que la propuesta todavía se encuentra de fase de estudio, parece que avanza decididamente hacia su constitución definitiva denominándose Europeana .
Las ventas en papel de las obras digitalizadas